«Aman a la Humanidad… pero no a los humanos: por qué la ideología universalista rechaza el aire acondicionado y acelera la eutanasia»

Gastel Etzwane
https://www.facebook.com/Son.Altesse.Emmanuel
Para comprender estas posturas ideológicas, especialmente
sobre el aire acondicionado y la “ayuda para morir”, es necesario remitirse a
un estudio científico preciso y muy esclarecedor.
En 2019, investigadores (Adam Waytz, Ravi Iyer, Liane Young,
Jonathan Haidt y Jesse Graham) publicaron en la revista Nature Communications
una serie de siete estudios que involucraron a más de 13,000 personas. Buscaron
cartografiar lo que llaman el círculo moral: una serie de círculos concéntricos
que representan el alcance de nuestra preocupación moral y nuestra compasión.
Imagina círculos que van desde el más cercano hasta el más
lejano:
• Yo mismo y mi
familia inmediata
• Mis amigos cercanos
• Mi comunidad o mi
nación
• El mundo entero /
la humanidad
• Los animales, la
naturaleza, el bosque
• “Todos los seres
del universo”
Los investigadores pidieron a los participantes que
distribuyeran su preocupación moral entre estos círculos (a través de
puntuaciones de amor, asignaciones de “unidades de compasión” o elecciones
entre diferentes objetivos). El resultado fue muy claro y reproducible: emergen
dos lógicas opuestas según la orientación ideológica.
Las personas de sensibilidad más conservadora concentran su
compasión en los círculos cercanos, concretos y definidos: la familia, los
seres queridos, la nación, los seres humanos ante todo.
Las personas de sensibilidad progresista (liberales en el
sentido anglosajón) extienden mucho más su círculo moral: otorgan una
preocupación significativa a los círculos lejanos y abstractos (el mundo, la
humanidad en general, los animales, el planeta, las generaciones futuras). Los
autores llaman a esto universalismo frente a arraigo.
El punto más importante, y a la vez contraintuitivo, del
estudio es que esta distribución tiene un costo. La preocupación moral no es
infinitamente extensible: cuando se desplaza masivamente la atención y la
empatía hacia los círculos exteriores y abstractos, necesariamente se resta de
los círculos interiores y concretos.
Es un mecanismo de exclusión: no se puede otorgar la misma
intensidad de cuidado a la selva amazónica y al vecino anciano que se asfixia
en un hospital sin aire acondicionado. El estudio lo demuestra
experimentalmente en tareas de asignación, donde los participantes deben
distribuir una cantidad limitada (o ilimitada) de “compasión”.
En resumen: el universalista tiene un círculo moral más
amplio, pero a menudo más diluido y difuso. Puede mostrar una gran empatía por
causas lejanas y simbólicas, pero ser relativamente menos sensible al sufrimiento
inmediato y concreto de las personas con las que realmente convive. En cambio,
el arraigado invierte más intensamente en lo que puede ver, tocar y ayudar
directamente.
Este mecanismo psicológico es exactamente el que ilumina dos
debates actuales en Francia.
Sobre el aire acondicionado: una ministra y parte del
gobierno resisten ferozmente la expansión del aire acondicionado en hospitales
y lugares públicos en nombre de la lucha contra el calentamiento global. El
argumento clásico (“esto no impedirá un incendio forestal, la desaparición de
especies ni la muerte de animales”) es revelador. La preocupación moral se
dirige hacia entidades abstractas y lejanas (el clima global, la biodiversidad
planetaria). En consecuencia, se vuelve casi ciega ante el sufrimiento real e
inmediato de las personas mayores, los enfermos y el personal sanitario que se
asfixian durante las olas de calor. Se sacrifica lo concreto (el confort y la
salud de seres humanos reales aquí y ahora) en nombre de lo abstracto.
Sobre la “ayuda para morir”: la misma lógica se aplica
cuando se impulsa esta ley a marchas forzadas, a pesar de la oposición
mayoritaria de los profesionales de la salud. En lugar de invertir masivamente
en cuidados paliativos, camas, personal y condiciones dignas (¡incluyendo el
aire acondicionado en los hospitales!), se propone como solución prioritaria la
muerte médicamente asistida. Es el ideal abstracto (“dignidad”, “autonomía”,
“progreso”) el que prevalece sobre la reparación concreta del sistema. Las personas
vulnerables (personas mayores, discapacitados intelectuales, adultos
protegidos) son tratadas como categorías o argumentos ideológicos, en lugar de
como individuos reales cuyas condiciones de vida deberían mejorarse primero.
En ambos casos, se observa el mismo desplazamiento: una
empatía que se expresa magníficamente por causas lejanas y simbólicas, pero que
tiene dificultades para concretarse en las personas reales que sufren aquí y
ahora.
Como dice el estudio: «El amor por la Humanidad es
precisamente lo que exime de amar a los hombres».
Este funcionamiento psicológico recuerda, por cierto, de
manera llamativa al estilo macroniano: grandes relatos universalistas y
abstractos (transición ecológica planetaria, soberanía europea, refundación
social) que a menudo pasan por delante de las realidades concretas e inmediatas
de los franceses (hospitales en crisis desde 2019, olas de calor sin aire
acondicionado, sufrimiento de los sanitarios). La ideología se vuelve más
importante que las personas a las que se supone que debe servir.
Así, el estudio pone de relieve un mecanismo del que el
poder se aprovecha plenamente: convencer a los ciudadanos de que renunciar a
sus propios intereses constituye una exigencia moral en nombre de causas
consideradas superiores. Esta retórica de la buena conciencia oculta una
realidad mucho más prosaica: a fuerza de pedir a los franceses que antepongan
al resto del mundo antes que a sí mismos, son su seguridad, su prosperidad y su
calidad de vida las que retroceden, año tras año.
Commentaires
Enregistrer un commentaire