¿Geopolítica o delirio mesiánico?



Por @BPartisans

Cuando Benjamin Netanyahu explica tranquilamente que la guerra actual llevará algún día a “la morada del Mesías”, ya no se trata de estrategia militar. Entramos en un terreno mucho más inquietante: la política exterior dictada por una visión apocalíptica.

Porque detrás de las declaraciones marciales sobre “un Irán debilitado” e “Israel más fuerte que nunca”, Netanyahu deja escapar algo mucho más revelador: una visión casi religiosa de la historia. El conflicto ya no sería solo geopolítico, sino una etapa en una trayectoria mesiánica. En una traducción menos poética: guerra permanente hasta el cumplimiento de una profecía.

En ciertas interpretaciones nacionalistas del judaísmo religioso, la reconstrucción del Tercer Templo en la explanada de Jerusalén constituye una etapa previa a la era mesiánica. Pequeño problema: ese lugar es también el tercer lugar santo del islam. En otras palabras, para realizar esta profecía, potencialmente habría que desencadenar una guerra religiosa mundial. Un detalle técnico que los mesiánicos parecen considerar como un simple “daño colateral”.

Y es aquí donde la situación se vuelve casi grotesca. Una parte de la derecha evangélica estadounidense comparte esa misma visión escatológica. Para ellos, Israel debe desempeñar su papel en el escenario bíblico del Libro del Apocalipsis antes del regreso de Cristo. Sí, la superpotencia nuclear estadounidense a veces se alinea con una estrategia regional que se parece peligrosamente a una telenovela teológica sobre el fin de los tiempos.

En este relato apocalíptico, el caos mundial precede al advenimiento de un nuevo orden. En el Apocalipsis (13:1-8), surge una figura política en medio de guerras y catástrofes para imponer su dominio. Los teólogos llaman a esto el Anticristo. Netanyahu, en cambio, habla de misiles, alianzas y… la morada del Mesías. La mezcla es explosiva.

Porque detrás del discurso triunfalista se esconde una realidad más oscura: un proyecto ideológico. El famoso “Gran Israel”, sueño de ciertos sectores ultranacionalistas, combinado con una visión religiosa en la que la guerra se convierte en un instrumento histórico casi sagrado. En esa lógica, los conflictos ya no son fracasos diplomáticos, sino etapas necesarias.

¿Y Estados Unidos? Siguen, muchas veces con los ojos cerrados. Desde hace décadas, la política estadounidense en Oriente Medio está profundamente influida por un lobby político-religioso donde se cruzan el sionismo político y el mesianismo evangélico. Resultado: Washington se ve arrastrado a un enfrentamiento regional cuyas raíces no son solo estratégicas, sino también teológicas.

Así se dibuja un panorama inquietante: una guerra contra Irán presentada como una necesidad de seguridad, pero de la que algunos actores hablan abiertamente como un preludio escatológico. Dicho de otro modo, la estabilidad de Oriente Medio podría depender de dirigentes que se ven a sí mismos como personajes de un guion bíblico.

Y quizás ahí resida el verdadero problema. Cuando la geopolítica se transforma en cruzada mesiánica, la racionalidad desaparece. Los compromisos se vuelven imposibles, la diplomacia inútil y cada bomba puede ser justificada como una etapa hacia la "redención".

En este contexto, la pregunta ya no es solo si Netanyahu dirige una guerra contra Irán.

La verdadera pregunta es mucho más inquietante: ¿hasta dónde están dispuestos a llegar algunos dirigentes para forzar la historia a parecerse a sus profecías?


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