
por Riccardo Paccosi
Fuente: Riccardo Paccosi & https://www.ariannaeditrice.it/articoli/destra-e-sinistra-la-vera-distinzione-politica-del-nostro-tempo-e-quella-tra-nichilismo-vitalista-e-senso-della-finitezza-umana
En
los últimos días, he participado en algunas discusiones en línea con
algunos amigos y contactos de cierto calado cultural que criticaban el
deseo generalizado de superar la díada categórica derecha-izquierda.
Los
argumentos variaban, pero el recurrente era, a grandes rasgos, que
mientras exista un punto de vista orientado hacia la universalidad de
los derechos sociales frente a un punto de vista que niegue la necesidad
de protección social, persistirá la distinción entre izquierda y
derecha.
Sin embargo, como ya he argumentado en varias
ocasiones, la mencionada oposición se refiere a la izquierda de los
siglos XIX y XX, es decir, a la izquierda que se basaba en la lucha de
clases o al menos en el legado de ésta.
Sin embargo, la
emancipación obrera y proletaria no es el objetivo en torno al cual
nació históricamente la izquierda. El advenimiento de la palabra
«izquierda», de hecho, coincide con un proceso revolucionario que tiene
como principio constitutivo la idea de que «todos los ciudadanos deben
tener garantizados los derechos de libertad, propiedad, seguridad y
resistencia a la opresión» (Declaración de los Derechos del Hombre y del
Ciudadano, Francia, 1789). En este contexto, el concepto de igualdad
existe, por supuesto, pero se refiere al estatuto jurídico y a la
ciudadanía, no a la economía política.
Además, este proceso
revolucionario surge de una base filosófica de la Ilustración un tanto
hostil al pasado y lo expresa mediante el deseo de una tabula rasa, un
reinicio palingético del tiempo histórico a partir de cero.
Tras
las contingencias de la alianza entre la burguesía progresista y la
clase proletaria, tras la fase de la industrialización y el compromiso
fordista entre las clases sociales -según varios pensadores actuales,
entre ellos Jean-Claude Micah-, la izquierda de este nuevo siglo no ha
«girado a la derecha» sino que ha vuelto a sus orígenes ilustrados.
En
apoyo de esta tesis, que comparto, planteo la siguiente pregunta a los
críticos del concepto de superación de la izquierda-derecha:
Hace
dos años, el gobierno español cambió la filosofía de asignatura
obligatoria a optativa en los institutos, alegando también querer
superar el academicismo y dar más espacio al ecofeminismo, los derechos
LGBT, etc.; pues bien, ¿este acto puede considerarse de derechas o de
izquierdas?
Sinceramente, no veo nada en ella que pueda
calificarse específicamente de «de derechas». Al contrario, puedo ver
ese desprecio por el pasado y ese deseo de tabula rasa característicos
de la izquierda en sus orígenes, esos mismos «magníficos destinos y
progresiones» de los que Giacomo Leopardi ya se cachondeaba hace
doscientos años.
También hay que considerar
otro aspecto: la visión progresista del tiempo histórico es en sí misma
vitalista. Es -para decirlo esta vez desde la derecha con Marinetti- una
locomotora que se precipita hacia un choque. En resumen, algo que no
necesita protección social.
Hoy en día, a
medida que el hombre se sumerge en la digitalización, el sentido de la
fugacidad, la fragilidad y la finitud de la vida humana se ve sofocado
por el zumbido perpetuo e inmortal de las máquinas.
Y
la política se adapta: ya sea el neomodernismo dirigido a borrar el
pasado promovido por la izquierda, o la perspectiva neobárbara de la
derecha según la cual la libertad consiste en que todo el mundo compre
un fusil automático en el emporio de al lado y vaya a disparar al
interior de alguna escuela, todo es impulso vitalista ciego y frenético,
todo es extirpación de la fragilidad.
Y aquí llegamos a la cuestión mencionada al principio, la de los derechos sociales y la protección social.
Para
que regulaciones como el apoyo a los ingresos de los desempleados y
semempleados, las pensiones y la asistencia sanitaria gratuita se
consideren legítimas, debe generalizarse una visión de la existencia
orientada al imperativo de cuidar, proteger y preservar.
(Y
llegados a este punto, una segunda pregunta podría ser congruente:
¿cuidar, proteger y preservar son principios de derechas o de
izquierdas?)
Lo que hace falta, en definitiva,
es una idea del hombre que vuelva a situar su realidad mortal en el
centro, una idea que sepa derivar precisamente de este aspecto caído y
desafortunado, como dice Simone Weil, el sentido de la fraternidad y de
la comunión.
Todo esto, sin embargo, significa
que los dos paradigmas obtusamente vitalistas y ferozmente nihilistas de
la derecha y de la izquierda deben ser combatidos como enemigos de la
vida y del amor entre los seres humanos.
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