El levantamiento escocés de 1820

por Troy Southgate
Fuente: https://www.facebook.com/troy.southgate
A finales del siglo XVIII, los artesanos escoceses se
encontraban en una situación en la que se les había permitido determinar sus
propios horarios de trabajo. Conocida como «commission», esta práctica había
permitido a herreros, carreteros, tejedores y zapateros organizar su jornada
laboral de manera que dispusieran de suficiente tiempo libre para dedicarse a
actividades educativas.
Esta situación era resultado de los esfuerzos de la
relativamente liberal Iglesia presbiteriana de Escocia, que consideraba que los
hombres y las mujeres debían alcanzar unos niveles de alfabetización que los
pusieran en condiciones de formular juicios racionales. Sin embargo, una vez
que estos artesanos conocieron los derechos de los trabajadores de otros
países, particularmente a raíz de las revoluciones estadounidense y francesa
que habían puesto fin al siglo XVIII, pasaron a participar activamente en el
movimiento radical en su conjunto. Una de las mayores influencias fue Thomas
Paine (1737-1809), cuya obra de 1791, The Rights of Man, había propugnado la
rebelión en aquellos casos en los que un gobierno no representa los deseos de
su pueblo. Esto ocurría en una época en la que únicamente uno de cada 250
escoceses tenía derecho al voto.
Entre 1792 y 1793, la Sociedad Escocesa de Amigos del Pueblo
celebró una serie de «convenciones», y muchos de sus principales activistas no
tardaron en ser detenidos y deportados por la fuerza a colonias penitenciarias
de ultramar. En 1793, por ejemplo, un ministro de la Iglesia unitaria, Thomas
Fyshe Palmer (1747-1802), de Dundee, fue condenado a siete años de deportación
por difundir propaganda reformista. Entretanto, varios activistas de los Amigos
de la Libertad de Dundee —Thomas Muir (1765-1799), William Skirving
(1745-1796), Maurice Margarot (1745-1815) y Joseph Gerrald (1763-1796)— también
fueron deportados por conducta subversiva. Cinco años después, en 1798, un
tejedor politizado llamado George Mealmaker (1768-1808) fue enviado a su vez a
la colonia penitenciaria de Nueva Gales del Sur.
Durante la primera década del siglo siguiente, entre 1800 y
1808, los ingresos de los tejedores escoceses quedaron reducidos, en la
práctica, a la mitad. En 1812 habían emprendido una campaña en favor de un
aumento salarial, que les fue concedido por los magistrados locales. Sin
embargo, esto no impidió que sus empleadores se negaran a respetar el nuevo
salario común, por lo que el Comité Nacional de las Sociedades Sindicales
Escocesas convocó una huelga. En consecuencia, el Gobierno infiltró las
sociedades con la intención de poner fin a las perturbaciones.
En 1816, después de que las guerras napoleónicas hubieran
devastado la economía europea, la población escocesa se encontró en una
situación cada vez más deprimida y oprimida. Después de que una enorme multitud
de 40.000 escoceses se congregara en Glasgow Green para exigir una mayor
representación gubernamental y el fin de las Corn Laws, que habían impuesto
restricciones a la importación de alimentos y cereales, provocando así una
subida general de los precios de los alimentos, agentes provocadores del
Gobierno se aseguraron de que los principales cabecillas fueran acusados de
«conspiración» y llevados ante los tribunales a lo largo de varios meses.
Cuando la masacre de Peterloo dio lugar a disturbios y a una
represión estatal de mano dura en la ciudad de Mánchester durante el verano de
1819, los radicales escoceses salieron en apoyo de sus homólogos ingleses y
5.000 de ellos tomaron las calles. Pese a los esfuerzos de la caballería por
dispersar a las multitudes, se celebró una serie de reuniones de protesta en
los bastiones de los tejedores de Stirling, Airdrie, Renfrewshire, Ayrshire y
Fife. A mediados de diciembre de ese mismo año, el reformador político y
diputado George Kinloch (1775-1833) fue tomado como objetivo por las
autoridades por haber organizado una reunión multitudinaria en Magdalen Green,
en Dundee; logró escapar y finalmente huyó al extranjero.
Temerosa la clase dirigente escocesa de que el espíritu
insurreccional de las revoluciones estadounidense y francesa llegara a las
costas británicas, se reclutaron regimientos de voluntarios en las Tierras
Bajas de Escocia y en la región de los Scottish Borders. No obstante, los
tejedores no se dejaron disuadir y constituyeron un Comité Radical de
veintiocho miembros encargado de organizar un Gobierno provisional elegido por
delegados de las asociaciones profesionales locales. Un tal John Baird
(1790-1820) también impartió instrucción militar, lo que añadió una dimensión
verdaderamente militante a los acontecimientos.
