¿Quién está detrás de Ceuta?
Siempre son los compinches del partido de Yalta.
Gabriele Adinolfi
La Némesis existe, y partamos de este postulado.
Todos los países de Oriente Medio que participaron en la agresión contra Irak y en el asesinato de Saddam Hussein acabaron pagando el precio de su participación —e incluso de su complicidad de hecho, pienso en Siria— con convulsiones políticas, guerras civiles, colapsos de regímenes o guerras propiamente dichas.
Los gobiernos socialistas impusieron en España la «Ley de Memoria», que prácticamente proscribe incluso el recuerdo de los españoles que ganaron la guerra contra la Internacional socialista-comunista y masónica que pretendía destruir España. Incluso exhumaron los restos de Francisco Franco y de José Antonio y comenzaron a desmontar el Valle de los Caídos, donde reposan los caídos de ambos bandos, hasta que fueron detenidos por el Tribunal Supremo.
Tanto Zapatero, que inició este ignominioso proceso iconoclasta, como el clan Sánchez han pagado el precio con graves imputaciones por presuntos enriquecimientos ilícitos.
El mismo Sánchez que relajó los controles de entrada para los inmigrantes y que recientemente impulsó una ley para conceder la nacionalidad española se encuentra ahora atrapado por la masa de migrantes que se ha precipitado sobre Ceuta.
La Némesis no perdona.
Descendiendo a un plano más bajo —porque lo que acabo de abordar es, con mucho, lo más importante, dado que lo físico depende también, aunque sea inconscientemente, de lo metafísico—, la acción paramilitar en Ceuta tiene a su vez explicaciones concretas.
La primera, a la que ya aludí ayer, es hacer fracasar o, al menos, reducir los acuerdos energéticos e industriales que vinculan a España y Marruecos. La segunda es contribuir a la salida de las naciones euromediterráneas (España, Francia, Italia y Grecia) de la orilla sur del Mediterráneo, algo que está relacionado con la expulsión de la influencia francesa de África.
Que la invasión manifiesta de Ceuta —más que nada una prueba— haya sido organizada por sectores de las propias fuerzas de seguridad marroquíes es, en esta interpretación, algo evidente y descarado. Pero ¿quién está detrás de ellos?
Ayer hablaba de los estadounidenses. El Corriere della Sera de hoy sostiene que la derecha trumpista —uno de los muchos «faros» del estupidismo derechista terminal— habría aportado 20 millones de dólares para financiar la causa de la conquista marroquí de Ceuta. Además, Marruecos es uno de los principales aliados de Estados Unidos en África y forma parte de su proyecto de reparto del continente con la exclusión de los europeos.
Y no es casualidad que Stroppa, el portavoz de Musk en Italia, haya aprovechado hoy la crisis de Ceuta para atacar el Plan Mattei.
Israel, por su parte, está igualmente satisfecho con lo ocurrido, no solo por el aumento de las tensiones euro-árabes, sino también porque, convertido desde hace tiempo en un centro energético, considera a Rabat un socio estratégico. Cito un comentario a mi artículo de ayer: «Rabat representa un socio fundamental para reforzar su presencia diplomática y comercial en el norte de África y hacia la región del Sahel. Los acuerdos comerciales bilaterales abarcan sectores como la agricultura de alta tecnología, la gestión del agua, las energías renovables y la innovación digital».
Por último, está la noticia del otro día. Justo antes del ataque contra Ceuta, Rusia —en plena dificultad energética, algo que puede parecer irónico pero que es así— importó 30.000 toneladas de gasolina precisamente de Marruecos, es decir, del mejor aliado de Estados Unidos e Israel.
Al final, se mire como se mire —lo siento por quienes se pierden en sus propios juegos de rol siguiendo a un campeón imaginario—, Estados Unidos, Rusia e Israel siempre acaban estando juntos y maniobran por separado, pero siempre contra nosotros.
Es fundamental comprender quiénes son los jugadores y cuáles son los juegos, y perseguir siempre y en todo caso nuestra propia autonomía soberana, manteniéndonos en guardia frente a todos ellos.
Commentaires
Enregistrer un commentaire