Millennium Challenge 2002: cuando un general estadounidense demostró que la guerra asimétrica podía hundir una flota
En 2002, el Pentágono organizó uno de los ejercicios militares más grandes de su historia, bautizado como Millennium Challenge 2002. Con un coste aproximado de 250 millones de dólares, esta simulación tenía como objetivo poner a prueba la capacidad de las fuerzas estadounidenses para enfrentarse a un adversario estatal en un conflicto moderno en Oriente Medio.
Para que el ejercicio resultara creíble, el mando de la «fuerza adversaria» se confió al general retirado de la Marina Paul Van Riper. Este dirigía el Red Team, encargado de encarnar a un Estado ficticio de la región, inspirado en gran medida en Irán.
Desde las primeras fases de la simulación, Van Riper adoptó una estrategia radicalmente asimétrica. En lugar de enfrentarse directamente a la flota estadounidense, utilizó medios sencillos y poco costosos: comunicaciones no electrónicas para evitar interceptaciones, ataques simultáneos con misiles antiaéreos y el uso de pequeñas embarcaciones rápidas para saturar las defensas.
El resultado fue espectacular. En la simulación inicial, la ofensiva sorpresa llevada a cabo por la fuerza enemiga condujo a la neutralización de una parte importante de la flota estadounidense, con el equivalente a dieciséis buques de guerra destruidos y pérdidas simuladas que podían alcanzar varios miles de militares.
El ejercicio se suspendió y se reinició con nuevas reglas. Se restringieron algunas de las tácticas empleadas por Van Riper, ya que el objetivo de los organizadores era continuar el ejercicio con un escenario pedagógico más controlado. El general criticó públicamente estas decisiones, considerando que la simulación había sido modificada para hacer inevitable la victoria estadounidense, antes de retirarse del ejercicio.
Desde entonces, este episodio se cita regularmente como una demostración de los límites del poder militar convencional frente a tácticas asimétricas en un entorno restringido como el Golfo Pérsico.
La lección estratégica sigue siendo hoy en día especialmente relevante. La doctrina naval iraní nunca se ha basado en grandes buques de superficie comparables a los de las marinas occidentales. Por el contrario, se basa en medios dispersos y difíciles de neutralizar: lanchas rápidas en enjambre, minas navales, misiles costeros y, ahora, drones. Por lo tanto, la destrucción de buques más grandes no cambia fundamentalmente esta ecuación. Los verdaderos instrumentos de esta estrategia son precisamente los pequeños medios capaces de saturar un espacio marítimo estrecho como el estrecho de Ormuz, en particular para el tendido de minas o los ataques rápidos. Veinte años después del ejercicio de 2002, la aparición masiva de drones no hace más que reforzar esta lógica: permiten la detección, la saturación de las defensas y la desorganización de una flota tecnológicamente superior. En este sentido, la experiencia revelada por Millennium Challenge no ha perdido nada de su relevancia; incluso parece, en muchos aspectos, aún más actual hoy en día.
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