¡Basta de sanciones, basta de guerra económica!

https://www.lafionda.org/2025/05/28/basta-sanzioni-basta-guerra-economica/
Por una campaña que apoye el fin de las sanciones contra
Rusia y contra otros países
Desde febrero de 2022, Estados Unidos y la Unión Europea han
impuesto a Rusia el régimen de sanciones más duro de la historia contemporánea,
agravando el ya existente desde 2014. El objetivo declarado era “poner de
rodillas a la economía rusa”, aislar al país del sistema económico global,
minar su capacidad de sostener el esfuerzo bélico y, a largo plazo, favorecer
un cambio de régimen en Rusia. Más de tres años después, es evidente: este plan
ha fracasado estrepitosamente.
No solo Rusia no se ha derrumbado, sino que ha reorientado
su comercio hacia Asia y la órbita BRICS+, ha mantenido su economía activa e
incluso ha incrementado su superávit comercial. Según los datos publicados por
la propia Comisión Europea, las exportaciones rusas de materias primas han
seguido generando beneficios récord, mientras que la industria interna ha
reconvertido su producción. La tan esperada recesión no se ha materializado: la
economía rusa sufrió una ligera caída y luego volvió a crecer. Quienes han
fracasado han sido, en cambio, los países que aplicaron las sanciones.
Italia: víctima de un efecto boomerang económico
El caso italiano es emblemático. En 2022, mientras se decía
que las sanciones golpearían a Moscú, Italia veía explotar su déficit
comercial, colapsar su balanza energética y dispararse la inflación a niveles
no vistos en décadas. El déficit de la balanza energética pasó de -48.000
millones a -110.000 millones en un solo año. Dos tercios de nuestro déficit
comercial total en 2022 fueron causados precisamente por el intercambio con
Rusia, con un agujero récord de -21.300 millones de euros. Y esto mientras las
exportaciones hacia Moscú se desplomaban.
¿El resultado? Energía más cara para empresas y familias,
caída de la producción, pérdida de competitividad, estancamiento económico y
empobrecimiento generalizado. La pobreza absoluta ha vuelto a aumentar,
alcanzando casi el 10% de la población. Los salarios reales han caído,
especialmente para los trabajadores con ingresos bajos. La inflación ha
erosionado los ahorros de las familias y las políticas restrictivas del BCE han
hecho el resto, ralentizando aún más el crecimiento y agravando el peso de la
deuda pública.
Autosanciones: un suicidio económico premeditado
Ante estas cifras, solo podemos hablar de “autosanciones”.
El gobierno italiano y la Unión Europea han aplicado medidas que les han
perjudicado más a sí mismos que al país que pretendían golpear. La narrativa de
una Unión Europea compacta y resuelta en la defensa de los valores y la
democracia ha colapsado ante la cruda realidad: las sanciones han servido para
someter las economías nacionales a la voluntad de Washington y de las élites de
Europa occidental.
Pero hay más, porque las sanciones forman parte de una estrategia
más amplia de las clases dirigentes europeas: una guerra desde arriba contra
trabajadores, pensionistas y familias. Bajo el pretexto de la emergencia bélica
se justifican austeridad, recortes en el gasto, inflación, subidas de los tipos
de interés y precarización laboral. El resultado es una transferencia adicional
de riqueza de abajo hacia arriba, la erosión del estado del bienestar y el
aumento de las desigualdades. Las sanciones no son solo una herramienta
geopolítica, sino también un dispositivo para disciplinar a las sociedades
europeas.
¿Por qué se sigue adelante, a pesar del fracaso?
Si es tan evidente que las sanciones no han funcionado, ¿por
qué se persiste? ¿Por qué, en enero de 2025, la Comisión Europea aprobó el
decimosexto paquete? La respuesta es simple: las sanciones no solo sirven – en
teoría – para golpear a un enemigo externo, sino para remodelar el orden
interno. Sirven para reforzar la subordinación de la Unión Europea a Estados
Unidos. Sirven para comprimir los márgenes de autonomía política, social y
económica de los Estados nacionales y legitimar un modelo cada vez más
autoritario.
Las sanciones: un instrumento de guerra
No lo olvidemos: las sanciones son, en todos los aspectos,
un instrumento de guerra. Un arma con efectos potencialmente tan devastadores
como los bombardeos. Así lo demuestran los casos de Cuba, Venezuela, Irán:
países en los que décadas de embargo han destruido la economía y golpeado
duramente a la población civil. En el caso ruso, la potencia y el tamaño de la
economía han impedido el colapso, a pesar de las intenciones. No es casualidad
que Rusia haya puesto la retirada de las sanciones como precondición para un
acuerdo de paz duradero.
En este sentido, Italia no solo participa militarmente en la
guerra por delegación contra Rusia. También está involucrada económicamente,
aplicando desde hace años sanciones que sirven de complemento a la estrategia
bélica de la OTAN, con el único resultado de autoinfligirse daño. En nombre de
una política que no defiende nuestros intereses, sino que los sacrifica.
Una salida: el levantamiento de las sanciones, la búsqueda
de la paz
A la luz de lo expuesto, ha llegado el momento de cambiar de
rumbo. Italia debe salir de la lógica de la guerra permanente, tanto militar
como económica. Debe recuperar su soberanía, defender su interés nacional,
proteger el bienestar de sus ciudadanos. Por eso pedimos la retirada inmediata
de las sanciones contra Rusia y contra los demás países sometidos a ellas, el
fin de la participación italiana en la guerra económica y el inicio de una
iniciativa diplomática por la paz.
Solo así Italia podrá volver a crecer, invertir y garantizar
dignidad y seguridad a las familias y los trabajadores. Solo así podrá librarse
de la marginalidad suicida en la que la ha confinado una clase política sumisa
a intereses ajenos. Y solo así podrá contribuir de manera constructiva a la
seguridad y estabilidad de Europa.
¡Detengamos el autolesionismo económico! ¡Basta de
sanciones!
¡Por la paz, por el futuro, por Italia!
Para adherirse al llamamiento, rellene el formulario: https://forms.gle/LXBJ8ZkC8wzntmno9
Para más información, escriba a: bastasanzioni@gmail.com
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