El mago sin poder: Vladislav Surkov en la imaginación política occidental

 


Markku Siira

https://markkusiira.substack.com/p/velho-vailla-valtaa-vladislav-surkov

El debate político occidental lleva mucho tiempo padeciendo la incapacidad de ver a Rusia como un actor histórico independiente. En su lugar, Rusia se ha convertido en una imagen especular sobre la que se proyectan los propios miedos y rasgos reprimidos. Vladislav Surkov ha sido una figura central en este relato: símbolo de cinismo, simulación y ejercicio del poder en nombre de la democracia.

Surkov fue, en las décadas de 2000 y 2010, uno de los principales operadores en la sombra del Kremlin. Llegó a ser primer subjefe de la administración presidencial, se desempeñó como viceprimer ministro entre 2011 y 2013, y después asumió como asesor del presidente la responsabilidad de Ucrania y las zonas en conflicto de Abjasia y Osetia del Sur. Fue destituido de sus funciones en febrero de 2020, pero ocasionalmente ha continuado comentando temas geopolíticos en sus columnas.

En el discurso occidental, Surkov sigue vivo como una misteriosa figura de poder tras las bambalinas. Ha llegado incluso a la cultura popular occidental: en la película de Olivier Assayas (2025) basada en la exitosa novela “El mago del Kremlin” (2022) de Giuliano da Empoli aparece un personaje que recuerda a Surkov.

En una entrevista con el semanario francés L’Express, Surkov resumía el núcleo geopolítico de Rusia: el país se expande “hasta donde Dios lo permite” y la Russki mir, el mundo ruso, se extiende a todo lugar donde alcance su influencia. Califica a Ucrania como un “cuasi-Estado artificial que debe dividirse en sus partes naturales”.

El análisis de Surkov va aún más lejos. Critica a la UE como una “estructura hinchada e indecisa” que, según él, probablemente acabará por disolverse. En Estados Unidos ve a Trump más próximo ideológicamente a Putin que a los líderes europeos.

Sobre la base de estas dinámicas, Surkov ha esbozado una “gran norte”, un clúster geopolítico que se basaría en un código metacultural común entre Rusia, Europa y Estados Unidos. Sin embargo, esa visión resulta hoy lejana, pues contradice la línea oficial rusa de apostar por las relaciones con el Sur global.

Los orígenes y gustos de Surkov —champán, los “drip paintings” de Jackson Pollock, la poesía beat de Allen Ginsberg y el gangsta rap de Tupac Shakur— reflejan un individualismo bohemio occidental que la actual línea conservadora rusa rechaza al menos en el discurso. Es precisamente esta contradicción la que lo convierte en Occidente en una figura fascinante pero al mismo tiempo poco fiable.

En Occidente, Surkov ha sido presentado como el arquitecto del autoritarismo posmoderno, que convirtió la política en un reality show. El sistema ruso se retrata como pura representación. Este relato ha sido eficaz porque explica por qué Rusia no se comporta como se espera. Se ha llamado a Surkov un estratega peligroso que domina el arte de la “ilusión armada”.

Sin embargo, esta interpretación contiene distorsiones significativas. También en Occidente, los procesos políticos están fuertemente guionizados y el verdadero poder reside a menudo en estructuras sobre las que las elecciones tienen poca influencia. Surkov aprendió en los años 90, como asesor del oligarca Khodorkovski y en el mundo empresarial, cómo se ejerce realmente el poder.

A menudo se describe a Rusia como un país con dificultades para enfrentarse a su propia historia. Tal comparación revela el núcleo de la guerra informativa: en Occidente se presume haber resuelto el pasado, mientras que en Rusia reinaría un caos eterno. Los orígenes multiétnicos de Surkov —padre checheno, madre rusa— encajan perfectamente en ese relato exotizante donde Rusia aparece como un eterno mestizo entre Oriente y Occidente.

En el pensamiento de Surkov destaca la gestión de la entropía. Utiliza una analogía de la termodinámica para describir cómo el caos crece en un sistema cerrado. La tarea de un Estado fuerte es contener la “entropía social”, ese caos que aumenta inevitablemente si no se controla activamente. Ha descrito el sistema político ruso como un “reactor social que funciona bien”, cuyo sometimiento a experimentos liberales sería peligroso.

