El segundo giro de Alemania

Tras lo ocurrido en Sajonia-Anhalt, se
perfila una nueva época en la historia de Alemania. Esta ya tiene un rostro: el
de Ulrich Siegmund, nacido en 1990, el año de la reunificación. Nada podría
resultar más superficial, al día siguiente de su gran éxito electoral, que
preguntarse si llegará próximamente a ser ministro-presidente de este estado
federado aun sin mayoría absoluta, y de qué manera. Porque, naturalmente,
obtendrá el cargo; de no ser él, ¿quién podría ocuparlo? Sin embargo, Siegmund,
este hijo del primer gran giro nacional, anuncia a sus jóvenes 35 años el fin
del vasallaje de este país y de este pueblo.
Con este político de la AfD reaparece una Alemania que se
libera de las sombras del nacionalsocialismo y del complejo de expiación.
Quien, desde una obstinación absoluta, pretenda perjudicar a Siegmund
blandiendo contra él la engañosa acusación de nazismo no hará sino incluirse a
sí mismo entre los incorregibles. Aunque las próximas semanas, hasta la
elección del hombre de Tangermünde como ministro-presidente, volverán a estar
marcadas por las escenificaciones más o menos rabiosas del frente unido de
Antifa, la angustiosa época de las coaliciones constituidas contra un partido
está llegando a su fin.
Con la jornada electoral de Sajonia-Anhalt ha comenzado una
época de nuevas perspectivas para esa sobresaltada residencia de ancianos que
es la República Federal. Esto afecta por igual a la política interior y a la
exterior. El profundo desplome de la CDU en Sajonia-Anhalt y en las encuestas
hace sonar las campanas a muerto por el antiguo «partido de Estado» de Adenauer
y Kohl. Este partido moribundo padece una enfermedad incurable provocada por la
funesta estrategia del «cordón sanitario», que —ironías del destino— debía
protegerlo precisamente de la desgracia.
Friedrich Merz puede ponerse de luto, pero por este
canciller fracasado de antemano solo llorará su amigo Zelenski. Además del
triunfo de Siegmund, el resultado electoral en el este presenta otro aspecto
importante: la salvación, en el último instante, del BSW, el partido de
Wagenknecht. En primer lugar, esto convierte al BSW en el fiel decisivo de la
balanza en el Parlamento de Magdeburgo. Y, tras su caída en desgracia en
Turingia, el partido no puede volver a poner en peligro su existencia mediante
un espectáculo anti-AfD políticamente ciego. En segundo lugar, la postura
bastante coherente del BSW en favor de la paz ha dado sus frutos; una postura
que Alemania sigue necesitando, también porque la posición de la AfD a este
respecto dista mucho de ser inequívoca.
El resultado electoral presenta otros aspectos llamativos. Los próximos días estarán repletos de interpretaciones sobre ellos. Pero una cosa está clara: en Sajonia-Anhalt se han creado realidades para el futuro de Alemania que nadie puede ya hacer desaparecer mediante interpretaciones —¡el segundo giro ha comenzado!
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