Nápoles a través de sus barrios y edificios septiembre.
Enrique Ravello
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Durante los siglos VIII- VI a. C. muchos de los segundos hijos de cada familia griegas encabezaban grupos que emigraban de sus ciudades de la península helénica a un área que se extendía del mar Negro al Mediterráneo occidental. Los emigrados mantenían fuertes vínculos con su ciudad de origen, en los territorios de llegada creaban una extensión de su hogar ciudad y por lo tanto de la civilización helénica. El destino principal fue el sur de Italia que pasó a llamarse la Magna Grecia quey experimentó un profundo proceso de helenización aún hoy manifiestamente visible.
Es en este contexto que griegos procedentes de Cumas –que previamente venían de Eubea- fundaron en el siglo VII a. C. una ciudad a la que le dieron el nombre de una sirena mitológica Parténope –aún se usa el término partenopeo como sinónimo de napolitano-. Pero desde el siglo V los cumanos empezaron a llamarla Neapolis, del griego neo(nuevo) y polis (ciudad) de ahí viene su nombre actual.
Nápoles vive su máximo apogeo en los siglos Xv-XVII –formando parte de la Corona de Aragón- cuando se convierte en la ciudad más poblada de Europa y el centro cultural más importante del Mediterráneo
Castel Nuovo
Construido entre 1279 y 1282 por Carlos I de Anjou, cuando esa dinastía de origen francés se instaló en el trono de Nápoles. En el momento de su edificación fue un típico castillo medieval.
Su aspecto actual se debe a la reconstrucción que ordenó en el siglo XV Alfonso el Magnánimo, quien fuera rey de Nápoles con el nombre de Alfonso V. Esta reforma del monarca aragonés incluyó la parte más conocida del Castillo: su Arco de Triunfo. Alfonso el Magnánimo es considerado como el primer rey que marca la transición de la Edad Media al Renacimiento, no sólo políticamente sino también artística e iconográficamente. El Arco de Triunfo, construido en mármol blanco expone una iconografía totalmente romana. Alfonso V aparece con el globus en la mano, una llama ardiendo que representa el poder y sentado sobre la silla curul romana. Va precedido de los Cuatro Carros de la Fama –un tema totalmente ajeno a la iconografía medieval y que fue recuperado por el humanismo a través del poeta Petrarca. El rey viene descrito como Rex Hispanicus (con claras referencias el emperador Trajano nacido en Hispania) y con los títulos inequívocamente clásicos de Italicus, Pius, Clemens, Invictus. El arco está dedicado a su triunfo en Nápoles, pero su interior está copiado del Arco de Tito, añadiendo las cuatro barras aragonesas y las insignias personales del monarca. En la grafía del arco también vemos elementos clásicos: la U escrita como V y un trazado de la A propio de ese estilo.
Fachada del Palacio real.
Delante del magnífico palacio real existe una fachada donde está representados los principales monarcas de Nápoles, Una visita rápida a sus estatuas no hace comprender rápidamente la historia partenopea.
Tenemos a Rogelio II el normando que nos recuerda que el Reino de Sicilia –al que perteneció Nápoles- fue creado en el siglo XII por normandos, es decir descendientes de los vikingos instalados en el norte de Francia. Federico II de Suabia o Federico II Hohenstaufen –de la casa alemana que gobernaba en Sacro Imperio- conocido en su tiempo como “Stupor Mundi” (el asombro o la maravilla del mundo), un magnífico monarca de una sin par dinastía. A su lado tenemos a Carlos I de Anjou, de la dinastía francesa de los angevinos, primer monarca de la dinastía Anjou-Sicilia. Carlos I se había aliado con el papado para derrotar a la dinastía Hohenstaufen una victoria que a nuestro juicio cambió el destino del Mediterráneo y el de Europa no precisamente en el mejor sentido. A su lado tenemos a Alfonso V, más conocido por nosotros como Alfonso el Magnánimo, que indica el inicio del dominio de la Corona de Aragón, y sucesivamente al Emperador Carlos V y los representantes de la dinastía borbónica que gobernó el Nápoles hispánico hasta el breve dominio napoleónica y la posterior unificación italiana.
