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Ren茅 Fuchslocher
Lula gan贸 la segunda vuelta en Brasil. Seg煤n el informe de DecideChile (https://www.decidechile.cl/politica/informe-decidebrasil-2v), la diferencia fue de 4,35 millones de votos, equivalente a 3,5 puntos porcentuales. Es un vuelco importante, porque tres semanas antes Fl谩vio Bolsonaro hab铆a ganado la primera vuelta, por delante del presidente.
Parto con una advertencia: la pol铆tica electoral se ha convertido en un espect谩culo y los resultados no son auditables por el ciudadano com煤n. En sistemas t茅cnicamente vulnerables y opacos para quien vota, esa desconfianza es leg铆tima y no debe ser ridiculizada.
Dicho eso, tampoco cabe descartar que el resultado tenga una explicaci贸n pol铆tica real, y que la derecha occidental deba mirarse al espejo.
La batalla se decidi贸 en el Sudeste brasile帽o, que concentra m谩s del 40% del electorado. A diferencia de 2022, cuando Bolsonaro tuvo amplia ventaja all铆, esta vez la disputa fue cabeza a cabeza. ¿Qu茅 cambi贸? Sospecho que muchos votantes, sin ser de izquierda, no quieren que su pa铆s termine convertido en pieza de la pol铆tica exterior de otro Estado.
Que nadie se confunda: Lula no es una alternativa soberanista. Su proyecto est谩 alineado con la agenda progresista global, la que impulsan organismos multilaterales y redes de fundaciones como la Open Society de George Soros: indigenismo de manual, agenda clim谩tica dictada desde afuera, ingenier铆a cultural y un Estado que se presenta como protector mientras cede soberan铆a a instancias internacionales.
Pero el bolsonarismo no supo ofrecer algo mejor. Hizo de su alianza con el gobierno de Netanyahu, con el sionismo evang茅lico y con Washington una bandera de identidad, y present贸 esa subordinaci贸n como si fuera patriotismo. Entre dos alineamientos externos, una parte del electorado decidi贸 que ninguno lo representaba plenamente, y eso basta para perder una elecci贸n estrecha.
Es una lecci贸n para Kast. Y la misma tensi贸n se ver谩 en Espa帽a, donde Vox ha seguido el mismo camino que Bolsonaro. No es casual que analistas como Pedro Ba帽os, a quien nadie puede acusar de progre, critiquen abiertamente ese alineamiento autom谩tico. La cr铆tica a esa dependencia no viene solo de un lado del espectro.
El binomio derecha-izquierda est谩 agotado; el eje que hoy ordena la pol铆tica es otro: soberan铆a versus globalismo. El problema es que el globalismo tiene dos caras. Una habla el lenguaje de Davos y de las fundaciones transnacionales. La otra se disfraza de patriota, pero responde a agendas de pol铆tica exterior ajenas que se presentan como defensa de “los valores judeocristianos”.
No puede llamarse patriota quien rinde pleites铆a a una potencia extranjera, sea Washington, Beijing, Mosc煤 o Tel Aviv. El patriotismo comienza por casa: por el inter茅s nacional, la autonom铆a estrat茅gica y la dignidad de no ser sat茅lite de nadie, y hay cada vez m谩s personas que lo est谩n entendiendo.
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