El segundo giro de Alemania

 


por Wolfgang Hübner 

Tras lo ocurrido en Sajonia-Anhalt, se perfila una nueva época en la historia de Alemania. Esta ya tiene un rostro: el de Ulrich Siegmund, nacido en 1990, el año de la reunificación. Nada podría resultar más superficial, al día siguiente de su gran éxito electoral, que preguntarse si llegará próximamente a ser ministro-presidente de este estado federado aun sin mayoría absoluta, y de qué manera. Porque, naturalmente, obtendrá el cargo; de no ser él, ¿quién podría ocuparlo? Sin embargo, Siegmund, este hijo del primer gran giro nacional, anuncia a sus jóvenes 35 años el fin del vasallaje de este país y de este pueblo.

Con este político de la AfD reaparece una Alemania que se libera de las sombras del nacionalsocialismo y del complejo de expiación. Quien, desde una obstinación absoluta, pretenda perjudicar a Siegmund blandiendo contra él la engañosa acusación de nazismo no hará sino incluirse a sí mismo entre los incorregibles. Aunque las próximas semanas, hasta la elección del hombre de Tangermünde como ministro-presidente, volverán a estar marcadas por las escenificaciones más o menos rabiosas del frente unido de Antifa, la angustiosa época de las coaliciones constituidas contra un partido está llegando a su fin.

Con la jornada electoral de Sajonia-Anhalt ha comenzado una época de nuevas perspectivas para esa sobresaltada residencia de ancianos que es la República Federal. Esto afecta por igual a la política interior y a la exterior. El profundo desplome de la CDU en Sajonia-Anhalt y en las encuestas hace sonar las campanas a muerto por el antiguo «partido de Estado» de Adenauer y Kohl. Este partido moribundo padece una enfermedad incurable provocada por la funesta estrategia del «cordón sanitario», que —ironías del destino— debía protegerlo precisamente de la desgracia.

Friedrich Merz puede ponerse de luto, pero por este canciller fracasado de antemano solo llorará su amigo Zelenski. Además del triunfo de Siegmund, el resultado electoral en el este presenta otro aspecto importante: la salvación, en el último instante, del BSW, el partido de Wagenknecht. En primer lugar, esto convierte al BSW en el fiel decisivo de la balanza en el Parlamento de Magdeburgo. Y, tras su caída en desgracia en Turingia, el partido no puede volver a poner en peligro su existencia mediante un espectáculo anti-AfD políticamente ciego. En segundo lugar, la postura bastante coherente del BSW en favor de la paz ha dado sus frutos; una postura que Alemania sigue necesitando, también porque la posición de la AfD a este respecto dista mucho de ser inequívoca.

El resultado electoral presenta otros aspectos llamativos. Los próximos días estarán repletos de interpretaciones sobre ellos. Pero una cosa está clara: en Sajonia-Anhalt se han creado realidades para el futuro de Alemania que nadie puede ya hacer desaparecer mediante interpretaciones —¡el segundo giro ha comenzado!

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