"El cuerpo humano y la danza" – Un ensayo de Walter F. Otto



por Giovanni Sessa

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Otto, filólogo e historiador de las religiones, fue un intelectual destacado del siglo XX. De sus obras se desprende un interés predominante por la religiosidad griega. El estudioso identificó en el espíritu religioso helénico un núcleo vital, teórico y existencial a la vez, al cual mirar para sustraerse al dominio del Ge-stell, el dispositivo de la tecno-ciencia. Así lo atestigua, de manera evidente, la primera edición en lengua italiana de un volumen sintético pero densísimo del alemán,

El cuerpo humano y la danza, disponible en las librerías de la editorial Lindau. La excelente traducción y edición del volumen se deben a Giovanni Pirari. Este, en el amplio ensayo introductorio, ofrece al lector las coordenadas adecuadas para acceder de manera provechosa al trabajo original del pensador.

La primera edición del volumen salió en Darmstadt en 1955, precedida por un agradecimiento a Elisabeth Duncan, hermana de Isadora, bailarina de renombre y esposa del poeta Esenin. Elisabeth había fundado una escuela coreográfica inspirada en una paideia integral, que consideraba espíritu y cuerpo como expresiones de una misma realidad. La referencia a la bailarina fue eliminada en la edición de 1956, que ahora se traduce a nuestra lengua.

El hombre danzante es libre del vínculo finalista-utilitarista instituido por las visiones logocéntricas

La danza es para Otto un instrumento esencial para la exégesis de la cultura helénica. No se trata, cabe señalar, de un tratado técnico, meramente coreográfico, sino de un enfoque inusual que ve en el acto de danzar la «posibilidad del hombre de ser auténticamente sí mismo y de conocerse en sus potencialidades innatas y primigenias» (p. 19), comenta el editor. La danza escenifica la autopresentación natural de la forma humana, ya que ésta está inscrita desde siempre en nuestra naturaleza: «lista para surgir cuando el hombre encuentra el mundo y el espacio con confianza y espontaneidad» (pp. 18-19).

El hombre danzante es libre del vínculo finalista-utilitarista instituido por las visiones logocéntricas y, por ello, experimenta la dimensión divina y lúdica de la realidad. Los dioses, en efecto, según el alemán, fueron experimentados en Grecia como potencias existentes, que se dan en la physis-mixis, en la naturaleza relacional órfica en la que “Todo está en Todo”. Ellos no aspiraban a consolar de los males de la vida: eran otra cosa diferente al hombre, pero cercanos y presentes en sus vidas, pues «su ser revelaba la luminosidad y la eternidad de la vida, por encima del devenir de los destinos individuales» (pp. 15-16).

La crítica moderna ha mirado al mundo griego con lentes distorsionantes, como bien supo también Bachofen, introducidas por el monoteísmo soteriológico cristiano y la razón ilustrada. Los dioses, desde entonces, fueron reducidos a «figuras misteriosas […] con las que la fantasía jugaba de manera más o menos seria» (p. 14). Expresiones primitivas que el espíritu religioso posterior alejó del mundo, volviendo la naturaleza desolada.

El hombre danzante se descubre parte de un todo viviente

En contraste con la exégesis cristiano-moderna, pero sin caer en ninguna revuelta contra el mundo moderno, en este ágil volumen Otto vuelve a sintonizar con la gratuidad del ser. El discurso del estudioso es expresión del lógos physikós, del pensamiento de la naturaleza divina. La danza pone, ante todo, en jaque la dimensión agustiniana, interiorizante y antropocéntrica, del conocimiento.

Bailar es experimentum mundi: sólo la apertura hacia los entes que nos rodean hace posible la comprensión de la Totalidad de la vida, la “vicisitud universal” de memoria bruniana, en la que todo está implicado. Por ello, en cada acto entendido aristotélicamente, rige siempre el mismo principio, el principio infundado de la libertad-potencia, del que depende todo ex-sistere.

La referencia de Otto al tratado de Nicolás de Cusa, De visione Dei, no es en absoluto casual, recuerda Pirari. La filosofía del Renacimiento es, de hecho, un instrumento teórico destinado a convertir el subjetivismo agustiniano en algo ulterior: el encuentro con el asombro de la physis-mixis, en el que el hombre danzante, igual que Tales, se descubre «parte de un todo viviente» (p. 22).

Por lo demás, como recordó recientemente el filósofo-bailarín Romano Gasparotti, en la naturaleza todo danza. Danzan los planetas, las abejas, los pájaros y, naturalmente, los hombres. El hombre danzante griego vivía el encuentro con el ser divino de las cosas en los espacios naturales, afirmando su renovado acuerdo con el hic et nunc.

En la naturaleza, todo danza. Danzan los planetas, las abejas, los pájaros y, naturalmente, los hombres.

El rechazo de tal visión no sólo ha desertificado el mundo, sino que ha precipitado al hombre en la angustia existencial, resultado psicológico de la exaltación del progreso. Otto, en este sentido, parece recuperar la idea de la perspectiva invertida de Florenski. En ella, el hombre ya no es el centro aperceptivo alrededor del cual se construye el espacio, sino un momento de la vida universal que fluye, como el agua de manantial, de manera perpetua.

El estudioso alemán se apoya, para fundamentar su concepción del mundo y de la danza, en las tesis del biólogo Adolf Portmann, explicitando su contenido filosófico. Todas las funciones de la vida están, en esta perspectiva, subordinadas a la autopresentación de cualquier existencia. El mundo manifiesta «una misteriosa interioridad a través de la configuración fenoménica del individuo» (p. 33).

La naturaleza, dirá Colli, es expresión de un origen que se concede, que da señal de sí, sólo en los muchos. Cuando las formas vivientes se manifiestan al hombre, lo atrapan y capturan, obligándolo, en la acción poética, a corresponder a la acción de la physis. El hombre, al danzar, prosigue «la creación a través de su ser y su actuar» (p. 35). Los dioses, por lo demás, pidieron a Zeus, como recordó Píndaro, completar el mundo a través de la acción sacralizante de las Musas.

Nuestro cuerpo no es un límite, una frontera infranqueable, sino testimonio de la incorporación universal del principio, dynamis, en la physis-mixis. La danza de Otto nos dice, como Spinoza, acerca del carácter poroso de la naturaleza. La posición erguida del ser humano remite a la dimensión anagógica, implícita en nuestra corporalidad. Con los pies, como Anteo, extraemos fuerza de la Madre Tierra para elevarnos hacia la claridad celeste. Quien baila vive en el metaxu, suspendido y libre entre Tierra y Cielo, experimentando que en la vida los opuestos están siempre en uno, ambiguamente confundidos en las cosas.

El cuerpo humano y la danza es un libro de enorme relevancia. Sugiere a los hombres que, a través de la práctica de la danza, siempre es posible experimentar el origen.

FICHA DEL LIBRO

Título: Il corpo umano e la danza (= El cuerpo humano y la danza)

Autor: Walter F. Otto

Editor: Giovanni Pirari

Traducción: Giovanni Pirari

Editorial: Lindau

Colección: Piccola biblioteca

Año: 2025

Publicación: 28 de febrero de 2025

Páginas: 108

Formato: 11 × 17 cm

ISBN: 9791255842071

Precio: 14,00 €

PEDIR AQUÍ: https://www.lindau.it/Libri/Il-corpo-umano-e-la-danza


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