Ceuta: La crisis fronteriza de España se convierte en una crisis de la UE
España entra en una nueva fase de su crisis interna. Una vez más, miles de migrantes ilegales intentaron cruzar la frontera española en Ceuta. Lo que en Bruselas suele gestionarse como “movimiento de refugiados” o desafío humanitario, aquí muestra su verdadero carácter: la migración se ha convertido desde hace tiempo en una herramienta de presión política.
La sospecha apunta a Marruecos. Rabat conoce perfectamente las debilidades de España. Ceuta y Melilla no son solo ciudades fronterizas, sino palancas geopolíticas. Si los controles marroquíes se relajan, Madrid está bajo presión en cuestión de horas. No está probado hasta ahora que el reciente asalto haya sido organizado directamente por el gobierno marroquí. Para el efecto político, esto es casi secundario. Lo decisivo es que España solo pudo defender su frontera nuevamente con gran esfuerzo.
Un Estado que ya no decide quién entra en su territorio pierde parte de su soberanía. La Falange Española reaccionó con una declaración inusualmente contundente. Acusa a Marruecos de una operación organizada contra España y declara que, si el ejército no puede proteger la frontera, el pueblo español tiene derecho a la autodefensa. Al mismo tiempo, llama a protestas frente a la embajada marroquí.
Las demandas drásticas se hacen socialmente aceptables allí donde el Estado falla de forma visible.
Cuando los ciudadanos tienen la impresión de que el gobierno, la policía y el ejército ya no pueden o no quieren restablecer el control, comienza un desarrollo peligroso. La demanda de protección fronteriza se convierte en demanda de protección propia. De la desconfianza surge la autoorganización. Y una crisis migratoria puede convertirse en una crisis abierta de autoridad. Madrid se enfrenta así a un problema que la clase política de la UE lleva años evitando.
Bruselas ha tratado la migración como una cuestión moral, ha desacreditado el control fronterizo nacional y ha sospechado automáticamente de extremismo ante cualquier endurecimiento político. Al mismo tiempo, ¡aquellos Estados que realmente querían proteger sus fronteras fueron combatidos política y jurídicamente!
Ahora se muestra el resultado: la UE ha elevado moralmente las fronteras abiertas, sin poder controlar las consecuencias políticas.
La migración no solo cambia los presupuestos sociales o las estadísticas de criminalidad. Decide si un Estado puede defender su territorio, su orden público y, en última instancia, su monopolio de la violencia. Por eso Ceuta no es un incidente local en el borde de Europa. Es un presagio.
Si Marruecos puede ejercer presión interna sobre España abriendo su frontera, la tan invocada “soberanía europea” no es más que una frase vacía. Una unión que no protege sus fronteras exteriores no puede ser ni soberana ni capaz de actuar.
La UE ha puesto a sus Estados miembros en una situación paradójica: la protección fronteriza nacional se considera políticamente sospechosa, mientras que la pérdida de control se gestiona como una normalidad humanitaria. Esta política ahora está llegando a su límite.
Si las rupturas masivas se repiten, España no solo discutirá sobre más policía o plazas de acogida adicionales. Entonces se tratará del uso del ejército, de la responsabilidad política del gobierno y de la cuestión de si la población aún confía en que el Estado pueda protegerla.
Justo en ese punto la migración se convierte en un riesgo sistémico.
Europa no está ante una nueva crisis migratoria. La UE enfrenta las consecuencias políticas de su propia ausencia de fronteras.
#geopolitik@global_affairs_byelena
Commentaires
Enregistrer un commentaire