El 21 de marzo de 1820, poco después de que la denominada
conspiración de Cato Street conmocionara Londres, los dirigentes del Comité
Radical se reunieron en una taberna de Glasgow, donde fueron apresados por
funcionarios del Gobierno. La policía de la ciudad anunció que los detenidos
durante la redada habían: «confesado su
audaz complot para separar el Reino de Escocia del de Inglaterra y restaurar el
antiguo Parlamento escocés […] Si se concibiera algún plan mediante el cual los
desafectos pudieran ser atraídos fuera de sus guaridas —haciéndoles creer que
había llegado el día de la “libertad”—, podríamos atraparlos en el exterior y
sin defensa […] pocos saben de la detención de los dirigentes […] por lo que no
recaería sospecha alguna sobre el plan. Nuestros informantes se han infiltrado
en los comités y en la organización de los desafectos, y dentro de unos días
podréis juzgar los resultados».
A pesar de este revés temporal, los principales agitadores
que pasaron a primer plano en aquel momento fueron tejedores como John King y
John Craig, un hojalatero llamado Duncan Turner y un inglés conocido únicamente
como «Lees». Fue Turner quien anunció públicamente que se había formado un
Gobierno provisional, y tanto él como sus camaradas instaron a sus partidarios
a fabricar tantas astas de pica como fuera posible y a prepararse para la
batalla. Cuando llegó abril, la proclamación oficial del grupo —firmada el
primer día del mes— había sido colocada por todas las calles de Glasgow. Era un
desafiante llamamiento a las armas: «¡Amigos y
compatriotas! Despertad de ese estado de letargo en el que nos hemos hundido
durante tantos años. Al fin, el extremo de nuestros sufrimientos y el desprecio
vertido sobre nuestras peticiones de reparación nos obligan a hacer valer
nuestros derechos a riesgo de nuestras vidas».
La proclamación continuaba explicando que los radicales
tomaban las armas para obtener reparación por agravios comunes y que sus
protagonistas deseaban la igualdad de derechos. Además, no estaban dispuestos a
retroceder ante la represión gubernamental: «Libertad o Muerte
es nuestro lema, y hemos jurado regresar a casa triunfantes, o no regresar jamás
[…] solicitamos encarecidamente a todos que abandonen su trabajo desde este
día, primero de abril, y en adelante, hasta que estemos en posesión de esos
derechos […] Para demostrar al mundo que no somos esa chusma sin ley y
sanguinaria que nuestros opresores quieren hacer creer a las clases superiores
que somos, sino un pueblo valiente y generoso, decidido a ser libre. Los
británicos, Dios, la Justicia y el deseo de todos los hombres de bien están con
nosotros. Uníos y convertidla en una sola causa justa, y las naciones de la
tierra saludarán el día en que el Estandarte de la Libertad sea alzado en su
suelo natal».
El 3 de abril, al día siguiente, estallaron huelgas en las
principales comunidades tejedoras de Stirlingshire, Dunbartonshire,
Renfrewshire, Lanarkshire y Ayrshire, en las que participó la asombrosa cifra
de 60.000 trabajadores. También se realizaban ejercicios militares por toda la
región central de Escocia, y los hombres acumulaban picas, pólvora y diversas
armas. Además, un rumor afirmaba que Étienne Jacques Joseph Alexandre MacDonald
(1765-1840), primer duque de Tarento y veterano militar de las guerras
revolucionarias francesas y napoleónicas, había reunido un ejército de 50.000
soldados franceses en las Campsie Fells. Como era de esperar, aquello era
completamente falso.
Las tropas del Gobierno también se preparaban para lo peor,
y la Brigada de Fusileros, el 83.º Regimiento de Infantería, los regimientos
7.º y 10.º de Húsares y los Tiradores de Glasgow estaban listos para entrar en
acción. John Craig, uno de los radicales más destacados, había pretendido
hacerse con el control de la fundición de la Carron Company, en Falkirk, pero
fue detenido por un destacamento de húsares. Sin embargo, cuando fue llevado
ante el tribunal, el magistrado dio un paso al frente para pagar la multa en su
nombre.
