Sergei Peresleguin y la transición hacia un mundo cerrado

Markku Siira
https://markkusiira.substack.com/p/sergei-pereslegin-ja-siirtyma-suljettuun
El ruso Sergei Peresleguin, conocido como futurólogo e
historiador militar, ha desarrollado una de las interpretaciones más coherentes
sobre la actual disrupción civilizatoria. Según él, el orden global está
transitando de un “mundo Washington–Bruselas” abierto hacia un mundo cerrado,
donde la ideología, la ley y el control reemplazan a la comercialidad y la
libre circulación como principios centrales.
Peresleguin enfatiza que esta transición no comenzó con el
coronavirus, pero que la pandemia funcionó como un punto de inflexión
significativo y un acelerador de un proceso ya en marcha. Él caracteriza al
coronavirus, ante todo, como una operación psicoinformativa y un catalizador
político-tecnológico que reveló y aceleró tendencias cuyos orígenes se remontan
a la crisis financiera de 2008 y, en particular, a las tensiones geopolíticas
de la década de 2010.
Detrás de estas tendencias está el modelo de olas tecnológicas
empleado por Peresleguin. Este se basa en la teoría del economista ruso Nikolai
Kondratiev sobre ciclos de aproximadamente 40 a 60 años, durante los cuales las
tecnologías fundamentales de la economía y la producción se renuevan
profundamente.
Peresleguin compara el coronavirus con la amenaza biológica
de pandemias anteriores (como la gripe española o la gripe de Hong Kong) y
considera que el virus en sí fue solo una amenaza relativamente menor para la
humanidad. Lo realmente central fue la reacción social: el confinamiento global
y la cuarentena, a los que no había conducido ninguna pandemia anterior. Esto
demostró que las libertades básicas de la era industrial pueden ser revocadas
de un plumazo, sin una crisis inmediata de legitimidad.
La pandemia permitió la transición de la quinta ola
tecnológica —la economía del consumo, los servicios y las finanzas— a la sexta,
en la que la inteligencia artificial, los métodos de fabricación aditiva y los
ciclos de producción cerrados reemplazan al comercio global abierto. Al mismo
tiempo, dio impulso a una “gobernanza postconstitucional”, donde el estado de
excepción se convierte en una estructura permanente.
En este contexto, Peresleguin habla de “fascismo médico” o
“solidarismo”, entendiendo por ello el uso de la justificación médica como
sustituto de la democracia tradicional.
En un nivel más profundo, Peresleguin sitúa todo este proceso
en el marco más amplio de la “zona de sombra”. Se trata de una “crisis de
transición”, término con el que describe una ruptura cualitativa súbita, donde
el viejo sistema se ha desmoronado pero el nuevo aún no ha surgido. La duración
típica de esta ruptura es de 20 a 22 años, por lo que el horizonte temporal se
extiende aproximadamente hasta 2042.
Sin embargo, Peresleguin advierte que, si no aparecen nuevos
motores de la civilización —“grandes exploradores, un nuevo Tomás de Aquino o
una nueva Juana de Arco”—, el proceso podría alargarse hasta ocho generaciones,
es decir, cerca de 200 años. En esta fase de transición, el viejo mundo de la
globalización será enterrado y en su lugar se construirá un sistema fragmentado
y más cerrado. Las fronteras se cierran, la vigilancia se profundiza y los
intereses de los Estados y las élites se entrelazan estrechamente.
A la vez, Peresleguin es muy escéptico respecto a la
inteligencia artificial fuerte. Por razones teóricas y de información, niega
que las máquinas basadas en la arquitectura de von Neumann puedan alcanzar
jamás la inteligencia humana, y mucho menos la conciencia. Distingue tres
niveles: inteligencia artificial capaz de tareas intelectuales simples;
inteligencia artificial que genera nuevo conocimiento; e inteligencia
artificial que crea otro tipo de saber. Según Peresleguin, solo el primero de
estos niveles existe actualmente.
Compara la inteligencia artificial actual con un niño
prodigio de seis o siete años, que lo recuerda todo pero siempre necesita que
un ser humano le dé sentido a sus acciones. El ser humano es capaz de
“pensamiento cuántico”, en el que significados distantes se unen en
intuiciones, algo que las máquinas no pueden hacer.
Peresleguin considera que los conflictos militares no son la
amenaza más peligrosa en tiempos de crisis. Considera al menos igual de grave
la posible hambruna, que podría costar la vida a 4 o 5 mil millones de
personas. Las políticas de energía verde han reducido la energía disponible
para la producción de fertilizantes, y la eliminación del ganado ha restringido
el acceso a fertilizantes orgánicos. Esto podría llevar a una disminución de la
producción agrícola y desencadenar un efecto dominó, en el que el deterioro de
las estructuras sociales profundice la hambruna.
Según la teoría de Peresleguin, el ascenso del mundo cerrado
es una tendencia a largo plazo. La estructura de la globalización abierta ya
empezó a consolidarse en los años posteriores a la crisis financiera, y el
proceso se aceleró por las tensiones geopolíticas y las estrategias de
emergencia de la década de 2010.
El teórico ruso ha continuado su análisis incorporando
proyectos de élite como el “Gran Reinicio” (la iniciativa Great Reset lanzada
por el Foro Económico Mundial) como parte de esta transición hacia un orden
mundial más cerrado. Los actuales conflictos geopolíticos, las crisis de
recursos, la competencia tecnológica y la creciente vigilancia digital
profundizan aún más esta evolución.
La verdad histórica rara vez es unívoca. Peresleguin sostiene
que la realidad histórica sigue principios similares a los de la mecánica
cuántica: dos interpretaciones contradictorias pueden ser verdaderas al mismo
tiempo. Por eso no busca demostrar sus afirmaciones, sino abrir perspectivas.
Sus puntos de vista se inscriben en la tradición de la
futurología crítica. Son interpretaciones más provocativas y hermenéuticas que
predicciones empíricas estrictas. Su observación central, en cualquier caso, es
acertada: las crisis revelan vulnerabilidades estructurales y posibilitan
cambios radicales en las estructuras de poder.
La transición descrita por Peresleguin ya ha comenzado. El
legado del mundo abierto ha sido enterrado, y el sistema cerrado se está
construyendo silenciosamente dentro de distintas sociedades, ya sea que el
acelerador sea una pandemia, una crisis económica, una revolución tecnológica o
tensiones geopolíticas.
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