Fabio Vighi y el capitalismo financiero del fin de los tiempos

Markku Siira
https://markkusiira.substack.com/p/fabio-vighi-ja-lopun-ajan-finanssikapitalismi
En su ensayo, Fabio Vighi aborda el núcleo del capitalismo
actual utilizando primero las películas Network (1976) de Sidney Lumet y
Killing Them Softly (2012) de Andrew Dominik como ventanas a la ideología del
sistema.
El sermón del director corporativo Arthur Jensen –“las
naciones no existen”– y la cínica afirmación del sicario Jackie Cogan –“América
no es un país, sino un negocio”– conforman juntos un diagnóstico: Estados
Unidos no es un Estado-nación tradicional, sino el cuartel general político y
militar del capital financiero global. Esto no es una conspiración, sino un
hecho estructural, cuya fuerza ideológica radica en su presentación como si
fuera una ley natural.
Estados Unidos combina el poder militar, la infraestructura
tecnológica y el estatus del dólar como principal moneda de reserva mundial. En
esta estructura, los políticos actúan principalmente como “tecnócratas de la
gerencia media”, cuyas decisiones se guían por la lógica de la liquidez, la
gestión de la deuda y la preservación de los activos. El regreso de Donald
Trump a la presidencia es un ejemplo emblemático: no fue elegido por sus
capacidades políticas –“no las tiene”–, sino porque su teatral e impredecible
estilo se adapta a una época en la que “el espectáculo desmedido ha devorado a
la estrategia”.
Vighi advierte contra la ilusión típica de los liberales,
que confunden a los títeres visibles con los titiriteros. El verdadero poder se
basa en el estatus “libre de riesgo” de los bonos del Tesoro estadounidense, un
“truco de confianza” que permite una gestión fiscal imprudente, financiar
guerras y expandir la riqueza financiera. Sin embargo, el sistema muestra cada
vez más signos de tensión: rendimientos crecientes de los bonos, déficits
crónicos, desdolarización y el desplazamiento del comercio energético fuera del
dólar. La hegemonía no está colapsando, pero ha entrado en una “fase de
inestabilidad estructural”.
Vighi busca una explicación para este desarrollo en la
teoría del valor-trabajo de Marx, según la cual solo el trabajo humano crea
nuevo valor y las máquinas solo lo transfieren. Pero, ¿es aún válida esta
concepción de la era industrial en una economía digitalizada, donde la
inteligencia artificial participa en nuevos procesos de generación de valor? La
interpretación de Vighi corre el riesgo de quedarse atrapada en categorías del
pasado.
El capitalismo, en cualquier caso, ha seguido la senda de la
financiarización. Las finanzas han dejado de seguir la acumulación productiva y
se han convertido en su sustituto. El capital ficticio –deuda, derivados y
flujos de ingresos titulizados– conforma una montaña creciente de derechos que
se apoya en un trabajo que aún no se ha realizado y que nunca podrá cumplirse
en la escala exigida.
Esta lógica lo invade todo: la vivienda se convierte en
objeto de inversión, la educación en deuda estudiantil, la sanidad en objetivo
de extracción financiera. La guerra es el culmen de la financiarización: un
“evento masivo de liquidez” donde la destrucción y el caos generan nuevas
oportunidades de inversión. Vighi menciona la “coreografía algorítmica de los
ataques a Irán y las narrativas cuidadosamente construidas en torno a Ormuz”
como ejemplos de cómo el gasto militar, la infraestructura digital y la
manipulación financiera forman una maquinaria cuyo objetivo es la gestión de
crisis.
La multipolaridad geopolítica no ofrece por sí misma una
solución si sigue dentro de las categorías internas del capitalismo. Vighi
rechaza “la ilusión de que un poder global más equilibrado podría estabilizar
el capitalismo” y sostiene que “el capitalismo multipolar sigue siendo
capitalismo”.
Las decisiones de los bancos centrales reflejan el callejón
sin salida: una política estricta amenaza con la recesión, una política laxa
infla burbujas. El debate sobre la inflación ignora el colapso de la
asequibilidad: “el problema no es que los precios suban demasiado rápido, sino
que la vida se ha vuelto inasequible”. Cada intervención pospone la crisis y
eleva la contradicción a otro nivel.
Vighi no cree que la salvación provenga de la
multipolaridad, las monedas digitales o la inteligencia artificial. Estos
cambios no ayudan si no llevan fuera del capitalismo. La única esperanza, según
el académico italiano, es que “la irracionalidad catastrófica del sistema”
genere una vía de escape de una lógica que destruye las bases de la sociedad.
El único obstáculo es el “apego ilusorio de las personas a una constelación que
se derrumba”.
Sin embargo, el análisis de Vighi no está exento de
problemas. Condena el capitalismo, pero no ofrece una alternativa concreta: la
única esperanza es esperar la catástrofe. Vighi también ignora modelos
existentes, como la economía socialista de mercado de China. El debate sobre el
colapso del capitalismo deja abierta la pregunta de qué tipo de orden mundial
podría surgir en su lugar, y quién lo construiría.
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