Quien controla las semillas, controla los alimentos: la UE allana el camino para una mayor expansión de los grandes grupos

 




¿Más diversidad? No: Bruselas reforma el mercado de semillas en favor de los grandes

La UE vende su nueva reforma de semillas como una victoria para la biodiversidad, la innovación y las variedades locales. En el comunicado de prensa del Consejo de la Unión Europea se habla de “agrobiodiversidad”, “variedades de conservación” y “más flexibilidad”. Pero detrás de este lenguaje atractivo se esconde otra realidad:

Quien controle el negocio europeo de las semillas lo tendrá aún más fácil en el futuro. Quien es pequeño, seguirá siendo un outsider.

El nuevo reglamento sobre el llamado “Material Reproductivo Vegetal” –es decir, semillas, esquejes, plantones y otros materiales de propagación– sustituye un mosaico de diez directivas por una normativa unificada para toda la UE. Oficialmente, se trata de modernización y simplificación. Pero en realidad, el principio básico permanece inalterado:

Las semillas deberán seguir registrándose y certificándose antes de poder salir al mercado. (consilium.europa.eu)

Aquí radica el meollo del problema.

Porque mientras las grandes empresas semilleras disponen de departamentos jurídicos propios, expertos en registros y presupuestos millonarios, los trámites de registro, las pruebas y las obligaciones de documentación suponen a menudo una barrera casi insalvable para los pequeños criadores.

Los ganadores ya están definidos:

- Bayer (Alemania)
- Corteva (EE.UU.)
- Syngenta (Suiza/China)
- BASF (Alemania)

Estos conglomerados ya controlan una parte considerable del mercado mundial de semillas comerciales. Para ellos, un mercado interior europeo armonizado significa, sobre todo, una expansión más sencilla al otro lado de las fronteras nacionales.

Bruselas habla de “normas más sencillas” para las variedades de conservación y plantas adaptadas localmente. Pero las organizaciones de agricultores, redes de semillas y asociaciones de criadores llevan tiempo advirtiendo que la reforma podría restringir aún más los derechos de los pequeños productores. Ya en fases previas de negociación, organizaciones como IFOAM, ARCHE NOAH y Vía Campesina criticaron que el intercambio de semillas entre agricultores se limitaba y que la diversidad quedaba atrapada en un corsé de regulaciones. (IFOAM Organics Europe)

Especialmente llamativo es el lenguaje del comunicado de prensa. Se repiten conceptos como:

- documentación digital,
- técnicas biomoleculares,
- trazabilidad,
- controles armonizados,
- marcos oficiales de supervisión.

Eso suena a eficiencia. Pero también significa:

Más control centralizado sobre qué semillas pueden venderse, quién puede venderlas y bajo qué condiciones.

La UE sostiene que la reforma fortalecerá la biodiversidad. Pero la verdadera diversidad no surge de sistemas regulatorios cada vez más complejos, sino de miles de agricultores, pequeños criadores e iniciativas regionales que pueden trabajar de manera independiente.

La pregunta incómoda es por tanto:

¿Cómo puede un pequeño conservador de semillas con unos pocos empleados competir con corporaciones que mueven miles de millones y cuentan con departamentos enteros de cumplimiento y registros?

La respuesta es desalentadora: Difícilmente podrá hacerlo.

El nuevo reglamento sobre semillas parece, por tanto, menos una liberación para la diversidad europea que una nueva etapa de un sistema altamente regulado en el que los grandes pueden seguir creciendo, mientras que los pequeños se conforman con excepciones.

Bruselas lo llama armonización.

Los críticos lo llaman la industrialización y centralización sigilosa de nuestro suministro alimentario.

Porque quien controla qué semillas llegan al mercado, controla a largo plazo qué crece en los campos de Europa, y con ello, una parte decisiva de nuestra soberanía alimentaria.

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