Ganó Milei: reflexiones en torno a un triunfo inédito

 

 Los desafíos de Milei | EL PAÍS Argentina

 

 

 Pablo F. R. Walker


1) La victoria de Javier Milei expresa principalmente el profundo y fuerte hartazgo del grueso del pueblo argentino frente a las organizaciones político- partidarias y los dirigentes políticos “tradicionales” (es decir, los que vienen ocupando la escena pública en los últimos 40 años). De hecho, son muchos los ciudadanos que, si bien tenían (y aún tienen) serios reparos e inquietantes preocupaciones respecto de la figura del Presidente electo, han preferido extenderle un “voto de confianza”, privilegiando así su candidatura frente a la opción contraria, encabezada por el falso peronista Sergio T. Massa.

 

2) Milei goza de una fortaleza muy importante: la credibilidad. Atributo, éste, de extraordinario valor político, sobre todo, en un contexto como el de la Argentina actual, en el cual cunde la desconfianza más profunda hacia el arco político, en general. Tan marcada suspicacia obedece a un patológico fenómeno generalizado, harto conocido y padecido por los argentinos, cual es -para decirlo sin vueltas, aunque dejando a salvo las honrosas excepciones- la instalación de la mentira como modus operandi fundamental, constante y sistemático de la impúdica política argentina de los últimos decenios, convirtiéndola en inmunda ciénaga de falsedades, imposturas, defraudaciones, maquiavélicas maquinaciones y perversas teatralizaciones. Pues bien, en medio de tan oscuro abismo, aparece un sujeto como Milei, que parece realmente honesto y sincero; quien, hasta donde sabemos y según todo parece indicarlo, amén de no haber participado de ningún chanchullo, expresa abiertamente, sin disimulo alguno, lo que realmente piensa y siente...

¡Vaya rara avis! ¡Un político incorrupto que, además, no miente! Frente a semejante hallazgo, muchos argentinos decidieron su voto en favor del mismo, sólo por esa razón, pese a no coincidir con las ideas más salientes de su ideario y programa. En varios casos, además, ese voto favorable provino de quienes, amén de no compartir sus ideas, tampoco simpatizan con la estrambótica personalidad del flamante presidente, signada por la incontinencia temperamental, según lo atestiguan sus habituales exaltaciones e insólitos arrebatos en público. Episodios, éstos, que, para decirlo todo, también dan testimonio de la espontánea y genuina sinceridad con la que se conduce Milei...

En efecto, tales exabruptos públicos, la indisimulable afectación anímica que mostró durante los debates presidenciales, así como su insistencia indeclinable en el planteo de sus ideas y propuestas más controversiales... Todo ello, ha convencido a gran parte del electorado de la honestidad intelectual con la que -al parecer- procede Milei. Así, tales actitudes han terminado jugándole más a favor que en contra.

 3) En contraste con ello, la extrema seriedad y circunspección, tan impecable como inverosímil, de la que hizo gala Massa a lo largo de su campaña electoral y, sobre todo, en los debates presidenciales, dejó traslucir el riguroso coaching que, según terminaría trascendiendo, había recibido. Así las cosas, la sofisticada actuación terminó jugándole más en contra que a favor. Su seriedad y circunspección fue interpretada por el grueso del público como una suerte de hipocresía profesionalizada.

Desde este punto de vista, el resultado electoral constituye una suerte de derrota (al menos, parcial y momentánea) de la política-show (histrionismo político, con puestas en escena), el marketing político y la “corrección política” (a la que muchos refieren e, incluso, denuncian, pero pocos se atreven a desafiar realmente).

Mucha gente prefirió la frescura de la genuinidad que se le supone a Milei; quien, con todos sus “más” y sus “menos”, ha preferido mostrarse tal cual es, según todo parece indicarlo...

 4) En cuanto al discurso de triunfo del nuevo presidente: resulta particularmente interesante que, a la par de la ratificación de su ideario liberal libertario (lo cual era más que previsible), incluyó un mensaje de claro signo nacionalista: refirió con especial énfasis, al menos tres veces, el ideal de la “Argentina Potencia” (hacía mucho tiempo que ningún político apelaba a tal objetivo de indudable sentido patriótico). Las características de personalidad de Milei, ya aludidas anteriormente, habilitan a presumir que no se trató de una mera táctica discursiva para satisfacer al sector más nacionalista y conservador de su militancia (representados por la vicepresidente electa, Victoria Villarruel). Asimismo, resulta destacable la evocación de la figura histórica de Juan B. Alberdi, emblema del liberalismo vernáculo, pero también hombre que buscaba honestamente el progreso científico, técnico, industrial, económico y social del país.

