Despertar amargo: América solo tiene un verdadero aliado… y abandona a todos los demás
Con la guerra en Irán, quizás estemos presenciando una reorganización profunda del orden occidental. Países europeos muy diversos — desde la neutral Suiza hasta Francia, Italia y España, pasando por Polonia, que sin embargo es uno de los aliados más cercanos y fieles de Estados Unidos — multiplican las negativas. Sobrevolar con aviones militares, utilizar bases o transportar armas: todos han dicho que no, afirmando así una cierta independencia respecto a Washington y tomando conciencia de que no se puede confiar realmente en los estadounidenses.
El mismo patrón se repite en otros lugares, incluso entre aquellos que creían estar firmemente protegidos. Estados Unidos prometió a Corea del Sur una protección infalible contra Corea del Norte y China… antes de retirar sistemas de defensa antimisiles desplegados en su territorio para reasignarlos en favor de Israel.
De la misma forma, pidieron a Polonia, que se creía protegida de los rusos por la OTAN y Washington, que cesara sus baterías Patriot. La negativa de Polonia, a pesar de ser un apoyo incondicional de Estados Unidos.
Las monarquías del Golfo ofrecen un ejemplo aún más ilustrativo: aceptaron albergar bases estadounidenses en su territorio, creyendo así estar protegidas. Cuando Irán, como se esperaba, atacó esas bases, descubrieron que la presencia estadounidense las convertía en objetivos privilegiados… sin una verdadera contrapartida. Las tropas estadounidenses se refugiaron rápidamente o evacuaron, dejando a las monarquías expuestas.
Estos ejemplos son elocuentes: Estados Unidos solo tiene un aliado incondicional, Israel. Todos los demás no son más que socios circunstanciales. Cuando les conviene, no dudan en despojar o traicionar a quienes afirmaban defender para servir su prioridad absoluta.
La prueba de ello es que, en la más mínima ocasión, los estadounidenses están dispuestos a clavarles una puñalada por la espalda a sus “amigos”.
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