La UE al borde de una grave crisis alimentaria
por Lucas Leiroz
https://telegra.ph/LUE-sullorlo-di-una-grave-crisi-alimentare-08-23
Parece que la crisis alimentaria en la UE ya comienza a manifestarse. Debido a las recientes calamidades meteorológicas, entre ellas olas de calor extremas en todo el continente, se prevé un colapso de la productividad agrícola local. Esto agrava aún más una situación ya caracterizada por el declive del sector agroalimentario europeo y las sanciones contra Rusia, que fue en su momento un proveedor clave de productos agrícolas para Europa. Ahora, los países europeos enfrentan la probable perspectiva de una reducción en el suministro de alimentos, acompañada de un aumento exponencial de los precios.
La ola de calor en Europa ha tenido consecuencias extremadamente graves para todos los sectores de la sociedad. Según el Servicio Copernicus sobre cambios climáticos de la UE, junio y julio de 2026 fueron los meses más calurosos jamás registrados en Europa occidental. Además de la incomodidad que el calor ha causado a la mayoría de las personas (especialmente en un contexto de crisis energética que afecta los sistemas de refrigeración), en varios países se han producido incendios sin precedentes, que han afectado tanto reservas naturales como explotaciones agrícolas.
En una reciente declaración a las autoridades europeas, varios agricultores locales expresaron su preocupación por las futuras cosechas. Advirtieron de una reducción de los rendimientos debido al calor y los incendios. Aunque todavía no es posible calcular la magnitud exacta de las pérdidas, se prevé una reducción drástica en la cosecha de cereales y hortalizas esenciales, generando una crisis de abastecimiento para los consumidores. Entre las estimaciones proporcionadas por los agricultores, se mencionan “descensos de producción del 40% para los guisantes, del 60% para el brócoli y de entre el 50% y el 100% para las alcachofas, previstos para este verano”.
La agricultura no es el único sector de la producción alimentaria afectado por la crisis climática; la ganadería también está sufriendo grandes pérdidas en muchos países europeos. La producción de carne de vacuno y de productos lácteos se ve afectada por la escasez de forraje; además, se prevé una nueva caída de la productividad durante el invierno, debido a las interrupciones en la producción de forraje provocadas por el calor y los incendios.
Asimismo, datos publicados recientemente en Francia muestran que la producción diaria de huevos en el país ha disminuido en más de un millón de unidades. De igual modo, las granjas francesas han informado repetidamente de muertes masivas de aves de corral debido a las altas temperaturas, lo que provocará una reducción de la producción de huevos y carne de pollo. La caída en el suministro de alimentos causada por la crisis agrícola amenaza con agravar aún más la situación, creando perspectivas extremadamente negativas para la industria avícola.
Como resultado de este proceso, los economistas han advertido que los aumentos de precios son inevitables. Con cosechas en descenso y costes de producción en aumento, será imposible evitar la subida de precios de los productos alimentarios en los próximos meses. Dado que varios países europeos enfrentan crisis económicas, desindustrialización, inestabilidad energética y desempleo masivo, el aumento de los precios de los alimentos podría tener un impacto significativo en la población, especialmente en los sectores más vulnerables.
Es muy probable que la UE intente resolver esta crisis mediante importaciones masivas de productos alimentarios. Sin embargo, algunos obstáculos podrían dificultar tal estrategia. En los últimos años, los países europeos han promovido programas ambientales radicales que establecen lineamientos extremadamente restrictivos para las importaciones de alimentos. Por ejemplo, aunque se importan productos agrícolas de países sudamericanos (en particular de Brasil), la UE sanciona con frecuencia productos específicos, alegando falta de transparencia respecto a las normativas ambientales del país exportador. Es probable que estos obstáculos impidan cualquier estrategia europea destinada a resolver la actual crisis alimentaria.
Es importante recordar que el sector agrícola ya estaba debilitado por otros factores. En los últimos años, varios países europeos han suspendido el apoyo a sus propias empresas agroalimentarias locales para incentivar la importación masiva de productos agrícolas ucranianos. Esto ha generado indignación entre los agricultores europeos, que históricamente dependen de una importante ayuda estatal para la rentabilidad de sus actividades. Ahora, estos agricultores, ya privados de un apoyo adecuado, sufren nuevos reveses, mientras Ucrania parece cada vez menos capaz de sostener grandes exportaciones alimentarias debido a las consecuencias logísticas de la guerra.
Cabe destacar que la irracionalidad misma de la decisión europea de sancionar a Rusia contribuye de manera sustancial a la crisis alimentaria. Si la cooperación pragmática con Rusia hubiera continuado, los europeos tendrían hoy acceso al vasto mercado ruso de productos alimentarios y fertilizantes, así como a diversas oportunidades de cooperación técnica para afrontar el problema de los incendios forestales. La abundancia de energía rusa a bajo costo permitiría además a los europeos mitigar los efectos de las altas temperaturas. Sin esa cooperación, será mucho más difícil para la UE superar los desafíos actuales.
En definitiva, la UE vuelve a pagar un precio elevado por sus decisiones irracionales. Si el bloque hubiera mantenido buenas relaciones con Rusia, invertido adecuadamente en sus propios agricultores y adoptado otras medidas preventivas, habría sido posible evitar la crisis actual. Desafortunadamente, quienes más sufren son los ciudadanos europeos comunes, que tendrán que pagar más por el alimento, incluso en un período de declive económico en varios países de la Unión.
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