La Argentina más europea.

E. Ravello
Existe la
acertada idea de que Argentina es el país que más se parece a nosotros, o -lo
que es lo mismo- el país más europeo de América. No es una impresión, es una
realidad -en la que se incluye también a Uruguay-. Viajo frecuente mente al
país austral al que me unen profundos lazos de todo tipo, generalmente en esos
viajes visitaba la zona que se encuentra entre Buenos Aires y la llamada “Pampa
gringa”, en una ocasión visité Tucumán y en el último estuve en Córdoba ciudad
y la parte central de esa provincia
Esos viajes más las numeras lecturas sobre historia, cultura e identidad argentina me lleva a escribir este artículo -con la idea de convertirlo en algo más extenso en el futuro- sobre la realidad etno-demográfica de Argentina.
Volvamos a
la idea inicial “Argentina es el país más europeo de América”. Sin duda
-insistimos- pero no siempre fue así y pudo haberlo no sido. Como veremos en
estas líneas sin la llegada masiva de europeos entre 1890-1930, la fisonomía de
Argentina sería muy similar a la del actual Perú.
Durante la épica hispánica, la gran ciudad argentina fue Córdoba, fundada en 1573 por el español Jerónimo Luis de Cabrera. De Cabrera desobedeció las órdenes del virrey de Perú y fundó una ciudad a la que llamó Córdoba de la Nueva Andalucía, mucho más al sur de lo que éste le había ordenado, en pleno territorio de los indios comechingones. El valiente conquistador hispano se adentró en territorio todavía sin colonizar por la Corona y fundó una ciudad según los patrones castellanos de la época, una gran plaza donde estuvieran presente el poder político (cabildo) y religioso (catedral). La ciudad merece visitarse solo por ver la riqueza de esta herencia hispánica, un lugar especial me pareció la casa del marqués de Sobre Monte. El edificio, en pleno centro urbano, conserva el típico patio central con habitaciones alrededor tan común en Andalucía y que es la herencia directa de la domus romana; también es esto España fue la transmisora de Roma a América.
Hoy Córdoba mantiene -como ninguna otra ciudad argentina- una huella hispánica impresionantes, visible en su monumental y riquísima arquitectura. La ciudad conserva el apelativo de “la docta” por ser ahí donde se fundó la primera universidad el País. También mantiene una demografía clara, una gran mayoría de población indígena y mestiza, con una capa de población blanca. Como nos decía un profesor de historia, Córdoba ha mantenido la estructura de sociedad de castas que fue la realidad etno-demográfica de la América hispánica. Hasta allí ciudad de Argentina no llegó la corriente migratoria europea del XIX-XX. Nos atrevemos a decir con certeza que esa realidad etno-demográfica de la capital cordobesa sería la que tendría el conjunto del país de no haber existido ese flujo europeo posterior.
Esa misma realidad se ve en las ciudades más al noroeste como Salta, donde el componente indígena es mucho mayor que en Córdoba y Tucumán, ciudad donde se declaró la independencia de Argentina.
La huella
hispánica en esas zonas es la herencia de la acción conquistadora y
civilizadores de los españoles llegados a esas latitudes desde el siglo XVI. A
ese elemento lo denominamos con su correcto nombre: criollos que significa
precisamente españoles nacidos en América
Buenos Aires
-Santa María del Buen Ayre- fue fundado provisionalmente en 1536 por Pedro de
Mendoza y definitivamente en 1580 por Juan de Garay- era un pequeño puerto.
Fundada en la lógica hispánica de defensa del litoral fluvial del Paraná-Río de
la Plata, desde el centro geo-histórico de Asunción del Paraguay, creando un
eje defensivo contra portugueses y británicos: Asunción- Buenos
Aires-Montevideo. La ciudad porteña fue creciendo, con la independencia del
país y tras el enfrentamiento entre unionista y federales se convirtió en el
centro político de la nueva realidad política independiente. La República Argentina.
Como estado
independiente, Argentina -gobernada por una elite de origen criollo- se lanzó a
una gran expansión territorial cuyo episodio principal fue la llamada conquista
del desierto encabeza por el general Roca. La conquista del desierto permitió a
la naciente Argentina tener un extenso territorio sobre el que ejercer su
soberanía, falta solucionar otro problema básico: la falta de población –
problema aún hoy vigente, Argentina podría albergar aún 200 millones de
personas más-. Fueron dos presidentes argentinos de origen criollos: el
destacado político Juan Bautista Alberdi y los presidentes Nicolás Avellaneda y
Domingo Sarmiento quienes vieron la necesidad de rellenar este vacío
demográfico –ahí están los testimonios históricos- y que para que Argentina se
convirtiese en el gran país que ellos tenían proyectado, esa inmigración
debería ser europeo. Así comenzó la llegada masiva de europeos que cambió para
siempre la fisonomía y la realidad de Argentina.
Entre
1880-1930 llegaron más de 7 millones de europeos a un país que en 1895 tenía 4
millones de habitantes, oleada de inmigración europea que continuo
prácticamente hasta 1960, aunque con cifras algo menores. Obviamente estas
cifran demográficas explican perfectamente el profundo cambio que se produjo en
la sociedad, la cultura, la fisonomía, la arquitectura y la identidad argentina.
La Argentina que hoy conocemos es en
gran parte la construida por esta emigración europea en un marco estatal creado
por la población criolla de origen también hispano-europeo.
