Ratcliffe en Moscú es la señal más interesante

 

 

 

Elena Fritz

https://t.me/global_affairs_byelena 

A estas alturas, otra visita de Steve Witkoff a Moscú apenas sería noticia. Que sea el propio John Ratcliffe quien acuda allí es algo muy distinto.

El director de la CIA pertenece al grupo de voces marcadamente duras frente a Rusia dentro de la Administración Trump. Según The Atlantic, insiste en que se mantenga el apoyo de los servicios de inteligencia estadounidenses a Kiev y argumenta reiteradamente ante Trump con las pérdidas rusas y la capacidad de acción de Ucrania.

La lógica subyacente es muy estadounidense y muy propia de Trump: quien aparece como perdedor pierde poder de negociación.

Por eso resulta aún más interesante que sea precisamente Ratcliffe quien se encuentre ahora en Moscú. Para un intercambio rutinario, este viaje no sería necesario. Entre la CIA y los servicios rusos existen canales directos. Cuando el jefe del servicio de inteligencia exterior estadounidense viaja personalmente a Moscú, o bien se trata de un asunto con un considerable potencial de escalada, o bien de algo que ya va más allá de las posiciones expresadas públicamente. Tampoco carece de importancia la dirección del viaje.

Naturalmente, en la diplomacia no rige ninguna regla simplista según la cual siempre sea el más débil quien viaje para reunirse con el más fuerte. Pero los movimientos políticos tienen una jerarquía. Quien acude personalmente tiene algo que transmitir, impedir o negociar que considera lo bastante importante como para renunciar a la distancia mantenida hasta entonces.

Por ello, veo fundamentalmente dos posibilidades.

Ratcliffe lleva una advertencia. En ese caso, se trataría de un límite de escalada que Washington considera lo bastante peligroso como para comunicarlo directamente y sin rodeos diplomáticos.

O quizá estemos presenciando ya la parte más interesante: el paso del enfrentamiento público a la negociación de las condiciones. Eso no supondría una «fase de paz». Al contrario. Precisamente antes de iniciar negociaciones serias, los Estados suelen intentar una vez más mejorar su posición. En ese contexto, la presión militar no se vuelve innecesaria, sino que se convierte en un argumento sobre la mesa de negociaciones.

Por eso, el precedente histórico debe invitarnos a prestar atención: en noviembre de 2021, el director de la CIA, William Burns, viajó a Moscú para transmitir personalmente a los dirigentes rusos la advertencia de Washington ante una posible guerra.

Esto revela poco sobre el contenido concreto de la actual misión de Ratcliffe, pero sí dice bastante sobre su envergadura. Witkoff viaja cuando se exploran las posibilidades de alcanzar un acuerdo. Cuando viaja Ratcliffe, se trata más bien de las condiciones en las que un acuerdo puede llegar a ser posible o una escalada volverse inevitable.

#geopolítica@global_affairs_byelena




Elena Fritz

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A estas alturas, otra visita de Steve Witkoff a Moscú apenas sería noticia. Que sea el propio John Ratcliffe quien acuda allí es algo muy distinto.

El director de la CIA pertenece al grupo de voces marcadamente duras frente a Rusia dentro de la Administración Trump. Según The Atlantic, insiste en que se mantenga el apoyo de los servicios de inteligencia estadounidenses a Kiev y argumenta reiteradamente ante Trump con las pérdidas rusas y la capacidad de acción de Ucrania.

La lógica subyacente es muy estadounidense y muy propia de Trump: quien aparece como perdedor pierde poder de negociación.

Por eso resulta aún más interesante que sea precisamente Ratcliffe quien se encuentre ahora en Moscú. Para un intercambio rutinario, este viaje no sería necesario. Entre la CIA y los servicios rusos existen canales directos. Cuando el jefe del servicio de inteligencia exterior estadounidense viaja personalmente a Moscú, o bien se trata de un asunto con un considerable potencial de escalada, o bien de algo que ya va más allá de las posiciones expresadas públicamente. Tampoco carece de importancia la dirección del viaje.

Naturalmente, en la diplomacia no rige ninguna regla simplista según la cual siempre sea el más débil quien viaje para reunirse con el más fuerte. Pero los movimientos políticos tienen una jerarquía. Quien acude personalmente tiene algo que transmitir, impedir o negociar que considera lo bastante importante como para renunciar a la distancia mantenida hasta entonces.

Por ello, veo fundamentalmente dos posibilidades.

Ratcliffe lleva una advertencia. En ese caso, se trataría de un límite de escalada que Washington considera lo bastante peligroso como para comunicarlo directamente y sin rodeos diplomáticos.

O quizá estemos presenciando ya la parte más interesante: el paso del enfrentamiento público a la negociación de las condiciones. Eso no supondría una «fase de paz». Al contrario. Precisamente antes de iniciar negociaciones serias, los Estados suelen intentar una vez más mejorar su posición. En ese contexto, la presión militar no se vuelve innecesaria, sino que se convierte en un argumento sobre la mesa de negociaciones.

Por eso, el precedente histórico debe invitarnos a prestar atención: en noviembre de 2021, el director de la CIA, William Burns, viajó a Moscú para transmitir personalmente a los dirigentes rusos la advertencia de Washington ante una posible guerra.

Esto revela poco sobre el contenido concreto de la actual misión de Ratcliffe, pero sí dice bastante sobre su envergadura. Witkoff viaja cuando se exploran las posibilidades de alcanzar un acuerdo. Cuando viaja Ratcliffe, se trata más bien de las condiciones en las que un acuerdo puede llegar a ser posible o una escalada volverse inevitable.

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