En suma, podría decirse que el discurso de triunfo de Milei, más que liberal libertario, fue liberal clásico (un liberalismo módico y más potables) con gruesas “pinceladas” de sentido nacional...

De todos modos, menester es resaltar que, al interior de la fuerza político-partidaria triunfante, así como entre sus militantes y adherentes, existe una tensión fundamental entre dos extremos sustancialmente antinómicos: liberales libertarios vs. nacionalistas conservadores. Extremos, éstos, coaligados, entre otros factores, por una vieja tara de ciertos sectores del difuso nacionalismo argentino (una suerte de síndrome de Estocolmo con el liberalismo), así como por espantos compartidos: en los ’70, el terrorismo comunista, con todos sus asesinatos; hoy, el progresismo woke, con todos sus menticidios (asesinatos de la mente y del espíritu).

 5) Otro dato interesante: en su discurso de triunfo, Milei no trepidó en advertir que avanzará con la reforma del Estado (en un sentido liberal y, por lo tanto, reductor y privatizador) y que no permitirá que se lo impidan las -más que previsibles- resistencias (procedentes del sedicente “peronismo” y otros sectores).

Al efecto, sentenció: “dentro de la ley, todo; fuera de la ley, nada”, lo cual es llamativo, porque se trata de una consigna formulada por el Gral. Juan D. Perón a principios de los '70 para apostrofar a los “montoneros” (réproba agrupación terrorista de izquierda, salida de las entrañas de un peronismo súper-infiltrado durante el exilio de su fundador). También dijo que no habría lugar para los violentos. El mensaje de advertencia ha sido claro y contundente...

 6) Por otra parte, la irrupción de Milei en el terreno político argentino terminó de romper y descartar una vieja distinción y correspondencia que existía en la sociedad argentina (si bien de modo genérico):

- Los sectores humildes tendían a apoyar al peronismo, tanto en su versión originaria y genuina (que es “tercer-posicionista”) como en sus posteriores detritos y remedos, productos de graves tergiversaciones ideológico-doctrinarias (los cuales supieron conservar el apoyo popular durante decenios, primero, por el engaño y, luego, por la inercia, sumándose en todo momento el miedo o la antipatía hacia las opciones anti-peronistas o, al menos, no-peronistas).

- Los sectores medios y altos tendían a apoyar otras expresiones político-partidarias (tanto de derecha y centro-derecha, como de izquierda y centro-izquierda; casi todas ellas, con alguna dosis, mayor o menor según el caso, de anti-peronismo).

Pues bien, el fenómeno de Milei ha sumido tales categorizaciones en una profunda crisis, la cual muy probablemente sea terminal. Milei concitó el apoyo masivo de votantes de diversos sectores sociales (incluyendo sectores tradicionalmente peronistas, los cuales, así como no votaban a la izquierda, jamás hubieran votado a la derecha nacionalista ni, mucho menos, a la derecha liberal).

 7) En cuanto a los distintos grupos reunidos en “Juntos por el Cambio”: en el fondo, los aglutinaba el anti-peronismo que históricamente han compartido. La irrupción de Milei en el escenario político, terminó de catalizar y desnudar sus contradicciones internas. Se trata de un frente “implosionado”. Con su extinción, pierde toda factibilidad la idea de un bipartidismo articulado en torno a dos polos dominantes: una fuerza de centro-izquierda (encarnada en un pseudo peronismo progresista o “izquierdizado”) y otra fuerza de centro-derecha (encarnada por el malogrado frente “Juntos por el Cambio”). Esa esquematización, a cuya instalación efectiva muchos aspiraban, ha quedado desbordada por el fenómeno de Milei.

