Alfonso el Magnánimo y la estética renacentista
Enrique Ravello.
Monarca de
la Corona de Aragón –con todas las titulaciones reales y principescas que
conllevaba serlo- entre 1416 y 1458, conquistó Nápoles en 1442 donde fue
conocido con el nombre de Alfonso V, permaneció hasta su muerte.
Políticamente es considerado como uno de los primeros reyes renacentistas modelo de autores como Maquiavello.
Muy destacable fue su profunda vinculación con n la ciudad de Valencia, donde el gustaba residir y donde estableció centros de poder e impulsó un edificio tan emblemático como el Palacio Real. Creo el Archivo del Reino y la figura de Maestre Racional del Reino de Valencia (“mestre racional”). Cuando se instaló en Italia gran parte de su corte estaba computes por una elite valenciana. En definitiva, hizo de Valencia la referencia cultural y política de la Corona de Aragón.
En definitiva, Alfonso el Magnánimo es un paradigma de la transformación de la monarquía medieval en la Monarquía de la Modernidad, con todas las implicaciones políticas, simbólicas, filosóficas e icnográficas. Aquí nos vamos a centrar en el aspecto simbólico iconográfico en sus manifestaciones artística
En primer lugar, tenemos el cuadro de Juan de Juanes (1557) se ven varios de estos elementos. Alfonso el Magnánimo había muerto en 1458, la fecha del cuadro –un siglo posterior- nos revela que en la memoria era percibido como un monarca más renacentista que medieval, la obra guarda un claro paralelismo con los retratos de Carlos V y Felipe II monarcas ya plenamente renacentistas. Entre los elementos visibles en el retrato podemos destacar los que nos remiten a esta transición entre lo medieval y lo moderno: La armadura y la espada, -elementos medievales- señalan que es el comandante militar; la corona símbolo del poder por Dios, está sobre el libro de la Guerra Civil de Julio César, es un elemento renacentista. El paisaje del fondo representa al Reino.
En los libros publicados durante el reinado de Alfonso el Magnánimo constatamos también este cambio de la iconografía medieval a la moderna. Aparecen decoraciones con emblemas personales del rey (moderno) y no sólo de la Corona (medieval), sobre esto tenemos el precedente de un monarca de su misma Casa, Fernando de Trastámara, pero se trataba de símbolos militares, nunca personales como en el caso de Alfonso el Magnánimo. En los libros también vemos representado el nudo angevino o gordiano de referencia alejandrina y propiamente moderno.
En Castel Nuovo (Nápoles) non encontramos con el Arco de Triunfo de Alfonso V cuya iconografía remite a un triunfo romano. El Rey aragonés viene representado con el globus (mundo), una llama ardiendo que representa el poder y sentado sobre una silla curul romana. Va precedido por los Cuatro Carros de la Fama, un tema en absoluto medieval que fue recuperado por el Humanismo a través de Petrarca. Aparece también la diosa Fortuna y el Alfonso el Magnánimo es descrito como Rex Hispanus (paralelismo con Trajano, el emperador romano nacido en Hispania), Siculis, Italicus, Pius, Clemens, Invictus, títulos de referencia clásica. El Arco conmemora su victoria sobre Nápoles, su interior está copiado del Arco de Tito, añadiendo las barras de Aragón y las insignias personales del monarca. En la grafía del arco también hay elementos clásico-modernos: la U escrita como V y el trazado de la A es el propio clásico-moderno.
Otro elemento en el que vemos esta iconografía renacentista son las medallas acuñadas durante su reinado. En estas medallas vemos que el rey aparece como Divus Alfonsus –no propio de un rey medieval- y otros motivos tan referentes al mundo clásico-romano como es la figura de Sol Invictus (en los monarcas franceses aparece en el siglo XV) y escenas del rey matando a un jabalí, vinculándolo a las hazañas del héroe clásico por excelencia: Hércules. De igual modo vemos monedas en las que el monarca parece como ALFONSUS REX TRAINFATOR INVICTUS, acompañado de mijo, símbolo que se representa que es justo y humilde, lo que le hace invictus. Sol invictus aparece en alguna ocasión delante que ángeles que soplan, lo que simboliza el triunfo del Sol que permanece sobre el viento. También se le reconoce como ley Liberal –como el emperador Augusto- y pacificador -como el emperador romano-, Augusto es el portador de la PAX, Alfonso el Magnánimo lo es de la PAX en Italia. De hecho, el título de Magnánimo –y no de magnífico- nos lo presenta como humanista y liberal en sentido augústeo. Hay que añadir que el Monarca aparece como miembro de la Orden del Dragón, a la cual pertenecía también Vlad Tepes.
En cuanto al uso de heráldica tenemos constatado que el rey usó los escudos de todas sus posesiones: Aragón, Nápoles, Hungría y Jerusalén.
En pintura destaca la obra de Francesco Roselli La Tavola Strozzi (1472) donde se representa la capital partenopea tras haber sido conquista por Alfonso V, que contribuye a la fama con que será “un spagnolo di guerra e un italiano di cultura”.
La relación de Alfonso el Magnánimo con la literatura añade claves a la hora de entenderlo como un monarca humanista y renacentista. En este terreno destaca la obra que le dedicó el escritor Antonio Bocadelli De dictis et factis Alphonsi regis Aragonum (1455). Bocadelli la inicia con Jefonte, autor del que Alfonso el Magnánimo pide su obra (Omnia Jenofonte) cuando se encamina a una batalla. Bocadelli repite la estructura clásica –de Valerio Maximo- del que toma el esquema clásico: virtud-honor-gloria-fama-memoria; alcanzar la fama es la forma de permanecer en la memoria –idea romana que ya aparece en la Iliada- y adepta este esquema a la vida y gobierno del rey aragonés. Bocadelli, lector de Dante, realiza con este texto el mejor ejemplo de propaganda política del siglo XV. El rey se lo reconoció dándole 1.000 piezas de oro.
Alfonso V creó una gran biblioteca real a la que da más importancia como elemento de prestigio político que a la propia cancillería. Una estatua suya se encuentra precisamente en la actual biblioteca nacional de Nápoles.
Su sobrino Fernando el Católico paró esta evolución artística y simbólica iconográfica, porque ese lenguaje ideológico e iconográfico no se usaba en la Corte de Castilla, al considerarlo poco católico.






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