𝐄𝐥 𝐩𝐞́𝐧𝐝𝐮𝐥𝐨 𝐲 𝐞𝐥 𝐭𝐢𝐭𝐢𝐫𝐢𝐭𝐞𝐫𝐨
René Fuchslocher Raddatz Las elecciones de medio término en Estados Unidos funcionan, desde hace más de un siglo, como un examen al gobierno de turno, y casi siempre lo reprueban. Esta vez el oficialismo llegó con un discurso de restauración: precios más bajos, fronteras ordenadas, fábricas de vuelta y el fin de las guerras ajenas. Lo esperaba un electorado que revisa la boleta del combustible antes que los discursos. La primera lección para Chile es casi doméstica: el votante perdona la ideología, pero no el bolsillo. Ningún relato épico resiste un litro de diésel más caro. Quien gobierna prometiendo alivio inmediato firma un pagaré a dos años, y el acreedor no acepta excusas geopolíticas. La segunda es que la política exterior no es un lujo de cancillerías. Cada aventura lejana se paga en la bomba de bencina de Ohio, y también en la de Llanquihue. Una economía pequeña y abierta como la nuestra importa la inflación de decisiones que otros toman en Washington, Tel Aviv o Teherán. Prude...