El 4 de abril, cuando Duncan Turner condujo a sesenta
hombres hacia la misma fundición, muchos perdieron el valor por el camino, pero
al día siguiente un hombre llamado Andrew Hardie llevó a otros veinticinco
hombres a Carron. Sin que los radicales lo supieran, dieciséis húsares y
dieciséis soldados de caballería de la Yeomanry habían salido de Perth y se
dirigían también hacia la fundición. Según informó un periódico: «Al observar esta
fuerza, los radicales prorrumpieron en vítores y avanzaron hacia un muro, por
encima del cual comenzaron a disparar contra los militares. Los soldados
respondieron entonces con algunos disparos y, después de algún tiempo, la
caballería atravesó una abertura en el muro y atacó al grupo, que resistió
hasta verse superado por las tropas. Estas consiguieron hacer prisioneros a
diecinueve de ellos, que se encuentran recluidos en el castillo de Stirling.
Cuatro de los radicales resultaron heridos».
A pesar del escaso número de radicales implicados, las
autoridades temían que la insurrección comenzara a extenderse por toda Escocia,
y quienes fueron sorprendidos en posesión de armas en Duntocher, Paisley y
Camelon fueron debidamente detenidos. En la tarde del 5 de abril, Lees ordenó a
su propio grupo de radicales que se reuniera con el político simpatizante
George Kinloch y con otra gran fuerza, pero cuando recibieron noticias de una
posible emboscada regresaron a Strathaven. Esto no impidió que diez de sus
partidarios fueran detenidos y encarcelados dos días después. Cuando otros
cabecillas fueron arrestados y conducidos por las calles hacia Greenock, la
escolta penitenciaria fue atacada por habitantes locales que apoyaban la causa
radical. Un destacamento de voluntarios se vio obligado a disparar al aire para
dispersar a una gran multitud de manifestantes, pero fue atacado con piedras y
botellas. Lamentablemente, alrededor de dieciocho manifestantes murieron por
disparos. Entre las víctimas había un niño de ocho años y una mujer de sesenta
y cinco.
En una serie de juicios ejemplarizantes, 88 hombres fueron
acusados de traición, y un revolucionario llamado James Wilson (1760-1820),
también conocido como «Perley Wilson», fue ahorcado y decapitado ante una
multitud de 20.000 personas. El 8 de septiembre, Hardie y Baird fueron
ejecutados en Stirling, y este último declaró desde la horca: «Aunque hoy
morimos de una muerte ignominiosa por obra de leyes injustas, nuestra sangre,
que dentro de muy pocos minutos correrá sobre este cadalso, clamará al cielo
por venganza; y ojalá sea el medio para la pronta redención de nuestros
afligidos compatriotas».
La suya fue la última decapitación judicial que tuvo lugar
en las islas británicas. Otros fueron condenados a la deportación a Australia:
Thomas McCulloch, John Barr, William Smith, Benjamin Moir, Allan Murchie,
Alexander Latimer, Andrew White, David Thomson, James Wright, William Clackson,
Thomas Pike, Robert Gray, James Clelland, Alexander Hart, Thomas McFarlane,
John Anderson, Andrew Dawson, John McMillan y Alexander Johnstone.
Afortunadamente, en 1835 todos habían sido indultados.
Tras la Insurrección escocesa de 1820, se desalentó
enérgicamente toda nueva rebelión, e incluso quienes habían participado en
incidentes menores —como la fabricación de armas— fueron castigados de una
forma u otra. No fue hasta 1832 cuando la Scottish Reform Act condujo
finalmente a la elección del primer diputado de Glasgow, pero la verdadera
victoria residió en el renacimiento de una identidad escocesa común que había
sido aplastada en Culloden y Glencoe durante los dos siglos anteriores, pero
que ahora unía a la población a lo largo y ancho del país.
Lecturas complementarias
Cameron, A. D.; Living in Scotland, 1760-1820 (Oliver &
Boyd, 1969).
Dodgshon, Robert A.; From Chiefs to Landlords: Social and
Economic Change in the Western Highlands and Islands, 1493-1820 (Edinburgh
University Press, 1998).
Mac A’Ghobhainn, Seumas y Ellis, Peter Berresford; The
Radical Rising: The Scottish Insurrection of 1820 (John Donald, 2001).
Pentland, Gordon; Radicalism, Reform and National Identity
in Scotland, 1820-1833 (Royal Historical Society, 2008).
Pentland, Gordon; Spirit of the Union: Popular Politics in
Scotland, 1815-1820 (Pickering & Chatto, 2011).
Prebble, John; The King’s Jaunt: George IV in Scotland,
August 1822 ‘One and Twenty Daft Days’ (Birlinn Publishers, 2000).
Smout, T. C.; A History of the Scottish People 1560-1830
(Fontana, 1985).
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