Teatro San Carlo
Si nos referimos a él no es solo por su belleza arquitectónica y su sofisticada y espléndida decoración interior. Es por la fecha de su construcción 1732 –antes que el famoso teatro de La Scala de Milán. Y la fecha es importante porque estamos bajo el reinado de Carlos VII de Nápoles, que fue quien lo encargó, eso nos habla de la enorme importancia que tuvo Nápoles durante su periodo hispano-borbónico. Son muchos los napolitanos que añoran esos tiempos de grandeza que contrastan con la decadencia que sufrió la ciudad tras su incorporación a Italia.
Galerías Vittorio Emanuelle
Situadas frente al teatro de San Carlo, están dedicadas a Umberto I , hijo monarca italiano que logró esa unificación Vittorio Emanuelle de Saboya. Recordemos que la incorporación de Nápoles a Italia fue fruto de la invasión militar dirigida por Garibaldi y sus camisas rojas en el marco de la llamada “Expedición de los Mil”.
Suelen ser comparadas con las galerías del mismo nombre que existente en Milán, pero la diferencia estética y arquitectónica a favor de las de la capital lombarda es indiscutible. Quizás fuera una señal de cómo iban a quedar los equilibro de poder en el nueva Italia unificada.
Barrio Español
Construido por orden del virrey español Pedro de Toledo en 1536 con el objetivo de albergar allí las tropas de la Corona de Aragón
Su fama de peligrosidad ha disminuido y visitarlo durante el día no supone ningún peligro. Barrio lleno de tabernas, tuenas y vida, hoy destaca por algo que es más que pasión para los napolitanos: el gran mural a modo de santuario dedicado a Diego Armendo Maradona, cuya imagen está presente por todo el barrio. Sólo a los que nos gusta el fútbol como fenómeno deportivo, pero aún más como fenómeno sociológico podremos valorar la importancia simbólica de esta devoción a Maradona. Fue él quien, mediante el fútbol, por primera vez en la historia de Italia, llevó la camiseta celeste del Napoli a lo más alto del fútbol italiano por encima de los millonarios y todopoderosos equipos del norte: la Juve de los Agnelli, el Mila de Berlusconi o en Inter de Milán. Maradona hizo que el Mezzogiorno volviera a brillas en el ampa de Italia, por eso para los napolitanos –mas allá de los deportivo- el astro argentino es quien les devolvió la dignidad y el orgullo frente al menosprecio del norte.
Scapanapoli
Es una calle que no se puede dejar de visitar si se quiere conocer de verdad el estilo y la esencia de Nápoles
Se trata del antiguo decumano inferior de la ciudad romana, una calle recta que divide al centro histórico en dos mitades. Además de la bella arquitectura se pueden encontrar tiendas, palacios históricos y plazas famosas. Pero lo más significativo es la decoración popular de la calle, además de las típicas banderas del Napoli se ve repetidamente una pancarta que pone el nombre de la calle Scapanapoli con fotos de varios personajes imprescindibles de la reciente historia napolitana: el famoso actor cómico Totó, la súper estrella Sofía Loren –que se definía como “napolitana no italiana”, Maradona y Terence Hill el nadador olímpico y posteriormente famoso actor, protagonista de polículas Le llamaban Trinidad y de cuyos puñetazos cinematográficos hemos disfrutado todos los que ya tenemos un cierta edad.
Pulcinella
Por último, es imprescindible visitar a Pulchinela y tocarle la nariz si uno desea volver a Nápoles. Un famoso personaje del teatro napolitano, que representa al pueblo llano de la ciudad. Su estatua se encuentra situada entre Via dei Tribunali y Vico del Fico al Purgatorio, una zona típica y muy transitada, cerca de la calle de la Via San Gregorio Armeno, famosa por ser el lugar donde se fabrican los famosos belenes, una tradición napolitana presente en las navidades de todo el mundo.
































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