Por
nacionalidades el principal grupo fueron los italianos con un 59%, el segundo
los españoles con un 40% -son los llamados “gallegos” a diferencia de los
“criollos” -también de origen español pero muy anterior- a los que sumar otros
de diversos orígenes europeos: franceses, alemanes, irlandeses, ingleses,
escoceses, ucranianos, galeses polacos, suizo, escandinavos y hacemos mención a
la llegada de bóers desde Sudáfrica, tras su la guerra anglo-bóer. Después de
1945 fueron importantes los contingentes de alemanes –que también tuvieron
presencia antes de esa fecha- y croatas
Para llamar
a este contingente europeo vamos a usar el término que generalmente se usa en
Argentina, aunque el significado es difuso, nos referimos a la palabra:
“gringo”. Si bien criollo es un término claramente definido, “gringo” es un
término de uso popular cuyo significado ha ido cambiando. En un primer momento
se refería a los inmigrantes italianos, especialmente a los italianos del norte
(para los italianos del sur se usaba “tanos”). Posteriormente se fue ampliando
para engloba no solo a todos los italianos sino a todos los europeos de origen
no español, pero realmente en el término están englobado también los españoles
que formaron parte de esa corriente migratoria (los “gallegos”). Con lo que
tenemos dos grupos de población blanca en Argentina: los “criollos”, españoles
llegados a partir del XVI, y el mucho más amplio de “gringos”, los europeos que
llegaron en el XIX-XX.
Este aluvión demográfico europeo entró por el puerto de Buenos Aires –los argentinos de los barcos- y rápidamente, convirtió a la capital porteña en una ciudad de con fisonomía europea, conocida a principios del siglo pasado como la París del Sur, y que en realidad es una es como una simbiosis con acusada personalidad propia de París, Madrid, Roma. Génova y edificios que recuerdan a la Italia renacentista. Siendo brillantemente definida por nuestro querido poeta euro-argentina, Juan Pablo Vitali, que bautizó a la ciudad porteña como “la capital de los Blancos del Sur”.
Esa gran inmigración europea se extendió por la provincia de Santa Fe, hoy la fisonomía de la población de sus dos ciudades más importantes: Rosario y la capital Santa Fe, o localidad como Rafaela nos lo hacen presente. Y, se extendió por toda la Pampa Gringa, si tuviéramos que poner en límite geográfico concreto a esta expansión nos atreveríamos a señalar a la localidad de Villa María (provincia de Córdoba). No hay más que visitar pueblos como Marcos Juárez (Pampa Gringa- Sur de Córdoba) y sentarse en un café para observas las mismas caras que uno ver por Turín.
Así el gran núcleo de población europea estaría entre Buenos Aires y Villa María, siendo la zona en la que se concentra 2/3 de la población total del país.
Tendríamos también
cuatro puntos geográficos que merecen atención especial:
Misiones, una provincia al noroeste del país limítrofe con Paraguay y Brasil, donde hay una gran población de origen italiano, escandinavo, suizo-alemán y polaco. Recientemente se ha hecho famosa Maribel Ivaciuta, nombrada de la reina de la fiesta local de la Mojarrita y de aspecto extremadamente nórdico, mismo caso que Azul Antolinez, "reina" de San Rafael.
Patagonia -que quedó plenamente incorporada
a Argentina tras la Campaña del desierto capitaneada por el gran general Roca- está
poblada por algunos restos de población indígenas y por los pocos europeos que
se han ido instalando allí –es un territorio muy escasamente poblado-.
Destacando los galeses de Puerto Madryn, que han logrado conservar su identidad
y cultura, lo que hace que Argentina sea hoy el tercer país del mundo con más
hablantes de galés, tras el Reino Unido y Australia.
La ciudad de Mendoza presenta algunas características propias. Incorporada al Virreinato de la Plata en 1776, pero desde su fundación en 1561 había sido parte de Chile, con la que las familias criollas mendocinas tienen ese origen. Por su situación geográfica está lejos de la zona de llegada de población europeo, pero el enorme desarrollo ferroviario que tuvo la zona a finales del XIX y principios del XX hizo que muchos italianos y españoles se asentaran allí.
La sierra de Córdoba. Si hemos hablado del sur de esta provincia como parte de la Pampa gringa y de la ciudad como ejemplo de ciudad de fundación criolla y población mayoritariamente indígena –como en el resto centro-norte de la provincia- la “sierra cordobesa” es una realidad demográfica muy diferente. Allí tenemos pueblos de fuerte impronta británica como La Cumbre y otros -más numerosos y conocidos- de fundación alemana entre los que se pueden destacar La Cumbrecita y Villa General Belgrano, tuve la oportunidad de visitar estas dos localidades el pasado mes de noviembre, coincidiendo con la celebración del Oktoberfest en General Belgrano –donde se refugió la tripulación del buque de guerra Graaf Spee-, el ambiente, la gente y la fiesta eran los típicos de cualquier pueblo alemán.
Esta
realidad histórico, demográfica, cultural e identitaria convierte a Argentina
–el gran actor geopolítico de América del Sur- en un país clave con oportunidad
única de establecer relaciones preferenciales con Europa por una doble vía: su
herencia histórico y cultura criolla que le une a España y su herencia
identitaria y demográfica “gringa” que la vincula a varios países europeos con
Italia a la cabeza, pero con Alemania, Polonia, Ucrania, Países Bajos e
Irlanda, e incluso Reino Unido como estados europeos a los que la cancillería
argentina debería dar un trato especial en consideración a la composición de la
población. Hoy en un mundo donde se pretenden excluir a Europa y a América del
Sur como actores geopolíticos, esta potencialidad argentina sería doblemente
valiosa.





















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