El fantasma de Gadafi

Andrea Marcigliano
https://electomagazine.it/il-fantasma-di-gheddafi/
Hay un fantasma que se agita y clama en este mundo.
Bueno, en realidad hay muchos fantasmas, de este y de otros
tipos... pero este es particularmente... vivaz, si es que tal término puede
aplicarse a alguien que hace ya tiempo que está muerto.
Y además, muerto de mala manera. Traicionado, torturado,
masacrado de todas las formas posibles. Algo que, sinceramente, estremece con
solo pensarlo. Una vergüenza de la que Occidente, más concretamente Europa,
carga con el peso de la culpa.
Porque Muamar Gadafi, el dictador libio, fue capturado por
los franceses. Y entregado a sus enemigos internos, que lo torturaron de todas
las maneras posibles antes de matarlo.
Una vergüenza, una mancha, que no puede ser borrada. Y de la
que no solo París es responsable.
Porque, claro, Gadafi era un excéntrico. Con actitudes
extremas, sobre todo en los últimos años. Locuras, en apariencia...
Pero también era un político sumamente astuto. Y refinado.
Un hombre de Estado que había llevado a su Libia a unos
niveles de vida que no tenían igual en África. Y, pensándolo bien, tampoco en
Europa.
Los libios no pagaban impuestos. Disfrutaban de servicios,
asistencia social, un sistema hospitalario avanzado.
Los beneficios de los inmensos recursos petroleros eran
utilizados por Gadafi para garantizar el nivel de vida de su pueblo. Y, por
supuesto, también para mantener su control.
Además, el trabajo, sobre todo la mano de obra que venía de
la inmigración, especialmente de África, contaba con garantías y un trato
económico privilegiado.
Por supuesto, no todo era oro. Gadafi era un padre
autoritario. Un soberano absoluto. Que controlaba estrechamente la disidencia.
No era, desde luego, un “demócrata” de los que tanto gustan en Occidente.
Cometió dos errores. Letales.
Se proclamó “Rey de Reyes” del África negra. Lo que, en su
lenguaje pintoresco, significaba que Libia controlaba gran parte del África
subsahariana. Evitando ese estado permanente de conflicto que hoy, por
desgracia, tenemos ante nuestros ojos.
Además, aspiraba a introducir una moneda común en todo el
norte de África. Dejando fuera al dólar. Y, por tanto, las injerencias
estadounidenses y europeas.
Un error fatal. Porque esto no podía ser tolerado por Wall
Street ni la City. Que se movilizaron para detenerlo, utilizando los intereses
particulares de algunas potencias europeas.
Y luego, el otro error fatal. Gadafi, durante mucho tiempo,
había apoyado o al menos protegido cierto terrorismo palestino. Algo que le
costó un ataque estadounidense a su residencia, en el que perdió a una hija y a
otros familiares.
Quizás también por eso se convenció de buscar una
convivencia “civilizada”. De aceptar renunciar al proyecto de armas nucleares.
De mostrarse dispuesto al control de las agencias internacionales.
Y le fue muy mal. Porque, una vez despojado de tales
garantías, quedó a merced de sus enemigos. Estadounidenses, franceses,
británicos no tuvieron ninguna dificultad en derrocarlo. Y en precipitar a
Libia en el caos de una sangrienta guerra civil. Que aún domina la escena.
Y toda el África subsahariana sigue pagando aún las graves
consecuencias.
Por cierto, nosotros los italianos teníamos buenas
relaciones con el Raís. Pero, gracias al presidente Napolitano y a los
ministros Frattini y La Russa, nos alineamos con la coalición anti Gadafi. A
Berlusconi se le hizo callar, ya cerca de su final político.
Esta es, en resumen, la historia que el fantasma de Gadafi
aún nos cuenta. Entre gritos de dolor y chirridos de cadenas.
Historia vieja, claro. Y sin embargo, una advertencia para
otros… quizás una advertencia para los ayatolás iraníes de no confiar en las
promesas y ofertas de Occidente.
Siempre esconden un aguijón envenenado.
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