por Daniele Perra
https://www.ariannaeditrice.it/articoli/vicolo-cieco
Esta historia de Donald J. Trump, que sigue proclamando una
victoria que no existe, con un “cambio de régimen” que tampoco existe, está
empezando a resultar empalagosa. Recuerda mucho aquel dicho (erróneamente
atribuido a Goebbels) según el cual, si repites una mentira lo suficientemente
grande un número incontable de veces, al final la gente empieza a creerla. Es
como si Mussolini, cuatro semanas después del ataque a Grecia, hubiera
proclamado la victoria mientras las tropas seguían atascadas en Epiro y los
griegos listos para el contraataque.
He echado un vistazo a los “quince puntos” propuestos por
Washington que, supuestamente, serían el punto de partida para una negociación.
Cabe señalar que, con el cierre del Estrecho de Ormuz (donde pasa no solo el
tráfico petrolero, sino también muchos cables submarinos fundamentales para el
tráfico global de internet), Irán se sentaría a la mesa con la sartén por el
mango (en consecuencia, creo que el conflicto aún durará hasta que haya alguna
nueva empresa insensata de EE.UU. o Israel). Lo que llama la atención es, sin
duda, la “eliminación total de las sanciones”.
De hecho, esto equivale a un reconocimiento
de derrota/fracaso, si tenemos en cuenta que la administración Trump construyó
su propaganda bélica (especialmente en el ámbito interno) remarcando que Obama
y Biden le habían regalado dinero a Irán (cuando en realidad eran fondos
iraníes congelados en EE.UU.). Además, se exige la destrucción de los sitios de
Isfahán, Fordow y Natanz. ¿Pero acaso EE.UU. no los había destruido ya al final
de la “guerra de los 12 días” con su “terrific victory”, y ahora los vuelve a
destruir? Se pide a Irán que no construya armas nucleares, pero EE.UU. ha
eliminado a quien siempre se opuso a la fabricación de armas de destrucción
masiva por considerarlas contrarias a los preceptos islámicos (Jameneí), y ha
eliminado a Ali Larijani, quien más que nadie en el pasado se mostró abierto a
una solución negociada.
Se solicita la interrupción del programa de misiles,
aunque Hegseth y el Pentágono no paran de ofrecer supuestos datos sobre su
eliminación. Además, Washington pretende participar en el desarrollo del
programa nuclear civil iraní (algo difícilmente aceptable para Teherán) para
limitar el papel ruso (¿alguien sigue hablando del “espíritu de Anchorage”?).
Por último, faltan verdaderas garantías de seguridad para Teherán, que serían
consideradas más adelante, dejando una vez más una puerta abierta a una nueva
intervención militar, siempre bien recibida por Israel.
De más está decir que Washington simplemente está buscando
una vía de escape para salir de un callejón sin salida.
Mientras tanto, Israel está volando los puentes sobre el río
Litani, intentando anexionar el sur de Líbano y poniendo en marcha una
operación de limpieza étnica que podría llevar a la migración forzada de un
millón de personas. Pero, por supuesto, de esto nadie habla.
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