Retorno a la retórica del miedo occidental — Una mirada realista a Rusia



Markku Siira

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La discusión sobre Rusia ha quedado atrapada en un ciclo de retórica repetitiva. Las predicciones constantes de una escalada en el conflicto, al mismo tiempo que se enfatiza la amenaza y la debilidad de Rusia, no constituyen un análisis constructivo, sino una profecía autocumplida con poca base en hechos. Es más útil abordar la situación de Rusia de manera realista, sin dejarse llevar por la retórica del miedo occidental, y enfrentándose a los desafíos y oportunidades reales del país.

La élite académica de Rusia ha roto recientemente algunos tabúes en política exterior. Dmitri Trenin, presidente del Consejo de Asuntos Internacionales y Seguridad (RIAC), declaró que Rusia se encuentra en medio de un "nuevo conflicto mundial contra el mundo occidental colectivo", aunque también criticó la expertise en política exterior de su propio país por estar desconectada de la realidad. Esta autocrítica no indica debilidad, sino una vigilancia estratégica.

Ivan Timofejew, director del programa del Club de Valdái, fue aún más allá. Según él, la falta de modernización tecnológica, científica e industrial dificulta, e incluso hace imposible, mantener la competitividad. Timofejew se apoya en la herencia de Pedro el Grande: la modernización de esa época fue violenta, pero necesaria, con tecnología y conocimientos tomados a las potencias occidentales enemigas.

Desde entonces, debido al deterioro de la cooperación con Europa, Rusia se ha vuelto hacia nuevos socios, especialmente China, sin cerrar la puerta a una posible reanudación de la cooperación con Occidente. Esta apertura, incluso en medio de hostilidades, demuestra el pragmatismo ruso.

En el ámbito de la cuarta revolución industrial y la digitalización, Rusia ha logrado avances importantes, especialmente impulsada por las sanciones. Estas sanciones aceleraron la transición hacia software nacional y fortalecieron la autosuficiencia tecnológica.

El Estado ha invertido en la normalización de la digitalización industrial, y en el sector civil, grandes empresas metalúrgicas como Severstal, NLMK y MMK lideran en la adopción de inteligencia artificial y gemelos digitales. En la industria de defensa, la IA se ha integrado en plataformas como Okhotnik y Narval, y el presidente Putin enfatiza la importancia de la IA en el nuevo programa de armamento.

Estos avances forman parte de una estrategia más amplia en la que Rusia, a pesar de su posición debilitada en las instituciones financieras occidentales, desarrolla activamente redes alternativas, especialmente dentro de BRICS. La proporción de moneda nacional en el comercio con socios de BRICS ha aumentado considerablemente.

Desde una perspectiva de seguridad estratégica, Rusia se encuentra entre dos bloques: en Occidente, la UE como adversario; en Oriente, China como socio estratégico. Su arsenal nuclear actúa como disuasión contra ataques de gran escala, pero el país sigue siendo vulnerable a conflictos de baja intensidad en sus fronteras meridionales.

Internamente, Rusia todavía enfrenta problemas conocidos: desigualdades sociales, brechas regionales, burocracia, infraestructura débil y problemas ambientales.

La militarización de la economía agota la fuerza laboral, la crisis demográfica es grave y el bloqueo tecnológico causado por las sanciones es crítico. Sin embargo, el país cuenta con puntos fuertes importantes: una población altamente calificada, un patrimonio cultural rico, una resiliencia demostrada en crisis y una larga tradición de avances tecnológicos incluso en tiempos difíciles.

El grupo en el poder, cauteloso, de Putin, no ampliará el conflicto fuera de Ucrania. Cualquier escalada no provendría de Moscú, sino de actores occidentales, especialmente de círculos dirigidos por Londres. La amenaza persistente de una invasión rusa, por ejemplo, en los países bálticos o Finlandia, es más una fuente de temor que un análisis realista.

El objetivo estratégico del Occidente parece ser imponer un liderazgo ruso predecible, subordinado a sus propios intereses. Para los intereses nacionales rusos, una opción más adecuada sería un modelo chino: una economía socialista de mercado en la que el Estado dirija la economía y seleccione tecnologías, sin depender de democracias occidentales ni transferir recursos a capital extranjero.

Después de Putin, Rusia necesitará un nuevo líder nacionalista y tecnocrático que impulse una modernización a la china, sin renunciar a la soberanía estratégica del país.

Rusia se encuentra en una encrucijada estratégica. No desea ampliar la guerra, y no puede retirarse de Ucrania sin un acuerdo, lo que significaría el fin del sistema actual. Desvincularse tanto del peso de la era soviética como del círculo vicioso de la economía de guerra requeriría una reevaluación, un nuevo rumbo y la capacidad de gestionar conflictos internos y presiones externas. El resultado final dependerá, en última instancia, de cómo Rusia defina su propio camino, no de cómo lo interpreten los externos.


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