Los hutíes, el tercer (olvidado) pilar de Irán en la guerra de Oriente Medio

El movimiento Ansarallah controla desde hace diez años una
parte importante de Yemen, logrando contrarrestar a una coalición regional
liderada por Arabia Saudita y teniendo bajo su poder rutas marítimas clave para
la economía mundial. A pesar de ser un tercer pilar (geopolíticamente)
importante del régimen iraní, rara vez aparece en las noticias sobre la guerra
de Irán. Las informaciones suelen centrarse en el conflicto Israel-Hezbolá y en
la lucha entre Estados Unidos e Irán.
Para comprender el fenómeno de los rebeldes hutíes, conviene
mirar atrás en el tiempo. A comienzos del siglo XXI, Hussein Badr al-Din
al-Houthi fundó en el norte de Yemen un movimiento destinado a revivir el islam
zaidí. El islam zaidí es un grupo minoritario dentro del chiismo, y tiene sus
raíces en esta región. Inicialmente era un movimiento cultural y religioso que
pronto se radicalizó debido al sentimiento de marginación económica y religiosa
en Yemen, así como a la represión del gobierno en Saná (capital de Yemen).
Durante la primera de seis guerras del régimen del
presidente yemení Saleh contra los hutíes (entre 2004 y 2010), Hussein murió
(en 2004) y su hermano Abdul-Malik asumió el liderazgo del movimiento. El
verdadero punto de inflexión llegó en 2011, cuando el régimen de Saleh fue
desestabilizado por la Primavera Árabe. Los hutíes, que entonces adoptaron el
nombre de Ansarallah –“soldados de Dios”–, aprovecharon el vacío político y en
2014 tomaron la capital, Saná. El presidente en funciones, Mansur Hadi, huyó a
Adén y poco después encontró refugio en Arabia Saudita. Estalló una guerra
civil en Yemen, que aún no ha terminado.
En un principio, se trataba de un movimiento puramente
yemení. Irán (también chiita) fue invirtiendo gradualmente, considerando a
Ansarallah un eslabón clave de su “Eje de la Resistencia”. Irán invierte
masivamente en el armamento de los hutíes: misiles balísticos, drones de
combate, guerra electrónica. Miembros de la Guardia Revolucionaria iraní
entrenaron a personal militar sobre el terreno. Así, Irán abrió un segundo
frente contra Arabia Saudita, esta vez en su flanco sur.
En marzo de 2015, Arabia Saudita lanzó una contraofensiva
con una coalición de países suníes, dando inicio a la operación “Tormenta
Decisiva”. Diez años después, el saldo es más bien negativo: pese a miles de
ataques aéreos, los hutíes no han sido derrotados y siguen controlando grandes
territorios en torno a Saná, Al-Hodeida (el principal puerto), etcétera. En 2019,
los hutíes demostraron su capacidad de ataque al golpear instalaciones
petroleras en Arabia Saudita (Abqaiq y Khurais).
Y: aparece un nuevo actor en el campo de batalla yemení. Los
EAU (Emiratos Árabes Unidos) siguen su propia lógica y centran sus esfuerzos en
el estratégico puerto de Adén. Abu Dhabi financia un llamado Consejo de
Transición del Sur, un movimiento separatista que reclama la independencia del
sur de Yemen. Prácticamente, un estado dentro del estado, lo que genera enormes
tensiones con Arabia Saudita y el gobierno yemení en funciones.
Durante la guerra de Gaza, los hutíes se declararon
solidarios con los palestinos y atacaron masivamente buques petroleros. Estados
Unidos y el Reino Unido respondieron con la operación “Prosperity Guardian”,
atacando instalaciones militares de Ansarallah. Bajo la presidencia de Donald
Trump, los bombardeos estadounidenses se intensificaron, aunque sin resultados
decisivos.
Los hutíes lograron transformarse de una pequeña tribu
rebelde en las montañas del norte de Yemen en un actor armado que amenaza el
equilibrio económico regional y mundial. Su papel aún no ha terminado.
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