8) En cuanto al peronismo: desde los años '90, el peronismo viene sufriendo de modo continuo diversas deformaciones doctrinarias, al mismo tiempo que una profunda degradación moral e, incluso, estética (el Gral. Perón había advertido que la doctrina -justicialismo- era el alma del movimiento peronista; y sabemos por Aristóteles que el alma es el factor que imprime forma a un cuerpo; el extravío de su propia doctrina, parece haber convertido al peronismo en una simple maquinaria política o, peor aún, en una suerte de franquicia electoral).

Desde este singular punto de vista, Massa aparece como el punto culminante de aquel proceso de desfiguración monstruosa. ¿Por los orígenes de Massa en la liberal U.C.D? Sí. ¿Por la extraordinaria maleabilidad oportunista y acomodaticia del personaje de marras? También. ¿Por las graves sospechas que penden sobre su persona, de corrupción y vinculaciones con el narcotráfico? Ciertamente. Pero, por sobre todo, porque, con descaro difícil de empardar, el camaleónico dirigente hace propios los dictados globalistas y tecnocráticos de la Agenda 2030, presentándolos como “peronismo del siglo XXI”...

Atento a esto, puede decirse que, con su triunfo, Milei acabó haciéndole un favor muy especial al peronismo. Ello es así, ante todo, porque sepultó al impostor que hubiera terminado de arruinar lo poco que todavía queda vivo de aquél. Pero, además, porque, mediante la crudeza de su fracaso electoral, las fuerzas del peronismo se ven inevitablemente confrontadas de lleno con su propia encanallamiento. La dureza del golpe recibido conlleva en este caso un ingrediente extra que resulta particularmente urticante: la bofetada moral del escarmiento, a modo de castigo bíblico o némesis griega, junto con la correspondiente vergüenza.

¿O, acaso, nos olvidamos que fueron las fuerzas del temerario massismo las que, maquiavélicamente, contribuyeron decisivamente a “inflar” la figura de Milei y expandir su exposición pública, con el objetivo de minar a “Juntos por el Cambio”?

En efecto, Massa et alii (verbigracia, sus amiguitos del Grupo América, los multimillonarios Daniel E. Vila y José L. Apfelbaum, más conocido como José L. Manzano) intentaron pasarse de vivos y les salió el tiro por la culata... ¡Ah! ¡Las mieses de la Justicia Divina!

 9) Adrede o no, las fuerzas del peronismo, durante la campaña electoral, presentaron y promovieron una imagen errada de Milei, focalizando sus ataques contra él en tópicos que, amén de guardar poca relación con la verdadera índole del candidato, demostraron no contarse entre las prioridades del grueso de la ciudadanía (por ejemplo, la temática de la dictadura de los '70 y las violaciones a los derechos humanos perpetradas en aquella época por el terrorismo de Estado).

No supieron (o no quisieron) interpretar adecuadamente a Milei, en quien ven una suerte de encarnación criolla de la “extrema derecha”. Acusación, ésta, que, desde el punto de vista estrictamente conceptual, resulta vaporosa: el concepto de “extrema derecha” es tan groseramente confuso que habilita asociaciones e identificaciones simultáneas con figuras tan dispares como Mussolini, Videla, Bush (padre e hijo), Fujimori, Macri, Abascal Conde, Trump, Bolsonaro... ¡Vaya melange!

Al parecer, sólo faltó incluir -en esta suerte de apretado elenco de súper-villanos- al Dr. No, el Dr. Evil y el Joker...

Tampoco supieron (o no quisieron) leer bien las necesidades, urgencias y expectativas del grueso del pueblo argentino, gran parte del cual se encuentra, desde hace ya varios años, bajo la temible “línea de pobreza” y, por lo tanto, con el estómago vacío y el apetito despierto y urgiendo... Sin duda alguna, una apremiante situación que, por vigoroso que sea el esmero que se aplique, no se puede solventar con el “lenguaje inclusivo”, la “identidad de género”, el “orgullo LGTB+” y las ímprobas búsquedas de argentinos con algún tatarabuelo “mapuche” o “afro” que “certifiquen” nuestra supuesta “multiculturalidad” de origen, entre otras paparruchadas, excentricidades y demasías woke...

Increíblemente, ya concluida la contienda comicial, ciertos periodistas y analistas políticos auto-percibidos peronistas, insisten tercamente en las absurdas hermenéuticas aquí aludidas.

