Por qué el modelo de la UE ya no funciona



Elena Fritz

The Economist describe, a través de los catastróficos niveles de aprobación de Macron y Merz, un problema que va más allá de las crisis gubernamentales normales: la lógica de mediación política de la UE está agotada.

La UE ha funcionado durante décadas con un esquema simple: los jefes de gobierno nacionales negociaban compromisos en Bruselas, volvían a casa y vendían esos resultados a sus ciudadanos como un éxito. La renuncia a la soberanía se presentaba como una responsabilidad europea, las concesiones como un logro de la negociación, la pérdida de control como un avance.

Este modelo, sin embargo, requería una condición: los líderes nacionales debían aún tener suficiente autoridad en sus países para implementar decisiones impopulares. Pero esa condición se está rompiendo.

Macron está debilitado en el ámbito interno. Merz representa una política alemana que no convence ni por su renovación económica ni por su autonomía estratégica. Si París y Berlín, los dos ejes principales de la UE, ya no tienen una legitimidad interna fuerte, Bruselas también pierde su capacidad de hacer valer sus decisiones.

Porque la UE no tiene su propia legitimidad democrática profunda. Vive políticamente de la autoridad prestada de los Estados miembros. Cuando esa autoridad se desmorona, solo quedan las estructuras: comisiones, procedimientos, reglamentos, fondos, declaraciones en cumbres.

Aquí radica precisamente el mecanismo de la crisis:

- Bruselas necesita gobiernos nacionales fuertes para legitimar decisiones.

- Los gobiernos nacionales pierden confianza porque aceptan decisiones de Bruselas.

- Cuanto más débiles se vuelven, más Bruselas intenta apropiarse de competencias.

- Cuanto más centraliza Bruselas, mayor es el alejamiento de los ciudadanos.

Es un círculo vicioso que se refuerza a sí mismo.

Esto es especialmente evidente en las grandes crisis de los últimos años: crisis financiera, migración, pandemia, guerra en Ucrania, crisis energética, aumento en la armamentización. Cada crisis se ha utilizado como justificación para una mayor supervisión de la UE. Pero los resultados son cada vez menos convincentes. Los ciudadanos experimentan costos crecientes, pérdida de control, debilitamiento industrial, fronteras inseguras y una política exterior que a menudo sigue intereses estratégicos extranjeros.

La UE responde a cada fallo con la misma fórmula: mayor centralización.

Pero precisamente esa fórmula genera la próxima pérdida de legitimidad.

A esto se suma una contradicción estructural: mientras los gobiernos nacionales elegidos pierden apoyo, actores supranacionales como Ursula von der Leyen ganan poder. La responsabilidad política sigue formalmente en los Estados-nación, pero la gobernanza efectiva se desplaza cada vez más a Bruselas. El ciudadano puede votar o retirar a su gobierno, pero no el mecanismo que dicta muchas decisiones.

De esta manera, surge un orden sin una responsabilidad clara. Nadie es totalmente responsable. Nadie asume completamente la responsabilidad política. De ahí nace la rabia contra “los de arriba”.

El ascenso de fuerzas de derecha, conservadoras y soberanistas no es simplemente una ola de protestas. Es la reacción a un sistema que traslada el poder de decisión, difumina la responsabilidad y moraliza los intereses nacionales.

Los bajos resultados de Macron y Merz muestran que el antiguo tipo de mediador político europeo ya no funciona. Antes, podía vender sus compromisos bruselenses como éxitos nacionales. Hoy, la opinión pública ve la factura.

La UE no solo pierde apoyo. Pierde también su magia política.

Fuente :  https://www.economist.com/europe/2026/04/29/europes-unpopular-leaders-are-paralysing-the-eu

#geopolitiek@global_affairs_byelena


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