Y Sofía señala el camino
Andrea Marcigliano
https://electomagazine.it/e-sofia-prende-il-largo/
En Bruselas nunca hay paz. Nunca un momento de tranquilidad para von der Leyen, Kàllas y su círculo eurocrático.
Acababan de celebrar la supuesta vuelta de Budapest a la familia común, y ya aparece una nueva crisis.
Y una crisis que realmente es difícil de tragar.
Bulgaria ha votado. Y con un resultado verdaderamente búlgaro, Rumen Radev ha salido vencedor, habiendo sido ya presidente de la República y precisamente por eso retirándose para presentarse a las elecciones.
Y con un programa claro: restablecer las relaciones con Moscú. Poner fin al absurdo sistema de aislamiento que lleva a la economía de un país aún en desarrollo al borde del colapso.
La desesperación de nuestras vestales del llamado “europeísmo”. Quieren que todos los países de la UE obedecen a los dictados de la Comisión de Bruselas.
Y que aman a este Parlamento Europeo, cuyo máximo poder consiste en discutir sobre la curvatura de los plátanos.
Dejar que otros hagan política.
Pero hay un pequeño detalle que preocupa a los eurocratas y a sus tontos seguidores.
Radev es un hombre de izquierdas. Y gracias a él, la izquierda vuelve a Sofia, desplazando a una “derecha” desgastada que sigue completamente los dictados de la UE.
Izquierda, pero pro-rusa, nos sugieren con la habitual campaña de difamación.
En realidad, es un realista. Y por tanto, consciente de que para Bulgaria es imposible alejarse de las relaciones con Moscú.
Es una relación profunda, histórica y cultural, mucho antes de que fuera económica, como ahora.
Radev conoce muy bien la conexión histórica entre búlgaros y rusos. No es casualidad que el alfabeto cirílico haya sido inventado por los santos Cirilo y Metodio para escribir en búlgaro y que luego se haya adoptado en ruso.
Tampoco es casualidad que en Sofía todavía se puedan ver las huellas de la liberación del yugo otomano, llevada por los ejércitos de los zares.
Y, por supuesto, también están los intereses actuales.
Bulgaria es un país en gran auge. Y en gran parte depende del gas y del petróleo que provienen de Moscú.
Cortar ese cordón umbilical y, en su lugar, comprar combustibles fósiles a empresas petroleras estadounidenses, como exige la sumisa postura de los eurocratas, sería peor que un daño.
Sería un verdadero suicidio. Que llevaría a todo el país al atraso y al subdesarrollo.
Por eso, Radev ha enarbolado la bandera del interés nacional. Y ha obtenido una victoria clara.
Derecha e izquierda ya no importan. Solo son restos del pasado. Ahora hay que enfrentarse a la realidad.
Es evidente que este asunto búlgaro envía una señal clara.
La UE, con sus demandas y su sumisión a intereses que no tienen nada que ver con los pueblos europeos, no es más que un carro fúnebre.
Intentan, o creen haber puesto un parche en Hungría. Y de inmediato, se abre otra brecha en Bulgaria.
Un sistema de poder desconectado de la realidad. Y ligado a intereses que no tienen nada que ver con el verdadero Europa.
Está muriendo. De hecho, parece estar ya en un estado avanzado de descomposición.
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