Pakistán abre una nueva ruta terrestre hacia Irán: un primer paso significativo contra el aislamiento de Teherán



Gastel Etzwane

En un gesto estratégico con posibles repercusiones de gran alcance, Pakistán ha autorizado oficialmente a Irán a recibir mercancías provenientes de terceros países en tránsito por su territorio. Esta decisión, formalizada por el Ministerio de Comercio pakistaní mediante la notificación «Transit of Goods through Territory of Pakistan Order 2026» (SRO 691(I)/2026), fue publicada el 25 de abril y entró en vigor de inmediato.

El texto, adoptado en virtud de la Ley de Control de Importaciones y Exportaciones de 1950 y en aplicación del acuerdo bilateral de 2008 sobre transporte por carretera entre ambos países, ahora permite el paso de bienes no originarios de Pakistán hacia Irán a través de corredores terrestres claramente definidos. Entre las principales rutas notificadas se encuentran aquellas que conectan Gwadar con Gabd, Karachi y Port Qasim con Lyari, Ormara, Pasni y posteriormente Gabd, así como de Karachi y Port Qasim a Khuzdar, Dalbandin y Taftan. Otras rutas más largas atraviesan Beluchistán por Turbat, Hoshab, Panjgur, Khuzdar, Quetta y Nokundi hasta Taftan. Todos los transportes permanecen estrictamente regulados por la ley aduanera de 1969, los procedimientos de la Junta Federal de Ingresos y una garantía bancaria cobrable.

Esta medida se produce en un contexto regional particularmente tenso. Ante las perturbaciones marítimas persistentes en el estrecho de Ormuz y el bloqueo naval que retiene a miles de contenedores en puertos paquistaníes, Irán encuentra aquí una salvación económica concreta. Aunque Teherán nunca ha estado completamente aislado, gracias a sus sólidos lazos con China mediante el acuerdo de cooperación de 25 años y sus estrechos vínculos con Rusia dentro de los BRICS, esta nueva facilidad terrestre representa un primer paso decisivo. Reduce la dependencia de rutas marítimas vulnerables, acelera las importaciones de bienes esenciales y preserva las reservas de divisas iraníes.

Para Pakistán, la importancia también es estratégica. Al convertirse en una puerta de entrada comercial preferente para su vecino, Islamabad refuerza su papel como centro regional, valora el puerto de Gwadar, pilar del Corredor Económico China-Pakistán, y fomenta la actividad logística en Beluchistán. Los analistas también ven en ello un medio para mejorar las relaciones bilaterales y diversificar los corredores hacia Asia Central.

Pero el alcance de esta decisión va mucho más allá del marco bilateral. Al permitir a Irán sortear, al menos parcialmente, las restricciones impuestas por las tensiones con Estados Unidos, Pakistán ilustra una nueva realidad geopolítica. Aunque todavía se trata de una iniciativa limitada al transporte terrestre, demuestra con fuerza que las potencias regionales pueden diseñar estrategias alternativas eficaces. Estas ofrecen la posibilidad de mantener flujos comerciales vitales sin someterse completamente a lo que muchos perciben como una forma de imperialismo estadounidense en las vías marítimas internacionales.

En un momento en que los equilibrios mundiales se están redefiniendo, este primer paso de Pakistán podría ser el precursor de una era en la que la conectividad euroasiática, alejada de los pasos de control estratégico marítimo dominados por las grandes potencias occidentales, gane en autonomía. Para Irán, es un aliento bienvenido. Para el mundo multipolar en gestación, es una señal tangible de que la resiliencia económica ahora pasa por corredores terrestres innovadores, independientes de las presiones externas. Una evolución que, aunque modesta en apariencia, lleva un peso significativo para el futuro del comercio regional y el equilibrio de fuerzas.

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