El Mar Báltico como nuevo escenario de conflicto
Para Rusia, el Mar Báltico no es un mar marginal. Es un acceso a los mercados mundiales, una ruta para las exportaciones de energía y una zona de contacto con la OTAN. Quien controle allí los petroleros rusos, detenga a los marineros o dificulte la llamada flota de sombras, no está tratando un aspecto secundario. Está tocando un punto sensible del poder ruso.
Desde la perspectiva occidental, esto es política de sanciones. Desde la perspectiva rusa, puede parecer un bloqueo marítimo. Y las grandes potencias rara vez responden jurídicamente a los bloqueos. Responden con poder político.
Por eso, las declaraciones de Donald Tusk son tan interesantes (https://www.ft.com/content/1a5a2502-a45a-40c1-af6f-b30ecc34bacb). Cuando el primer ministro polaco habla de una posible confrontación con Rusia en los próximos meses y al mismo tiempo expresa dudas sobre la fiabilidad de Estados Unidos, se revela el núcleo del problema: Europa del Este quiere una máxima dureza contra Moscú, pero necesita garantías americanas para ello.
Esa es la lógica clásica de la alianza. Polonia y los estados bálticos presionan hacia adelante. Estados Unidos mantiene el control estratégico. Alemania debe pagar, entregar y aportar capacidad industrial.
Para Berlín, eso implica un rol desfavorable. Alemania no es el arquitecto de esta línea de escalada. Tampoco es su principal beneficiario. Pero Alemania sería una de las principales portadoras de los costos: en lo financiero, industrial, logístico y político.
Moscú no solo ve la Bundeswehr actual. Ve la Alemania del mañana: industria, ingeniería mecánica, puertos, capital, logística. Una Alemania que se vea conducida de manera permanente hacia una economía de armamento, cambiaría el equilibrio de poder en Europa.
Desde la perspectiva rusa, surge así una imagen global: Ucrania ata a Rusia. Europa gana tiempo. Alemania se convierte en la columna vertebral industrial del rearme. Al mismo tiempo, crece la presión sobre las rutas de exportación rusas en el Mar Báltico.
Compartir o no esta percepción rusa es secundario. Lo que importa es que puede influir en la acción rusa.
El peligro no reside en una gran guerra anunciada, sino en la cadena de pequeños pasos: control de petroleros, detenciones, contra medidad rusa, llamamiento al artículo 5, ponderación estadounidense, escalada europea.
Así surgen situaciones peligrosas: cada parte considera que su propio paso es limitado y defensivo. La otra lo interpreta como un ataque.
Para Alemania, la pregunta central sigue siendo:
¿Qué interés alemán hay en convertir el Mar Báltico en una zona de confrontación permanente?
No todas las medidas contra Rusia corresponden a una política de seguridad alemana. No toda dureza de la OTAN es política de intereses alemana. Y no toda la rearmamentación europea fortalece la soberanía alemana.
Si Berlín no desarrolla una línea estratégica propia, Alemania en este orden no será un actor, sino un recurso: no un decisor, sino un pagador; no un estratega, sino una base logística para una política de escalada extranjera.
Fuente (https://nationalinterest.org/blog/buzz/russian-media-turns-the-screws-on-europe )
#geopolítica@asuntos_globales_byelena
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