Más allá de alguna que otra táctica propagandística deliberada (¡y fallida!), semejantes desatinos también pueden computarse entre los efectos del extravío doctrinario de los peronistas (o sedicentes “peronistas”).

10) Así las cosas, luego de esta severa derrota, el peronismo ha de focalizarse en su propia crisis de identidad y sentido histórico. Debe aprender de sus propios fracasos, auscultar las causas del mismo (abandono de la doctrina justicialista; ingenua o cómplice permeabilidad a todo tipo de infiltrados; envilecimiento impúdico de gran parte de sus dirigentes; impostación sobreactuada y payasesca de estilos populares; desvergonzada declamación discursiva sin anclaje alguno en la realidad de los hechos; etc.) y acometer urgente la purga de tan fieros vicios...

Los persistentes peronistas que, pese a todo, aún quedan, así como aquellos que, habiéndose extraviado en las vueltas de la accidentada política argentina, desean volver a serlo, incurrirían en una torpeza inexcusable si cayeran en la misma trampa diagnóstica que atrapó a gran parte de las fuerzas no-peronistas: la Reductio ad Kirchnerum... En efecto, así como muchos de los no-peronistas atribuyen todos los males del país al kirchnerismo, creyendo que su eventual desaparición aportará per se las soluciones de aquéllos, hay muchos buenos peronistas a quienes el árbol de Cristina les tapa el bosque de la parasitación y el anquilosamiento generalizado de su propio movimiento y partido.

Si las fuerzas genuinas y sanas del peronismo no se enfrentan de modo asertivo a la crisis que parece haberlas engullido (o bien, si, al hacerlo, se limitan torpemente a redefinir sus cacicazgos partidarios internos), es muy probable que aquél se extinga definitivamente. En tal caso, lo único que podría sobrevivir del mismo sería una suerte de marca política muy desgastada, con una maltrecha maquinaria electoral de alquiler o a conquistar...

Ello sería así, salvo que el gobierno de Milei fracase estrepitosamente en el manejo de los asuntos públicos (cuya situación, ciertamente, es muy delicada). En ese caso, el peronismo (o lo que se hace pasar por él) podría cobrar inusitada relevancia como posible (o supuesto) factor de gobernabilidad, para evitar que el país quede sumido en el caos...

En semejante escenario, dicho “peronismo” competiría con Mauricio Macri, otro pésimo ex presidente argentino, quien hoy se encuentra afanosamente abocado a colocar agentes suyos en el futuro gabinete de Milei y que mañana, ante el eventual fracaso de este último, sería presentado como pretendida prenda de gobernabilidad.

9) A guisa de provisorio colofón: Las medidas que Milei se propone adoptar (sobre todo, en materia político-económica) son radicales y, en gran medida, inéditas. Nadie duda, además, que su impacto inicial será traumático y doloroso (así se ha encargado de anunciarlo el propio Milei en el aludido discurso de victoria).

Paralelamente, resulta más que dudoso hasta qué punto podrá implementar tales medidas, dado que el nuevo presidente no cuenta con mayoría en ninguna de las dos cámaras legislativas. Además, para discernir esta cuestión, hay que considerar la eventual intervención del Poder Judicial de la Nación ante eventuales planteos de inconstitucionalidad. Al respecto, es menester tomar nota que, hace un par de meses, Horacio Rosatti, presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, no dudó en aseverar que la dolarización, en caso de implicar el descarte de la moneda nacional, sería inconstitucional.

Así las cosas, el tiempo dirá qué medidas finalmente se implementarán y cuáles no. Y si tales medidas constituirán un buen remedio o no... De lo que sí podemos estar seguros es de que Argentina se encuentra profundamente enferma y que el grueso de la ciudadanía ha decidido apostar -en contra del refrán popular- al “bueno por conocer”, en contra del “malo conocido”…

Por nuestra parte, debemos confesar que nos encontramos muy lejos de pensar que la política propugnada por Milei constituya remedio definitivo alguno para la grave crisis de aqueja y amenaza a los argentinos. Apelando, una vez más, a la sabiduría popular, a esta altura de los acontecimientos y por el momento, sólo esperamos que “el remedio no sea peor que la enfermedad”...

¡En todo caso, que DIOS ilumine y asista a todos los argentinos de bien!

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