El nuevo rumbo de Estados Unidos: la revolución de las élites
https://www.pi-news.net/2024/11/amerikas-neuer-kurs-revolution-der-eliten/
Los republicanos como revolucionarios de las élites
El nuevo liderazgo republicano, encabezado por figuras como J.D. Vance y apoyado por influyentes magnates de la tecnología como Peter Thiel y Elon Musk, está dando la vuelta al equilibrio político. Thiel, cofundador de Palantir, cuya tecnología apoya a las fuerzas armadas ucranianas, y Musk, con su programa Starlink que permite las comunicaciones militares, simbolizan un movimiento que se ha dado en llamar «dinamismo americano». La idea subyacente es clara: hay que asegurar el liderazgo tecnológico de Estados Unidos mediante desarrollos avanzados de alta tecnología, garantizando así la seguridad nacional a largo plazo.
Elon Musk es considerado una pieza clave en la nueva estrategia republicana, entre otras cosas por su compra de la plataforma Twitter (ahora X). Al hacerse con el control de una de las plataformas de comunicación más influyentes del mundo, Musk dio a los republicanos una plataforma directa para sus ideas y a los partidarios de Donald Trump una vuelta al discurso político. La compra de X permitió a los republicanos difundir sus mensajes en un entorno considerado cada vez más libre de las restricciones y directrices de los medios de comunicación tradicionales, percibidos como más censurados entre los demócratas. De este modo, Musk no sólo ha influido en la política republicana a través de proyectos tecnológicos y militares, sino que también ha cambiado fundamentalmente la comunicación política y ha preparado el terreno para una victoria republicana.
«No se trata de una restauración conservadora», comenta un insider, “sino de una revolución tecnológica”. A diferencia de los demócratas, que persiguen un rejuvenecimiento prudente de las estructuras de su partido, el rumbo republicano favorece las decisiones rápidas y arriesgadas. El objetivo es llevar a la cima de EEUU a una generación de élites radicalmente ambiciosas, militar y tecnológicamente expertas, y afirmar este liderazgo sin oposición a escala internacional.
Dominio tecnológico a través del aislacionismo
Una de las estrategias más notables de los nuevos republicanos es el plan de pasar a una fase de aislacionismo durante cierto tiempo. En lugar de enredarse en conflictos internacionales, EEUU quiere concentrarse en su propio desarrollo. Este «plan quinquenal de aislacionismo» pretende ampliar la independencia tecnológica y económica y reforzar la producción nacional. «No necesitamos asociaciones, necesitamos independencia dominante», es el mantra de la nueva élite.
Aunque Estados Unidos está reduciendo las interdependencias económicas durante un periodo transitorio y centrándose en reforzar el poder de producción nacional, esta estrategia pretende en última instancia marcar el comienzo de una nueva era de «liderazgo tecnológico estadounidense». Si eres un líder tecnológico, ya no necesitas alianzas complejas. Sin embargo, este rumbo significa algo más que un simple cambio en el equilibrio de poder: alberga enormes riesgos para la estabilidad social dentro de EEUU, ya que la concentración en una élite militar-tecnológica agrava aún más la división y el desequilibrio social del país. La población estadounidense podría distanciarse aún más como consecuencia de este rumbo, ya que la riqueza y el poder siguen concentrados en manos de una pequeña élite y amplios sectores de la población quedan aún más marginados económicamente.
Los frentes geopolíticos se desplazan
El aislacionismo de los republicanos no es sólo un proyecto interno estadounidense. Su objetivo es reajustar las prioridades estratégicas de Estados Unidos y, al mismo tiempo, contener a rivales geopolíticos como China y Rusia. En lugar de intervenir en conflictos globales, los republicanos planean evitar hegemonías regionales mediante provocaciones selectivas, ya sea en Asia Oriental mediante escaladas sobre Taiwán o en Oriente Medio reforzando la posición de Israel frente a Irán.
Esta evolución representa una carga considerable para Europa. Sin el pleno respaldo de EEUU, la UE se ve obligada a confiar en sus propias estructuras de defensa. Sin embargo, Europa se ha beneficiado enormemente de la estructura de seguridad liderada por EEUU en las últimas décadas y puede que no esté en condiciones de responder de forma independiente a las crisis mundiales. Existe el peligro de que ahora la UE se vea obligada a subordinarse al tecno-nacionalismo estadounidense o a liberarse trabajosamente de su dependencia de EEUU en materia de política de seguridad.
El camino obvio: independencia o declive
Europa se encuentra en una encrucijada: ¿seguirá vinculada a EEUU y se convertirá así en un peón geopolítico, o logrará la UE desarrollar su propia política de seguridad y sus propios intereses económicos desvinculados de los planes estadounidenses? Los tiempos en los que Europa podía instalarse cómodamente a la sombra de la «comunidad de valores» estadounidense podrían acabar pronto. En vista de la estrategia estadounidense, orientada hacia el interior y dominada por una élite tecnológico-militar, Europa se está viendo obligada a darse cuenta de su dependencia y a desarrollar una mayor independencia.
El conflicto interno en EEUU pone de manifiesto las desavenencias ideológicas entre demócratas y republicanos. Los demócratas se centran en una reforma cautelosa de las élites y corren así el riesgo a largo plazo de abordar inadecuadamente el cambio social. Los Republicanos, por su parte, representan una agenda radical que favorece una rápida reestructuración y un refuerzo del poder tecnológico y militar, pero sin tener en cuenta las consecuencias sociales. Esto podría convertirse en un área clave de tensión en los próximos años, afectando profundamente tanto a la sociedad estadounidense como a las relaciones transatlánticas.
Conclusión: la autoimagen de Europa a prueba
Los nuevos republicanos apuestan por una estrategia que combina dominio tecnológico, fuerza militar y aislamiento temporal. Mientras Estados Unidos se repliega sobre sí mismo y las tensiones sociales pueden aumentar, el mundo exterior se enfrentará a unos Estados Unidos diferentes: más radicales, más dispuestos a asumir riesgos y menos dispuestos a transigir. Europa debe preguntarse si quiere seguir este rumbo o redefinirse. Los próximos años podrían cambiar por completo la relación transatlántica hasta la fecha y provocar una crisis en la imagen que Europa tiene de sí misma.
(Este artículo apareció por primera vez en eagleeyeexplore.com)
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