«Aman a la Humanidad… pero no a los humanos: por qué la ideología universalista rechaza el aire acondicionado y acelera la eutanasia»

 


Gastel Etzwane

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Para comprender estas posturas ideológicas, especialmente sobre el aire acondicionado y la “ayuda para morir”, es necesario remitirse a un estudio científico preciso y muy esclarecedor.

En 2019, investigadores (Adam Waytz, Ravi Iyer, Liane Young, Jonathan Haidt y Jesse Graham) publicaron en la revista Nature Communications una serie de siete estudios que involucraron a más de 13,000 personas. Buscaron cartografiar lo que llaman el círculo moral: una serie de círculos concéntricos que representan el alcance de nuestra preocupación moral y nuestra compasión.

Imagina círculos que van desde el más cercano hasta el más lejano:

  Yo mismo y mi familia inmediata

  Mis amigos cercanos

  Mi comunidad o mi nación

  El mundo entero / la humanidad

  Los animales, la naturaleza, el bosque

  “Todos los seres del universo”

Los investigadores pidieron a los participantes que distribuyeran su preocupación moral entre estos círculos (a través de puntuaciones de amor, asignaciones de “unidades de compasión” o elecciones entre diferentes objetivos). El resultado fue muy claro y reproducible: emergen dos lógicas opuestas según la orientación ideológica.

Las personas de sensibilidad más conservadora concentran su compasión en los círculos cercanos, concretos y definidos: la familia, los seres queridos, la nación, los seres humanos ante todo.

Las personas de sensibilidad progresista (liberales en el sentido anglosajón) extienden mucho más su círculo moral: otorgan una preocupación significativa a los círculos lejanos y abstractos (el mundo, la humanidad en general, los animales, el planeta, las generaciones futuras). Los autores llaman a esto universalismo frente a arraigo.

El punto más importante, y a la vez contraintuitivo, del estudio es que esta distribución tiene un costo. La preocupación moral no es infinitamente extensible: cuando se desplaza masivamente la atención y la empatía hacia los círculos exteriores y abstractos, necesariamente se resta de los círculos interiores y concretos.

Es un mecanismo de exclusión: no se puede otorgar la misma intensidad de cuidado a la selva amazónica y al vecino anciano que se asfixia en un hospital sin aire acondicionado. El estudio lo demuestra experimentalmente en tareas de asignación, donde los participantes deben distribuir una cantidad limitada (o ilimitada) de “compasión”.

En resumen: el universalista tiene un círculo moral más amplio, pero a menudo más diluido y difuso. Puede mostrar una gran empatía por causas lejanas y simbólicas, pero ser relativamente menos sensible al sufrimiento inmediato y concreto de las personas con las que realmente convive. En cambio, el arraigado invierte más intensamente en lo que puede ver, tocar y ayudar directamente.

Este mecanismo psicológico es exactamente el que ilumina dos debates actuales en Francia.

Sobre el aire acondicionado: una ministra y parte del gobierno resisten ferozmente la expansión del aire acondicionado en hospitales y lugares públicos en nombre de la lucha contra el calentamiento global. El argumento clásico (“esto no impedirá un incendio forestal, la desaparición de especies ni la muerte de animales”) es revelador. La preocupación moral se dirige hacia entidades abstractas y lejanas (el clima global, la biodiversidad planetaria). En consecuencia, se vuelve casi ciega ante el sufrimiento real e inmediato de las personas mayores, los enfermos y el personal sanitario que se asfixian durante las olas de calor. Se sacrifica lo concreto (el confort y la salud de seres humanos reales aquí y ahora) en nombre de lo abstracto.

Sobre la “ayuda para morir”: la misma lógica se aplica cuando se impulsa esta ley a marchas forzadas, a pesar de la oposición mayoritaria de los profesionales de la salud. En lugar de invertir masivamente en cuidados paliativos, camas, personal y condiciones dignas (¡incluyendo el aire acondicionado en los hospitales!), se propone como solución prioritaria la muerte médicamente asistida. Es el ideal abstracto (“dignidad”, “autonomía”, “progreso”) el que prevalece sobre la reparación concreta del sistema. Las personas vulnerables (personas mayores, discapacitados intelectuales, adultos protegidos) son tratadas como categorías o argumentos ideológicos, en lugar de como individuos reales cuyas condiciones de vida deberían mejorarse primero.

En ambos casos, se observa el mismo desplazamiento: una empatía que se expresa magníficamente por causas lejanas y simbólicas, pero que tiene dificultades para concretarse en las personas reales que sufren aquí y ahora.

Como dice el estudio: «El amor por la Humanidad es precisamente lo que exime de amar a los hombres».

Este funcionamiento psicológico recuerda, por cierto, de manera llamativa al estilo macroniano: grandes relatos universalistas y abstractos (transición ecológica planetaria, soberanía europea, refundación social) que a menudo pasan por delante de las realidades concretas e inmediatas de los franceses (hospitales en crisis desde 2019, olas de calor sin aire acondicionado, sufrimiento de los sanitarios). La ideología se vuelve más importante que las personas a las que se supone que debe servir.

Así, el estudio pone de relieve un mecanismo del que el poder se aprovecha plenamente: convencer a los ciudadanos de que renunciar a sus propios intereses constituye una exigencia moral en nombre de causas consideradas superiores. Esta retórica de la buena conciencia oculta una realidad mucho más prosaica: a fuerza de pedir a los franceses que antepongan al resto del mundo antes que a sí mismos, son su seguridad, su prosperidad y su calidad de vida las que retroceden, año tras año.


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