Malí, un conflicto que no debe analizarse desde una perspectiva eurocéntrica
Filippo Bovo
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Por muy inestable y tensa que siga siendo la situación en Malí, ya entre la tarde del 25 y el 26 de abril muchos hechos han encontrado por fin una confirmación definitiva. En el fondo, los fundamentos siguen siendo los de siempre: es decir, una crisis destinada a superarse gradualmente, como ya se vio, por ejemplo, el otoño pasado, con motivo de la crisis de combustible provocada por JNIM (Jamaʿat Nuṣrat al-Islam wa-l muslimin, Grupo de Apoyo al Islam y a los Musulmanes, afiliado a Al Qaeda), con la interrupción de las principales arterias y el bloqueo de los transportes que abastecían a Bamako y otras ciudades de Mali, con el fin de paralizar sus actividades, debilitar el apoyo popular y militar, y provocar la caída del Gobierno de Assimi Goita. Todos recordaremos que aquella, al igual que otras crisis, se superó gracias al heroísmo, la combatividad y la preparación de los militares de las FAMA (Fuerzas Armadas de Malí), así como de los paramilitares y voluntarios malienses, que junto con la población civil supieron, como siempre ha sido, marcar la diferencia.
Ya a última hora del día 25 se confirmó la noticia de la muerte del ministro de Defensa, Sadio Camara, asesinado en Kati por un terrorista suicida a bordo de un coche, en un atentado que también costó la vida a su esposa y a dos sobrinos. En su honor, el país guardó dos días de luto nacional, con funerales solemnes. Posteriormente, se confirmó también la retirada de la antigua base de la MINUSMA en Kidal, en el norte del país, de los militares del Africa Corp, tras una larga y no siempre fácil negociación con los milicianos del Frente de Liberación del Azawad (FLA). Las negociaciones, en cambio, no se refirieron, al menos inicialmente, a los militares de la FAMA, que permanecieron en la base y respecto a los cuales el FLA alberga diversas intenciones. Como ya hemos visto en los comunicados conjuntos de JNIM y el FLA, los yihadistas y los separatistas no pretenden ampliar el frente dispersando sus recursos contra demasiados enemigos: por ello invitan a los rusos a mantenerse al margen, y lo mismo hacen con la fuerza conjunta de la AES, unos 5000 hombres entre Mali, Burkina Faso y Níger, que, no obstante, ha entrado en acción.
Que los militares de la FAMA, junto con las diversas fuerzas que la apoyan, como paramilitares y voluntarios, constituyan el objetivo principal para el FLA y el JNIM, no es en ningún caso una novedad. Secuestrar a militares y paramilitares, difundiendo la noticia con las correspondientes imágenes y vídeos, les permite, de hecho, ejercer un fuerte poder de negociación y chantaje sobre las autoridades políticas y militares malienses, reavivar su mito de invencibilidad y poderío, y desmoralizar a la población y a los combatientes malienses, minando así las instituciones y el Gobierno de Bamako. No solo eso, sino que también contribuye a alimentar a nivel externo la impresión de que el Gobierno maliense está ya en las últimas, y que seguir prestándole apoyo sirve de poco; y, obviamente, no es un mensaje dirigido solo a Moscú, sino también a todos los demás socios, tanto regionales —como, por ejemplo, sus otros dos socios de la AES— como extrarregionales —como, por ejemplo, Turquía—.
A cambio de esos hombres secuestrados, el JNIM y el FLA pueden, por lo tanto, obtener mucho más, incluso para asegurarse un futuro operativo: a pesar de los éxitos proclamados en los medios de comunicación, su situación sobre el terreno no es, de hecho, de las más envidiables, y lo que pretenden es precisamente evitar un enfrentamiento directo y intensificado con la FAMA y las milicias que la apoyan. Reservarles un destino aún más amargo, la muerte, es igualmente una posibilidad fácil que nadie, empezando por la FAMA y el Gobierno maliense, pretende favorecer; para el FLA y el JNIM podría ser útil para aterrorizar a la población y debilitar su apoyo a las instituciones, pero al mismo tiempo también les empujaría hacia una ampliación de los frentes y del enfrentamiento: no es seguro que esa fórmula, como ya se ha visto en el pasado, pueda funcionar realmente. Sin duda, ya no con el efecto de antaño. En cualquier caso, el FAMA es el principal objetivo de separatistas y yihadistas, y de esto tenemos plena certeza, y no desde hoy.
La propia retirada de los rusos de Kidal, en el fondo, sirve para recordarnos que, en la dura lucha, en campo abierto, para aguantar más de diez horas y en un frente móvil de más de 2000 km, con conexiones logísticas y suministros escasos o interrumpidos por la presencia omnipresente del enemigo, son precisamente los hombres de la FAMA, con sus respectivos paramilitares y voluntarios, incluidos también civiles que a su vez se unen a los enfrentamientos, enfrentándose al peligro con las manos desnudas. Porque es su hogar, y conocen el territorio mejor que nadie. Lo hemos visto también, y precisamente, en Kidal.
Esto también debería recordarnos, de una vez por todas, que un conflicto como el de Mali no debería contemplarse en absoluto desde una perspectiva eurocéntrica, ya que se trata de una mentalidad de corte colonial y neocolonialista, común a muchos europeos, que les lleva a pensar, implícitamente, que en Mali los malienses simplemente no existen: como si fueran solo los rusos de Africa Corp los que lucharan contra las FLA y el JNIM, con los militares y la población local asistiendo pasiva e impotente al espectáculo. Es realmente, como mínimo, lamentable pensar en esos términos.
Por el contrario, debemos sentir la máxima admiración y respeto por las FAMA y el pueblo maliense: porque sobre sus hombros, antes que sobre los de cualquier otro, recae el peso de este y otros retos.
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