Bloqueos marítimos

Andrea Marcigliano
https://electomagazine.it/blocchi-marittimi/
Kallas no se desmiente. Anuncia, regocijándose triunfante,
que la UE ha "autorizado" el bloqueo y la incautación de los buques
mercantes rusos, o sospechosos de transportar mercancías rusas, en todo el
Mediterráneo.
"Autorizado". Sin embargo, no se dice en virtud de
qué derecho o sobre qué bases jurídicas. Ni, por otro lado, parece preocuparle
esto a Kallas. Su interpretación del papel de "ministra de Asuntos
Exteriores" de la, fantasmagórica, Unión Europea deja, como mínimo,
perplejos.
Porque, en lugar de buscar soluciones diplomáticas a los
conflictos, la amable señora parece empujar, con todas sus —en verdad escasas—
energías, en dirección a la guerra.
Sin embargo, esto importa realmente poco. Al igual que
Kallas, con sus ardores belicistas, importa poco o nada en la escena
internacional.
Lo que aquí nos interesa es el llamado "bloqueo
naval" antirruso en sí mismo.
Suponiendo, y no concediendo, que realmente sea posible, ¿a
quién perjudicaría?
Seguramente a España, que está comprando declaradamente
petróleo y gas a Rusia, a precios enormemente inferiores a los que ofrecen los
Estados Unidos.
Y, después, a todos esos países mediterráneos que han vuelto
a importar desde Rusia, quizás a escondidas, desafiando los bloqueos impuestos
por Bruselas.
Moscú sufriría un daño relativo. También porque sus mercados
se han ampliado notablemente, volviéndose globales.
Hoy, gran parte de la producción rusa va a parar a China,
India y otros países del mundo.
El Kremlin puede observar con tranquila suficiencia el
bloqueo europeo.
También porque podrá seguir aprovechando las excelentes
relaciones con el mundo del Magreb. Proveerá a esos países de petróleo y
derivados, que luego serán exportados a Europa a precios notablemente mayores.
En realidad, sin embargo, el "bloqueo" anunciado
por la hipotética e impredecible dama estonia tiene un significado político
preciso. Un significado decididamente preocupante.
Es, sin rodeos, una verdadera declaración de guerra.
Porque bloquear las exportaciones desde Rusia significa,
sencillamente, entrar abiertamente en guerra con Moscú.
Y en el Kremlin lo saben muy bien.
Las recientes declaraciones de Lavrov son la prueba.
El Ministro de Asuntos Exteriores ruso, desde siempre el más
mesurado del establishment moscovita, ha dicho clara y abiertamente que, a
estas alturas, con Europa ya no hay ninguna posibilidad de diálogo o mediación
diplomática.
La palabra la tienen las armas.
Y lo ha dicho con rabia, ciertamente, pero también con un
velo de tristeza.
La frustración de quien, en estos meses, se ha esforzado
mucho por buscar una solución concertada a la crisis ucraniana.
Topándose con la obstinada voluntad de guerra de Londres y
Bruselas.
Así que, la alegre cigarra estonia puede regocijarse,
anunciando bloqueos navales fantásticos.
Nosotros, en cambio, debemos preocuparnos. Y mucho.
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