Reseña: «Europa versus Occidente» de Adriano Scianca, salir de la confusión sin perder la soberanía

 


https://lesobservateurs.ch/2026/05/24/recension-europe-versus-occident-adriano-scianca-sortir-de-la-confusion-sans-perdre-souverainete/

Publicado hace dos años, este pequeño opúsculo (88 páginas) titulado Europa versus Occidente, del ensayista italiano Adriano Scianca, llegó a nuestras manos solo recientemente. Una lectura tardía, pero que resuena fuertemente con la actualidad.

Entre la guerra en Ucrania, el regreso de las tensiones entre grandes potencias y la reconstrucción de bloques geopolíticos, algunas certezas vacilan. Este pequeño libro tiene el mérito de plantear de entrada una distinción esencial. Esta distinción, ampliamente retomada y desarrollada en los círculos de reflexión vinculados a la nueva derecha, busca disipar una confusión que estructura hoy gran parte del debate público: la confusión entre civilización, sistema ideológico y construcción política. Confusión, sobre todo, acerca de lo que somos.

Para un lector suizo, esta clarificación no tiene nada de abstracta. Toca directamente una cuestión central: ¿cómo conservar la soberanía en un mundo que tiende a la homogeneización?

Europa, Occidente: realidades que es necesario diferenciar

Una de las principales aportaciones de Scianca es distinguir dos niveles que se confunden permanentemente.

Europa, en primer lugar, es una realidad civilizatoria. Remite a una larga historia, a una herencia griega, romana, cristiana, a una manera de estar en el mundo. Es una continuidad cultural y antropológica.

Occidente, en cambio, es una construcción mucho más reciente. Designa un conjunto geopolítico e ideológico estructurado en torno a la hegemonía estadounidense, sustentado por un corpus de valores (liberalismo, derechos humanos, universalismo) y difundido a escala mundial.

Esta distinción es fundamental. Mientras no se establezca, toda reflexión queda distorsionada.

    «El propio concepto de Occidente fue concebido inicialmente en una tonalidad anti-europea.»

    Adriano Scianca, Europa versus Occidente. El fin de una ambigüedad (2024)

Occidente como deformación de Europa

La tesis central del libro es aún más radical: Occidente no prolonga a Europa, sino que constituye una deformación de ella.

Lo que hoy se denomina «valores occidentales» es en realidad una transformación, por no decir una degeneración, de nociones europeas más antiguas: la libertad convertida en individualismo, lo universal vuelto abstracción, la emancipación transformada en desarraigo.

Desde esta perspectiva, defender Occidente no equivale a defender Europa. Es más, en ciertos casos, es contribuir a su disolución.

Este giro es decisivo porque permite comprender por qué parte de la crítica contemporánea se equivoca de objetivo: ya sea alineándose con un Occidente percibido como insuperable, o rechazándolo en bloque sin lograr formular una alternativa coherente.

La trampa de la falsa elección: occidentalismo o antioccidentalismo

Scianca identifica una trampa en la que caen muchos análisis actuales: el enfrentamiento entre occidentalismo y antioccidentalismo.

Por un lado, la adhesión al sistema dominante, en nombre de valores supuestamente universales. Por el otro, una oposición reflejo, a menudo fascinada por potencias exteriores y alimentada por la ilusión de un mundo multipolar armonioso.

Estas dos posiciones, lejos de oponerse realmente, funcionan como un espejo: ambas siguen definidas por Occidente, sea que lo adopten o lo rechacen.

El resultado es un callejón sin salida intelectual y político. No se sale de un sistema simplemente invirtiendo sus signos.

    «Ser antioccidental no basta. Hay que ver en qué sentido se es, en qué dirección y en nombre de qué.»

    Adriano Scianca, Europa versus Occidente. El fin de una ambigüedad (2024)

Europa potencia: una respuesta coherente… pero problemática

Frente a estos callejones sin salida, Scianca propone un camino: la construcción de una Europa potencia, autónoma, consciente de sí misma, capaz de afirmarse frente a otros bloques.

La lógica es clara: si el mundo se estructura en torno a grandes potencias, solo una entidad de tamaño comparable puede aspirar a una soberanía real.

Pero esta solución se apoya en una hipótesis implícita: la soberanía solo puede existir a escala continental. Probablemente aquí es donde el libro muestra su principal debilidad.

La idea de una «Europa potencia» aparece como un horizonte. Es coherente con el diagnóstico expuesto: si el mundo se estructura en bloques, una Europa que quiera existir debe constituirse como un polo autónomo. En el plano intelectual, el argumento es sólido.

Pero en cuanto se abandona ese nivel para entrar en lo concreto, aparece la indefinición.

¿Qué forma política debe tener esa Europa? ¿Qué relación entre las naciones y ese conjunto? ¿Dónde reside la soberanía real? Sobre estos puntos decisivos, el libro es discreto. La «Europa potencia» funciona más como una dirección que como un modelo. Esta indeterminación no es menor, abre un ángulo muerto: el de las formas políticas. Y es precisamente aquí donde se juegan los equilibrios reales.

Para un lector suizo, la pregunta se plantea de inmediato: ¿una Europa así supone la desaparición de las soberanías existentes, o su coordinación? El libro no lo resuelve claramente, y quizá tampoco sea su propósito.

Así, la crítica al Occidente aparece estructurada y acabada; la respuesta, en cambio, permanece más incierta.

Una lectura que cobra pleno sentido desde Suiza

La distinción que Scianca establece no se queda en lo teórico. Se encuentra, casi idéntica, en nuestra propia situación. Suiza pertenece sin ambigüedades a la civilización europea —por su historia, sus lenguas, sus instituciones, su herencia grecolatina y cristiana—. Pero se mantiene a distancia de lo que hoy se llama «Europa», es decir, la Unión Europea.

Esta diferencia suele interpretarse mal. Se la ve como un rechazo o un aislamiento, aunque puede leerse de otra manera.

Porque la confusión es la misma que el libro se esfuerza en disipar: se habla de Europa, pero se piensa en una construcción política particular. Sin embargo, la Unión Europea no agota la realidad europea. Es una forma entre otras, y nada obliga a considerarla su culminación.

Así, la posición suiza cobra un sentido diferente. No consiste en situarse fuera de Europa, sino en rechazar confundir pertenencia civilizatoria con integración institucional.

Del mismo modo que Scianca invita a distinguir Europa de Occidente —un sistema que altera sus principios—, se vuelve posible distinguir Europa de sus formas políticas contemporáneas.

Suiza, desde esta perspectiva, no está al margen. Ocupa una posición particular: la de un país que sigue plenamente europeo sin fundirse en una estructura que pretende encarnarlo.

En suma, Europa versus Occidente es un libro útil. No porque aporte respuestas de aplicación inmediata, sino porque obliga a clarificar distinciones fundamentales. Recuerda que Europa no es Occidente. Que la Unión Europea no es Europa. Y que las falsas elecciones ideológicas impiden pensar la realidad. Pero deja abierta una divergencia fundamental, pues si Europa debe volver a ser un sujeto de la historia, eso no significa necesariamente que las naciones deban disolverse en ella.

Europa versus Occidente. El fin de una ambigüedad, Adriano Scianca, 88 páginas, ediciones La Nouvelle Librairie/Institut Iliade, col. Cartouches (2024)


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