En una entrevista con Financial Times (2021), Surkov comparó a Vladimir Putin con el emperador romano Augusto y afirmó que “una sobredosis de libertad es mortal para el Estado”. También ha declarado que Rusia “necesita un zar”. Según Surkov, la década de 2000 fue en Rusia una edad de oro de la estabilidad, en la que el país se recuperó del caos de los noventa y de los traumas de la perestroika.

Sin embargo, cree que el aumento del caos es inevitable, porque el Estado no puede satisfacer todas las expectativas de los ciudadanos. Surkov advierte contra abrir el sistema político para calmar la agitación: en su opinión, esto podría llevar a una explosión incontrolable y a una inestabilidad irreversible, como muestran los acontecimientos de los años 80 y 90.

Como ejemplo concreto de los problemas del liberalismo, Surkov señala el desplazamiento del pensamiento occidental desde problemas reales —como la inmigración, la criminalidad y la pobreza— hacia cuestiones ficticias como la diversidad de género y la emancipación sexual. Considera que el liberalismo se ha degradado en un teatro libertario que busca continuamente nuevos grupos “oprimidos” a los que liberar. Según Surkov, Rusia derrotó al liberalismo ya a principios de los años 2000.

Para Surkov, Rusia ha sobrevivido durante siglos solo esforzándose por ir más allá de sus fronteras; la expansión es, a su juicio, un requisito existencial. Las técnicas imperiales siguen funcionando, solo que los imperios ahora se llaman grandes potencias. La anexión de Crimea es para Surkov un ejemplo de cómo los acontecimientos exteriores pueden reforzar la unidad interna.

Ve a Estados Unidos como “el mayor generador de disturbios de la política mundial”, para quien la inestabilidad ha sido “una marca rentable”. Surkov califica al dólar como el “virus del caos”, que propaga burbujas financieras y desequilibrios en todo el mundo. Según él, las revoluciones de colores y las intervenciones no han terminado, sino que continúan en cuanto los países objetivo bajan la guardia.

Surkov también ha advertido sobre las tensiones internas en China: en su opinión, la moderación del país oculta “enormes reservas de caos”. Compara a China con el volcán Vesubio: todo parece estar bien en la superficie, pero una erupción podría ser devastadora.

Los ejemplos históricos son para Surkov una fuente de decepción. Tanto la Paz de Westfalia, como el Congreso de Viena y la Conferencia de Yalta solo tuvieron éxito “cuando el caos había alcanzado un nivel infernal”. Para el “cardenal gris”, sería necesaria una nueva redistribución de esferas de influencia. “Si no se alcanza un acuerdo, las corrientes tormentosas generadas por las superpotencias empezarán a chocar y crearán tormentas geopolíticas devastadoras. Para evitar tales colisiones, cada corriente debe canalizarse en su propia dirección”, sostiene.

Mientras tanto, el mundo “disfruta de un momento de multipolaridad, un desfile de nacionalismos y soberanías tras la caída de la URSS”. En el siguiente ciclo histórico, la globalización y la internacionalización volverán y superarán esta “oscura multipolaridad”. Entonces, Rusia ocupará su lugar en el nuevo orden mundial, “como uno de los pocos globalizadores”, según dice Surkov.

Surkov no afirma que el modelo ruso sea moralmente mejor, sino simplemente que es el más funcional en sus propias circunstancias. Su mayor “crimen” no es ejercer el poder en secreto, sino decir en voz alta cosas que Occidente no quiere oír. En su figura se refleja todo aquello que se quiere negar en el propio sistema. La verdadera cuestión no es quién tiene razón, sino quién es más honesto consigo mismo.

En torno a Surkov circulan periódicamente rumores que dicen mucho sobre su posición. En los primeros tiempos de la guerra de agresión rusa se afirmó que estaba bajo arresto domiciliario debido a una investigación sobre malversación de fondos en Donbás. Más tarde, canales de Telegram informaron de que había huido de Rusia para evitar una investigación penal inminente.

La respuesta de Surkov a tales afirmaciones fue típica: “No tengo constancia de haber salido de Rusia”. El Kremlin también dijo no saber que Surkov hubiera abandonado el país. Las afirmaciones sobre arresto domiciliario o fuga no se han confirmado, y el comentario irónico de Surkov ilustra bien esa indefinición y pluralidad de interpretaciones que han acompañado su imagen pública a lo largo de su carrera.

 

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