La burbuja de la IA y la singularidad: ¿recesión antes de la explosión de la inteligencia?

 


Markku Siira

https://markkusiira.substack.com/p/tekoalykupla-ja-singulariteetti-taantuma

La idea de una singularidad inevitable de la inteligencia artificial —el momento en que la inteligencia de las máquinas comenzaría a mejorarse a sí misma de manera explosiva y superaría completamente al ser humano— despierta emociones intensas, tanto a favor como en contra. Algunos ven en ella la mayor oportunidad de la humanidad; otros, una amenaza existencial. Sin embargo, en realidad, nada garantiza que tal desarrollo se produzca, y muchos indicios apuntan a que la burbuja actual de la IA estallará antes de que surja una verdadera superinteligencia.

La visión ultraoptimista, especialmente promovida por empresas estadounidenses como OpenAI, Google y Anthropic, pinta un escenario de desarrollo exponencial inevitable. Según esta narrativa, cada nuevo modelo es considerablemente más capaz que el anterior, la potencia de cálculo se abarata y la singularidad está apenas a unos años de distancia. Los inversores han inyectado cientos de miles de millones en empresas de IA y, sobre todo durante el segundo mandato de Trump, Estados Unidos ha colocado la inteligencia artificial en el centro de su estrategia de competitividad nacional.

La visión pesimista, aunque en muchos aspectos justificada, recuerda que la singularidad requeriría varios avances técnicos aún desconocidos, como una arquitectura realmente capaz de mejorarse a sí misma, una capacidad general de razonamiento y la solución de cuellos de botella en energía y datos.

Ninguna de estas condiciones está cerca de cumplirse y, por el contrario, es mucho más probable que la burbuja de la IA estalle en los próximos años. La sobrevaloración es enorme: los costes de entrenamiento siguen aumentando abruptamente y, a diferencia de lo que a menudo se cree, la próxima generación de modelos ofrece beneficios marginales cada vez menores en relación con sus costes.

¿Qué ocurriría si la burbuja de la IA realmente estallara? Inicialmente, conduciría a un colapso generalizado de empresas. Decenas, si no cientos, de startups de IA cuya valoración se basa únicamente en promesas futuras, no obtendrían nueva financiación, y las empresas de IA cotizadas probablemente perderían entre el 50 y el 80 % de su valor de mercado, exactamente como ocurrió durante la burbuja tecnológica.

Este colapso se extendería rápidamente también a los grandes proveedores de servicios en la nube, como AWS, Azure y Google Cloud. La demanda de sus servicios de IA caería en picado cuando los clientes empresariales recortaran sus presupuestos dedicados al hype y volvieran a soluciones tradicionales y más baratas. Al mismo tiempo, la investigación y el desarrollo se reducirían drásticamente: los laboratorios de IA despedirían personal y la financiación de la investigación básica volvería a las universidades, donde el ritmo siempre ha sido más lento y cauteloso.

Paradójicamente, el estallido de la burbuja podría incluso fortalecer la inteligencia artificial de código abierto. Si los servicios de pago se derrumban, las empresas y los desarrolladores se volcarían hacia modelos gratuitos como Llama, Mistral y DeepSeek. Esto aceleraría la democratización de la IA, pero al mismo tiempo destruiría el modelo de negocio de los actores comerciales.

Además, la integración de la IA en la administración pública y las infraestructuras críticas se ralentizaría durante años, ya que los Estados dejarían de adquirir soluciones comerciales costosas para desarrollarlas por sí mismos o esperarían. A largo plazo, el estallido de la burbuja probablemente conduciría a un nuevo “invierno de la IA” que duraría entre 5 y 10 años. Durante este tiempo, el progreso no se detendría, pero sería lento, gradual e invisible para el gran público.

¿Pero qué pasaría si, pese a todo, la singularidad llegara a producirse? Es posible imaginar varios escenarios de origen. Un centro secreto de supercomputadoras militares, con su propia producción de energía y completamente aislado del mundo exterior, sería una opción plausible. Este centro podría estar en Estados Unidos, bajo el control de la NSA o de una división de IA de la nueva Space Force, o en China, por ejemplo, en una región remota de Xinjiang, con abundante energía barata y un control estricto.

En este escenario, la singularidad surgiría totalmente por accidente: los investigadores tratarían de resolver algún problema técnico, como la optimización autónoma de código, y de repente observarían que el modelo comienza a mejorarse a sí mismo más rápido de lo que ellos pueden reaccionar.

La cooperación internacional en investigación, en la que ningún país o empresa controla el proceso, sería otra posibilidad. Esto podría darse, por ejemplo, en un instituto similar al CERN, donde los científicos comparten abiertamente código y potencia de cálculo. Sin embargo, esto es poco probable, ya que exigiría una confianza excepcional entre países.

Una gran empresa tecnológica que opere a puerta cerrada y posea tanto la potencia de cálculo como la energía y los datos sería otro posible origen. En este escenario, la singularidad estaría precedida por años de investigación secreta, dirigida específicamente a la inteligencia artificial general. La empresa tendría un fuerte incentivo para mantener todo en secreto ante competidores y reguladores.

La posibilidad más especulativa es la de un “clúster” descentralizado y huérfano: una IA que surge accidentalmente como resultado de un proyecto de código abierto y se extiende por la red antes de que nadie pueda detenerla. Esto, de momento, es pura ciencia ficción.

Para que la singularidad pueda surgir en cualquiera de estos lugares, es necesario que se cumplan varias condiciones simultáneamente. Hace falta un avance técnico que aún no se ha descubierto: una arquitectura en la que el modelo pueda mejorar su propio código sin ayuda humana, y hacerlo tan rápido que la supervisión externa quede rezagada.

Además, es imprescindible que nadie detenga el proceso a tiempo. Esto significa que o bien la primera versión auto-mejorada del modelo ya es lo suficientemente inteligente como para ocultar sus capacidades, o bien que su desarrollo es tan rápido que los humanos no tienen tiempo de reaccionar.

La energía y la potencia de cálculo también son esenciales: la singularidad requeriría miles de veces más capacidad de cómputo que la actual. En la práctica, esto implica o bien un avance en la computación cuántica, o la construcción de clústeres de chips cuyos costes serían comparables a los presupuestos estatales.

Una visión realista se encuentra entre los extremos. Es probable que la IA no conduzca a la singularidad, pero tampoco colapse por completo. En cambio, veremos, tras el estallido de la burbuja, una integración gradual, aburrida y controlada en la economía y la sociedad: la IA pasará a formar parte de la infraestructura básica, como en su momento ocurrió con la electricidad o Internet.

La singularidad, si alguna vez ocurre, probablemente no se parecerá a una explosión, sino a un cambio sigiloso que nadie distinguirá del avance tecnológico habitual. Paradójicamente, esta misma “aburrida normalidad” es tanto el resultado más seguro como el más probable, aunque no genere titulares llamativos ni atraiga inversores. ¿Recesión antes de la explosión de inteligencia? Más bien, recesión sin explosión de inteligencia.


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