El retrato de
Oliver Cromwell: «Un análisis psicológico y de carácter concebido para llegar
al hombre y presentar […] en un esbozo, al mortal que fue»
por Giovanni
Sessa
https://www.barbadillo.it/129481-il-dittatore-puritano-raccontato-da-hilaire-belloc/
Oliver
Cromwell. El dictador puritano
Acaba de
salir a la venta, de la mano de la editorial Iduna, un volumen de Hilaire
Belloc, Oliver Cromwell. El dictador puritano (para pedidos:
associazione.iduna@gmail.com). El texto se ve enriquecido por el prefacio
contextualizador de Maurizio Pasquero, que introduce de manera provechosa al
lector en los acontecimientos que involucraron al político inglés de formación
puritana.
Este volumen, cuya primera edición se publicó en 1927 en Gran
Bretaña, constituye un anticipo de la monumental biografía intelectual de
Cromwell publicada por Belloc en 1934, que, aún hoy, sigue siendo un referente
en la bibliografía sobre el tema. El libro que aquí analizamos brevemente,
escribe el autor del prólogo, se centra en: «una investigación psicológica y de
carácter concebida “para llegar al hombre y presentar […] en un esbozo, al
mortal que fue”» (p. I).
Los cinco densos capítulos en los que se articula el
volumen son de lectura muy amena, al estilo de la biografía de matriz
anglosajona. En ellos se analiza la formación social y religiosa de Cromwell,
así como su cursus honorum militar y político.
El texto tiene como telón de
fondo los trágicos acontecimientos que en Inglaterra llevaron al enfrentamiento
entre el Parlamento, dominado por los puritanos, y el rey, Carlos I Estuardo.
El conflicto degeneró, entre 1642 y 1649, en una guerra civil abierta, cuya
conclusión fue la decapitación del soberano y la posterior proclamación de la
«república».
El ánimo del
protagonista
Las páginas
del libro revelan, no solo el ánimo del protagonista, sino el sentido profundo
de la revuelta puritana que, no por casualidad, el filósofo austro-alemán Eric
Voegelin, en su ensayo Política puritana, interpretó como el inicio de la
modernidad neognóstica. Se trató, de hecho, del primer intento de realizar «el
reino de Dios en la tierra». Belloc (1870-1953), francés de nacimiento pero
inglés de adopción, fue una de las plumas católicas más brillantes del momento
histórico en el que vivió.
Convencido crítico de la modernidad, fue colaborador
de G. K. Chesterton en la elaboración de la teoría económica conocida con el
nombre de «distributismo», antitética a la práctica político-social del
liberalismo. Dadas estas premisas, el juicio de Belloc sobre Cromwell no podía,
sin duda, ser generoso. El escritor: «no comparte nada de los ideales y de la
práctica política» (p. IV) cromwelliana, pero, en cualquier caso, reconoce en el hombre: «gran habilidad y vigor de
carácter» (p. IV).
Los antepasados del futuro dictador habían luchado por
erradicar los ideales católicos del territorio inglés, con el fin de perseguir
sus propios intereses mercantiles y, tal herencia, influyó profundamente en la
formación del joven Oliver. Este pasó su juventud en la opulencia de la mansión
paterna, Hinchinbrooke House, donde fueron huéspedes Isabel la Grande y Jacobo
I.
En la misma vivienda, probablemente, estuvo retenido, como prisionero en
tránsito, también Carlos I. Cromwell, en
esta primera fase de su existencia, tenía una clara conciencia de su posición
social y se afirmó en la sociedad de los nuevos ricos.
El
antipapismo
Sobre él
ejerció una influencia prioritaria el mito, para él absolutamente negativo, de
la Armada Invencible española de Felipe II, lista para invadir Inglaterra. Esto
le llevó a inclinarse por un antipapismo radical. Leyó la Biblia de Ginebra
calvinista, que tuvo 150 reimpresiones, aunque, por su estilo fascinante,
apreció más la versión anglicana del texto: «Hasta los cuarenta años, el futuro
Lord Protector se presenta a los ojos del escritor como un político […] “muy
corriente”» (p. VI).
Los éxitos militares, poco después, le otorgaron el aura
de “elegido”, a la que aspiraba con todo su ser. En las derrotas vio, sencillamente,
«advertencias» que el Señor le habría enviado en persona. La ejecución de
Carlos I fue la más «maquiavélica» de sus intrigas: «destinada a reforzar su
poder personal», que, según Belloc, siempre careció de una verdadera visión
política.
Cromwell se opuso a la Iglesia del Estado: «por encima de todo […] le
importaban la libertad de culto (concedida a los judíos, ¡pero no a los
católicos!) y la autonomía de los distintos grupos evangélicos» (p. VIII). De
ellos reclutó a los hombres, motivados por la fe, del New Model Army, brazo
armado de la empresa neognóstica. Fue tolerante incluso con los niveladores y
los cavadores, que se oponían a los cercamientos.
Despiadado
con los irlandeses
Movido por el
sueño de hacer realidad la «Jerusalén celestial» en tierra inglesa: «veinte
años después lo encontramos cubierto de sangre» (p. IX). Fue despiadado con los
irlandeses y llevó a cabo auténticas deportaciones masivas.
Por ese
motivo, fue el inglés más odiado de la Isla Esmeralda, pero, por las mismas
razones, también fue detestado por los escoceses. Tras ser cuestionado por el
Parlamento en 1653, se deshizo de dicha institución. Inmediatamente después,
instauró un auténtico régimen autoritario, que aspiraba a controlar incluso la
moralidad de sus nuevos súbditos, y habría querido llegar a controlar el «foro
interior» de los hombres.
Al ser incapaz de ver más allá de su propio
«particular»: «fracasó estrepitosamente también en la elección de su sucesor»
(p. XI). Richard, su primogénito, se mostró totalmente incapaz de desempeñar
las tareas que se le habían asignado. Murió poco antes de cumplir los sesenta
años, viviendo constantemente con el terror de ser asesinado, a pesar de su
«elección» divina.
La visión neognóstica
no murió con Cromwell, sino que se manifestó dramáticamente en la historia de
los siglos siguientes, hasta la hecatombe de los acontecimientos del siglo XX.
Por esta razón, el libro Oliver Cromwell. El dictador puritano es de gran
actualidad. Enseña, como mínimo, a desconfiar de los «ungidos» por el Señor y
de quienes sostienen que el mundo debe ser reformado en nombre de Dios, de una
clase o de una raza.
Hilaire
Belloc, Oliver Cromwell. Il dittatore puritano, prólogo de Maurizio Pasquero,
Iduna, 110 pp., 12,00 euros.
Commentaires
Enregistrer un commentaire