Los hutíes, el tercer (olvidado) pilar de Irán en la guerra de Oriente Medio

 


Peter W. Logghe

Fuente: Nieuwsbrief Knooppunt Delta, n°210, 05/2026.

El movimiento Ansarallah controla desde hace diez años una parte importante de Yemen, logrando contrarrestar a una coalición regional liderada por Arabia Saudita y teniendo bajo su poder rutas marítimas clave para la economía mundial. A pesar de ser un tercer pilar (geopolíticamente) importante del régimen iraní, rara vez aparece en las noticias sobre la guerra de Irán. Las informaciones suelen centrarse en el conflicto Israel-Hezbolá y en la lucha entre Estados Unidos e Irán.

Para comprender el fenómeno de los rebeldes hutíes, conviene mirar atrás en el tiempo. A comienzos del siglo XXI, Hussein Badr al-Din al-Houthi fundó en el norte de Yemen un movimiento destinado a revivir el islam zaidí. El islam zaidí es un grupo minoritario dentro del chiismo, y tiene sus raíces en esta región. Inicialmente era un movimiento cultural y religioso que pronto se radicalizó debido al sentimiento de marginación económica y religiosa en Yemen, así como a la represión del gobierno en Saná (capital de Yemen).

Durante la primera de seis guerras del régimen del presidente yemení Saleh contra los hutíes (entre 2004 y 2010), Hussein murió (en 2004) y su hermano Abdul-Malik asumió el liderazgo del movimiento. El verdadero punto de inflexión llegó en 2011, cuando el régimen de Saleh fue desestabilizado por la Primavera Árabe. Los hutíes, que entonces adoptaron el nombre de Ansarallah –“soldados de Dios”–, aprovecharon el vacío político y en 2014 tomaron la capital, Saná. El presidente en funciones, Mansur Hadi, huyó a Adén y poco después encontró refugio en Arabia Saudita. Estalló una guerra civil en Yemen, que aún no ha terminado.

En un principio, se trataba de un movimiento puramente yemení. Irán (también chiita) fue invirtiendo gradualmente, considerando a Ansarallah un eslabón clave de su “Eje de la Resistencia”. Irán invierte masivamente en el armamento de los hutíes: misiles balísticos, drones de combate, guerra electrónica. Miembros de la Guardia Revolucionaria iraní entrenaron a personal militar sobre el terreno. Así, Irán abrió un segundo frente contra Arabia Saudita, esta vez en su flanco sur.

En marzo de 2015, Arabia Saudita lanzó una contraofensiva con una coalición de países suníes, dando inicio a la operación “Tormenta Decisiva”. Diez años después, el saldo es más bien negativo: pese a miles de ataques aéreos, los hutíes no han sido derrotados y siguen controlando grandes territorios en torno a Saná, Al-Hodeida (el principal puerto), etcétera. En 2019, los hutíes demostraron su capacidad de ataque al golpear instalaciones petroleras en Arabia Saudita (Abqaiq y Khurais).

Y: aparece un nuevo actor en el campo de batalla yemení. Los EAU (Emiratos Árabes Unidos) siguen su propia lógica y centran sus esfuerzos en el estratégico puerto de Adén. Abu Dhabi financia un llamado Consejo de Transición del Sur, un movimiento separatista que reclama la independencia del sur de Yemen. Prácticamente, un estado dentro del estado, lo que genera enormes tensiones con Arabia Saudita y el gobierno yemení en funciones.

Durante la guerra de Gaza, los hutíes se declararon solidarios con los palestinos y atacaron masivamente buques petroleros. Estados Unidos y el Reino Unido respondieron con la operación “Prosperity Guardian”, atacando instalaciones militares de Ansarallah. Bajo la presidencia de Donald Trump, los bombardeos estadounidenses se intensificaron, aunque sin resultados decisivos.

Los hutíes lograron transformarse de una pequeña tribu rebelde en las montañas del norte de Yemen en un actor armado que amenaza el equilibrio económico regional y mundial. Su papel aún no ha terminado.


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