«Terza Posizione» y «Revolución Conservadora» – ¡Construir el frente transversal de la resistencia!

Werner Olles
Si el destino del nacionalsocialismo fue confiar el Estado a
adolescentes tardíos y en su mayoría drogadictos profesionales, que abusaron de
su poder de manera vergonzosa, hoy vemos, con el régimen del liberalismo, una
clase político-mediática que, en su vergonzosa falta de espíritu, incompetencia
y grotesca primitividad, no puede entender de ninguna manera que el mundo
político está lleno de problemas, al igual que la vida, y que el ser humano es
una criatura sumamente problemática, peligrosa y al mismo tiempo amenazada.
Pero el dominio de los enanos, en su arrogancia frente al verdadero soberano,
los ciudadanos, ha contemplado la castración definitiva del Estado alemán y su
absorción en un monstruo dictatorial llamado Unión Europea. Para este fin, la
RFA, como entidad estatal que no genera ni merece respeto, obediencia o estima
alguna, no solo es capaz de una ruptura única con la civilización y un colapso
cultural, como hemos vivido desde 2015 hasta hoy con la inmigración masiva
ilegal y sus consecuencias negativas visibles para todos los ciudadanos, sino
que su propaganda irresponsable, apoyada por la UE y la OTAN, y su belicismo
contra la Federación Rusa, representa una amenaza existencial para la paz en
Europa.
En realidad, no debemos subestimar el grado de estupidez de
nuestra población causado por la televisión pública obligatoria, los medios
estatales y los partidos del cartel. Mientras la RFA hoy se disfraza de
“sociedad civil”, las naciones europeas han creado, con la Comisión Europea, un
monstruo antidemocrático, y con la OTAN una máquina de guerra asesina dirigida
por Estados Unidos, que impulsa su peligrosa agenda rápidamente y sin respeto
por las reglas democráticas y diplomáticas. Se fomenta, con enormes sumas, la
transformación de las naciones europeas en estados del Tercer Mundo
ingobernables. El dictamen de Carl Schmitt, de que el Estado es la unidad
política de un pueblo y no un conglomerado arbitrario de pueblos ajenos a la
cultura, facilita el diagnóstico impactante de que al menos Europa occidental
ya no es un continente de naciones soberanas, pero limitarse solo al
diagnóstico es una medicina pobre e insuficiente.
Lo que necesitamos son más bien terapias, en caso de
emergencia –que ya se ha producido– incluso terapias de choque, que van desde
huelgas generales, manifestaciones masivas, acciones imaginativas y
organización de la resistencia política hasta la salida definitiva de los
monstruos UE y OTAN y la construcción de una “Internacional Europea de Naciones
Soberanas”. Debemos dejar atrás lo que nos oprime, explota, insulta y humilla
diariamente, para crear una renovación que se conecte con las tradiciones
occidentales. Esta nueva “vieja” Europa, que naturalmente incluye a Rusia, se
extenderá desde Lisboa hasta Vladivostok, pero sin la Turquía islamista ni el
Israel sionista.
El imperialismo occidental ha despojado al ser humano de
todo sentido de su existencia, lo ha alejado conscientemente del patriotismo en
el sentido de un “nacionalismo contemplativo” (Ernst von Salomon) y aún más del
sentir corporal, pero lo ha inundado de palabrería vacía y una esterilidad
intelectual que solo puede romperse con una resistencia pura y genuina. Aunque
el rasgo de los grandes problemas suele ser su insolubilidad, y en las
democracias liberales de masas los gobernantes atacan directamente el alma de
sus súbditos, precisamente aquí debe permitirse la pregunta de qué puede
aportar la llamada “Nueva Derecha Intelectual” a la relación decisiva entre
acciones masivas y organización de la lucha política, aparte de una competencia
sin concepto por posiciones políticas obsoletas, la estilización y estetización
de tiempos pasados y, en el mejor de los casos, la presentación de una
recopilación de reseñas.
Según Dominique Venner, la tradición no es el pasado, sino
lo imperecedero. Liberar Europa de su agenda neoliberal es y sigue siendo
nuestra misión. La RFA es solo una pequeña provincia de Europa, pero como
revolucionarios antiburgueses tenemos las mejores narrativas de coraje y
espíritu y la voluntad de resistir. La dicotomía entre neoliberalismo,
capitalismo global y barbarie, por un lado, y la soberanía de los pueblos y
naciones, por el otro, nunca ha dejado de existir y sigue vigente. La formación
de un frente transversal socio-nacional-revolucionario como contraparte a la
dictadura de la plutocracia financiera no solo es el mandato del momento si
queremos conservar o recuperar nuestra libertad, sino también la clásica
Tercera Posición (Terza Posizione) de un anticapitalismo nacional que no se
somete cobardemente al globalismo de los señores del dinero, sino que se
prepara para la próxima guerra civil, se rebela contra las exigencias del
cartel político-mediático dominante y considera el renacimiento de Occidente
como un deber social y nacional-revolucionario.
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