La negativa italiana de Sigonella del 27 de marzo de 2026: un acto de soberanía valiente, cercano a la postura española

Gastel Etzwane
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El 27 de marzo de 2026, Italia negó el aterrizaje en la base de Sigonella (Sicilia) a bombarderos estadounidenses que se dirigían a Oriente Medio para operaciones relacionadas con Irán. El ministro de Defensa, Guido Crosetto, bloqueó la autorización: no se había solicitado previamente el visto bueno, y el plan de vuelo fue comunicado en pleno vuelo, en contra de los acuerdos bilaterales que exigen una consulta explícita al gobierno italiano para misiones no rutinarias.
Detrás del argumento procedimental se esconde una clara reticencia política: la Italia de Giorgia Meloni se niega a implicarse en ataques ofensivos contra Irán. Prioriza la diplomacia y el derecho internacional, limitando su papel a la protección defensiva de sus propios intereses. Es una postura valiente para un aliado de la OTAN.
Esta línea es muy similar a la de España, que ya había prohibido el uso de sus bases (Rota, Morón) y de su espacio aéreo para operaciones estadounidenses-israelíes contra Irán, calificando la intervención de "unilateral y peligrosa".
Cabe señalar que el infame senador estadounidense Lindsey Graham – ese personaje que parece haberse erigido en consejero especial de Donald Trump – exhortó públicamente al presidente a sancionar a España, cerrar las bases estadounidenses en su territorio y reubicarlas en otro lugar. Para él, un aliado europeo que dice "no" merece castigo.
En suma, la negativa italiana del 27 de marzo no es una simple formalidad: es una señal fuerte de soberanía, valiente y alineada con la firmeza española. En un contexto en el que algunos asesores estadounidenses sueñan con sanciones contra los aliados que se resisten, Roma y Madrid recuerdan que aún es posible poner límites al imperialismo estadounidense.
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