Noomachía como alquimia política – Evgenij Golovin

La obra monumental de Dugin, Noomachía (La guerra de las mentes), no es solo una teoría de las relaciones internacionales, sino un intento de operaciones mágicas a escala de civilizaciones. Al observarla con mayor detalle, se revela que la arquitectura de este templo del pensamiento es una sistematización de las visiones esotéricas del «Almirante» del underground soviético, Evgenij Golovin.
La guerra que precede a la historia
Para el hombre moderno, la guerra es un conflicto por recursos, territorios o esferas de influencia. Para Aleksandr Dugin, la verdadera guerra no se desarrolla en el suelo, sino en el Nous – en el Intelecto. El concepto de Noomachía de Dugin se basa en la suposición de que no existe una única verdad ni una sola mente humana. Existen tres «Logos» irreconciliables – tres maneras de crear el mundo – que están en una lucha eterna por la vida y la muerte.
La historia no es un progreso lineal desde la barbarie hasta la iluminación, sino un drama cíclico de la dominación de uno de estos principios. Para entender este conflicto metafísico, debemos volver a las ideas del Círculo Južinskij.
La figura central de este grupo, al que se unió Aleksandr Dugin en 1980, fue Evgenij Golovin (1938–2010). Poeta, alquimista y místico, apodado «el Almirante» por sus discípulos, era el centro silencioso de una tormenta intelectual. Fue él quien trajo al círculo las ideas del esoterismo tradicional, la alquimia y el mito de Hyperbórea – la patria originaria del espíritu del Norte. Para Golovin, el mundo no era una «realidad objetiva», sino un texto o un alambique alquímico que debe leerse o romperse correctamente.
Tres Logos: Apolo, Cibeles y Dionisos
La Noomachía de Dugin se basa en una tríada, que es una aplicación directa de las lecciones herméticas de Golovin sobre la historia de la filosofía:
- Logos de Apolo (Padre Celestial): luz, verticalidad, orden, distancia. Es el mundo de las ideas platónicas, donde lo esencial está arriba y la materia en abajo es solo una sombra. Es el principio de la «exclusión» – solo hay una verdad.
- Logos de Cibeles (Gran Madre): oscuridad, horizontalidad, materia, carne. Es el mundo del materialismo, donde «todo proviene de abajo». El hombre es solo un animal inteligente, el espíritu solo una química en el cerebro. Cibeles gobierna a través de la masa, el mercado y la tecnología.
- Logos de Dionisos (Logos oscuro): aquí radica la clave. Dionisos es el intermediario. No es ni la luz estéril de Apolo, ni el lodazal de Cibeles. Es el «sol de medianoche», un dios que muere y resucita. Es el principio del paradoja.
El diagnóstico de la modernidad de Dugin es implacable: vivimos en la época del Triunfo de Cibeles. La civilización occidental, el liberalismo, el capitalismo y el materialismo científico son manifestaciones de la dominación del Logos negro de la Madre Tierra. El espíritu ha sido engullido por la materia. La verticalidad ha sido derribada por la horizontalidad.
Alquimia del agua negra: la clave de Golovin
La originalidad del concepto de Dugin – y el punto donde más se conecta con Golovin – radica en la distinción entre «Oscuro» y «Negro». La mayoría de los pensadores occidentales (incluido Nietzsche) tendían a arrojar todo lo irracional y oscuro en un mismo saco. Sin embargo, Golovin enseñaba una fina distinción alquímica. Existe el Nigredo – la negrura fecunda, la oscuridad de la tierra de donde brota la vida (Dionisos). Y existe el Aqua Nigra – agua negra, líquido putrefacto que disuelve las formas y conduce a la destrucción del espíritu en el lodo de la materia. Golovin afirmaba que la modernidad no es dionisíaca (como creían algunos románticos), sino magia del Aqua Nigra. Es un proceso de descomposición, no de éxtasis. Dugin tomó esta idea para purificar a Dionisos. Rusia, en su papel geopolítico, no debe ser el «imperio de la luz» (lo que sería ingenuo), sino portadora de una fuerza capaz de descender al infierno de la modernidad sin disolverse en él.
La Reina de las Nieves y el Sujeto Radical
El punto culminante de esta referencia esotérica es el concepto de «Sujeto Radical», que Dugin derivó de la interpretación de Golovin de la Reina de las Nieves de Andersen. Golovin invierte el significado de esta historia: La Reina de las Nieves no es un mal puro. Es un símbolo del intelecto puro, cristalino, del Norte absoluto. El pequeño Kay, cuya astilla de espejo entró en su ojo, no ve el mundo «distorsionado», como afirma el cuento. Lo ve verdaderamente – reconoce el vacío y la fealdad del mundo burgués y cálido de los hombres (el mundo de Cibeles). Gerda, que lo «rescata» con sus lágrimas y su calor, en realidad lo devuelve a la mugre de la banalidad, al mundo de los «parejas y la cerveza». El portador del «Sujeto Radical» es quien lleva en su corazón una astilla helada del Norte. Es la persona que rechaza el dictado de la materia, la comodidad y los valores liberales. Es el aristócrata del espíritu en medio de la plaza.
Conclusión: la política como magia negra
La Noomachía revela que el proyecto político de Dugin (la Cuarta Teoría Política) no es ciencia política, sino una teología de la guerra. Dugin reunió las perlas herméticas de su maestro Golovin – destinadas a un círculo reducido de iniciados – y las forjó en un arma. Mientras Golovin permaneció como «Almirante» del barco que navegaba por las aguas del mundo y totalmente ignoraba el mundo de la política, sin siquiera intentar cambiarlo, Dugin decidió hacer que esa «agua negra» fluyera en la política real. Su lucha contra «Occidente» es, en esencia, un intento de expulsar a Cibeles, una gigantomachia, un choque de continentes invisibles de la mente. Entender a Dugin significa entender que su lucha metafísica dura mientras Cibeles reine. Para él, esta guerra es una necesidad ontológica, un camino hacia la restauración de la verticalidad.
Commentaires
Enregistrer un commentaire