Raíces espirituales de la sabiduría de Baltasar Gracián




Prof. Dr. h.c. Hei Sing Tso

Presidente, Aprendizaje de Estrategias Guiguzi, Hong Kong

El libro de Baltasar Gracián, El arte de la prudencia, es leído y alabado en todo el mundo. Muchos lo comparan con El Príncipe de Maquiavelo y El Arte de la Guerra de Sun Tzu. La mayoría piensa que se trata de un manual para el éxito mundano en la carrera, la política y los negocios. Esto es un completo error. Gracián era un jesuita católico y filósofo. La fe y la teología siguen siendo el centro de su mundo interior. Por otro lado, los jesuitas eran diferentes a otros órdenes católicos. Buscaban conectarse con el mundo secular. Formado en ética tomista y aristotélica, es lógico que Gracián construya un puente entre la mundanidad y lo divino. Su ética se denomina filosofía del Ingenio, mientras que la virtud de la prudencia es una forma de ese Ingenio. A través de la práctica de la prudencia en los asuntos mundanos, uno puede alcanzar la salvación después de la muerte. La prudencia es un canal que une el mundo y lo divino sagrado. Por eso, considero que el título en inglés del libro es engañoso. El título original en español es Oráculo Manual y Arte de Prudencia. Prudencia es la virtud de la prudencia. Gracián busca animar a las personas a aplicar la prudencia en el mundo para, a través de este pequeño manual, acceder a lo divino. Se trata de una obra de acción espiritual, no de un libro de ayuda para el éxito mundano en el sentido común.

Aunque el libro contiene cortas máximas, hay que leerlas entre líneas con contemplación. Podemos aplicar la sabiduría china de 微言大 (palabras triviales con significados profundos) al leer la obra de Gracián y descubrir una sabiduría más profunda y oculta que está en línea con la espiritualidad.

La primera máxima

Todo se encuentra en su punto culminante de perfección. Esto es especialmente cierto para el arte de hacer camino en el mundo. Hoy en día, se requiere más para convertir a una sola persona en sabia que lo que se necesitaba en la antigüedad para crear a los Siete Sabios de Grecia, y se necesita más para tratar con una sola persona que con un pueblo entero.

La primera máxima es muy esencial. Constituye la base y el núcleo de la práctica de la prudencia. Gracián cree que cada persona puede estar en camino hacia la perfección para acercarse a Dios, y ese camino pasa por la práctica en el mundo secular, no en desiertos o monasterios. Para ser sabio y alcanzar la perfección, una persona laica debe entrenar su espíritu interior como los sabios de la antigua Grecia. Sin embargo, esto es más difícil en el mundo secular, porque uno se deja tentar fácilmente por el mal. La última frase tiene implicaciones políticas. En primer lugar, un estadista prudente puede dirigir una nación para ganar cualquier guerra, incluso si el enemigo tiene más recursos. En segundo lugar, si el líder de tu enemigo carece de prudencia, puedes aprovechar esa debilidad estratégicamente.

La segunda máxima

Carácter e inteligencia. Son los dos polos de nuestra capacidad: sin uno, solo estamos a medio camino de la felicidad. La inteligencia por sí sola no es suficiente; también es necesaria la virtud del carácter. Por otro lado, la desgracia del necio es no conseguir la posición, el empleo, la vecindad y el círculo de amigos que desea.

Esta es la primera sabiduría para desarrollar una capacidad de prudencia. La mayoría de las personas valoran mucho la inteligencia, porque puede ser objetivamente probada y evaluada. Todos seguimos las mismas lecciones y obtenemos un MBA similar. Pero Gracián nos enseñó primero a conocernos a nosotros mismos. Dios hace que cada persona sea única. Sun Tzu decía: «Ganas siempre si te conoces a ti mismo y a tu enemigo plenamente». Además, el carácter debe ajustarse estrechamente al entorno, ya que el empleo, los vecinos y el círculo de amigos son tus activos estratégicos. Cuanto más consciente seas de tu carácter, más sabio serás.

La tercera máxima

Mantén un asunto en suspenso durante un tiempo. La admiración por las cosas nuevas aumenta su valor. Es tanto inútil como aburrido revelar toda tu mano de inmediato. Si no te revelas de inmediato, generas expectativas, especialmente cuando la importancia de tu posición te convierte en objeto de atención general. Mezcla un poco de misterio en todo, y ese misterio genera veneración. Y cuando expliques, no seas demasiado explícito, así como no revelas tus pensamientos más profundos en una conversación normal. El silencio prudente es el santuario sagrado de la sabiduría mundana. Una decisión declarada nunca es muy valorada: solo deja espacio para las críticas. Y si fracasa, estarás doblemente desdichado. Además, imitas el camino divino cuando inspiras asombro y observación en los demás.

Dios es misterioso, y debemos aprender de Dios. Según Lao Tse, debemos mantener silencio y tranquilidad para seguir el Tao. De manera similar, Gracián nos aconsejaba cerrar la boca en contextos abiertos con dos objetivos estratégicos: generar expectativas en los seguidores y evitar ataques de los enemigos. La última frase nos enseña claramente a imitar a Dios para realizar milagros e inspiraciones. Esto también es esencial para el compromiso público e incluso en campañas electorales.

La cuarta máxima

Conocimiento y coraje. Son los elementos de la grandeza. Porque son inmortales, otorgan inmortalidad. Cada uno es tanto como lo que sabe, y el sabio puede hacer todo. Una persona sin conocimiento vive en un mundo sin luz. La sabiduría y la fuerza son los ojos y las manos. El conocimiento sin coraje es estéril.

Cuando se toman decisiones prudentes, el conocimiento es necesario. Pero no todo conocimiento es bueno. Solo debemos adquirir aquel que difunde la luz divina para la inmortalidad y la salvación. Como virtud, hay que emplear el buen conocimiento con coraje y perseverancia, incluso ante dificultades, rechazo y críticas. La educación y la ideología siempre nos prohíben aprender conocimientos periféricos. Para Gracián, uno solo será sabio si tiene un conocimiento amplio. Guiado por la sabiduría divina, incluso puede aplicar este conocimiento marginal para desarrollar estrategias efectivas.

La quinta máxima

Haz que las personas dependan de ti. No aquel que decora, hace de uno una divinidad, sino aquel que es adorado. El sabio preferiría que otros lo necesiten en lugar de que le den las gracias. Mantener viva la esperanza es diplomático; confiar en su gratitud es grosero. La esperanza tiene buena memoria, la gratitud, mala. Se puede obtener más de la dependencia que de la cortesía. Quien ha saciado su sed, se vuelve de la fuente, y la naranja exprimida cae del plato de oro en la basura. Cuando la dependencia desaparece, desaparecen también el buen comportamiento y el respeto. Esta debería ser una de las principales lecciones de la experiencia: mantener la esperanza viva sin satisfacerla por completo, conservándola para hacerte siempre necesario, incluso poniendo a alguien en el trono. Pero no calles en exceso, o te equivocarás; no hagas que las fallas de otros se vuelvan irreparables para tu propio beneficio. De lo contrario, no hallarás la salvación.

Según Gracián, las estrategias no solo se refieren al mundo secular. Si lees estas máximas con una perspectiva espiritual, se revelará la verdadera sabiduría de la vida. Espero poder compartir en el futuro aún más obras espirituales de la herencia de las máximas de Gracián con los lectores.

Commentaires

Posts les plus consultés de ce blog

Rumanía, Portugal y Polonia: tres citas electorales de importancia para la reconfiguración del panorama político europeo.

La Argentina más europea.

Winston Churchill y la élite en la sombra