La P2 internacional de Epstein: la red del financista como laboratorio de inteligencia
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Andrea Muratore
El caso de los archivos de Jeffrey Epstein está generando muchas discusiones: desde la revelación de una red mundial de tráfico de seres humanos, abusos sexuales y extorsiones del financista muerto en un presunto suicidio en 2019, durante su detención en el Metropolitan Correction Center de Nueva York, hasta fenómenos politológicos interesantes que merecen ser abordados independientemente de su relevancia penal. En particular, es importante destacar el papel fundamental de la red del financista, condenado por abusos sexuales y acoso con fines políticos, y cómo funcionó como laboratorio de inteligencia capaz de conectar diferentes mundos y sistemas de poder.
La red de poder de Epstein
Se ha hablado de una “red mundial” de Epstein, pero esa afirmación es al menos exagerada. El financista gestionaba una red de contactos que, en esencia, abarcaba el mundo financiero y empresarial estadounidense y anglosajón, las esferas aristocráticas de Londres, Noruega (cuya familia real está relacionada con la británica), Israel y, en parte, Rusia y el Golfo Pérsico, con presencia limitada en Europa continental, prácticamente nula en Asia, África y América Latina.
El sistema Epstein se parecía a un laboratorio de inteligencia o a un sistema para-masónico, y en ese sentido, era una estructura jerárquica de múltiples niveles. Lo que causó mayor escándalo e indignación fue la revelación del network de tráfico de seres humanos (que, por desgracia, sí, estaba globalizado), además de los abusos y violencias que a menudo afectaban a figuras prominentes de la élite global.
La estructuración de esta red y la impunidad que Epstein disfrutó durante años, a pesar de denuncias y condenas en tribunales por delitos similares, parecen ser las principales manifestaciones de una capacidad de gestionar el poder que se expresó en varias direcciones y que tomó mucho del legado de Robert Maxwell, político y editor, padre de Ghislaine, pareja de Epstein y gestora del tráfico internacional en la isla de Little Saint James, y, sobre todo, un importante agente encubierto para Israel en el Reino Unido a finales del siglo XX.
Como señaló Emanuel Pietrobon en diálogo con Mow, Maxwell aseguró “el paso de información secreta sobre la familia real, compromisos, identificación de topo – fue precisamente Robert quien identificó a Mordechai Vanunu como la fuente de las revelaciones a la prensa occidental sobre armas nucleares en Israel”. Para el analista geopolítico, “quizás porque intentó hacer un juego doble con MI6 y KGB, o quizás porque intentó chantajear a sus jefes, Robert murió en 1991 por ahogamiento” y, en cierto modo, una década después, Epstein, al encontrarse con su hija, heredó en gran medida su red y su capacidad de influencia.
Epstein y el mundo de en medio
Epstein, en realidad, era más un facilitador que un gran estratega; su sistema era un “mundo de en medio” donde se cometían crímenes, pero también se facilitaban indudablemente contactos políticos. Además, fue un refugio de espías, favores e intercambios de intereses. Una red que intentaba expandirse hacia Rusia, aunque a menudo encontraba muros levantados, y que en materia de inteligencia no actuaba solo mediante las “trampas de miel” sexuales, sino también como puente para contactos estratégicos.
La red de Epstein servía o aceleraba intereses públicos y políticos de grupos específicos, amigos cercanos, políticos y empresarios. Existe evidencia de que, por ejemplo, a través de Epstein se facilitó el acercamiento entre Israel y el mundo árabe, especialmente los Emiratos Árabes Unidos; se crearon oportunidades en el Estado de Israel para empresas estratégicas como Palantir y financieros como Peter Thiel; y, en los meses previos al estallido del caos en Ucrania en 2014, un sector muy concreto de financieros y figuras de élite anglosajonas intentó explorar si era posible un espacio de diálogo económico con Rusia aprovechando los enlaces de Epstein con Noruega.
Las comparaciones con la P2
Un ejemplo muy claro para los lectores italianos puede ser el famoso caso de la logia masónica P2, un aparato con una penetración política formidable y, sobre todo, una red de influencia oculta que unió a sectores importantes del poder nacional desde los años sesenta y setenta. Como Licio Gelli con la P2, Epstein era el motor y coordinador de la red, pero no su dueño absoluto; los que participaban en ella lo hacían con diferentes grados de interés.
En ambos casos, había quienes compartían el objetivo más oscuro y oculto (la participación en la red de la isla en el caso de Epstein, la subversión del sistema democrático en el italiano), quienes conocían componentes criminológicos relevantes del sistema pero no participaban directamente, y quienes solo estaban interesados en el perfil relacional, informativo y privado de la red, sin conocer o ignorando la segunda y tercera capa. Paralelamente, la ramificación internacional: Gelli había establecido vínculos con los órganos más conservadores de la OTAN, con las dictaduras latinoamericanas de los años ochenta y con los regímenes europeos de Grecia y Portugal, para buscar apoyo, mientras que Epstein navegaba en el perímetro que hemos mencionado.
Epstein y Calvi, destinos cruzados
Lo que une ambos casos, en los archivos de Epstein, aparecen tres referencias a un caso completamente italiano y vinculado a la logia de Gelli: el misterioso fin de Roberto Calvi, un importante banquero italiano cercano a la P2 y presidente del Banco Ambrosiano, cuyo colapso entre 1980 y 1981 estuvo a punto de hundir toda la finanza italiana. Calvi, ya conocido como el “Banquero de Dios” por sus vínculos con el Instituto para las Obras de Religión (Ior) vaticano, fue encontrado muerto en Londres el 18 de junio de 1982, colgado del Ponte dei Frati Neri. Una muerte que suscita enormes dudas. Y, al igual que el supuesto suicidio por ahorcamiento de Epstein en 2019, muchos detalles permanecen poco claros.
Epstein y el caso P2: laboratorios de inteligencia con conexiones internacionales, sistemas de poder que servían redes profundas, y, sobre todo, cámaras de compensación donde se ocultaban planes subversivos (para Gelli) o profundamente criminales (para Epstein). Conectados por un muro infranqueable de silencio y conspiraciones. Inevitablemente, estos secretos acabarán por romperse en las sociedades democráticas, pero las grietas de hechos como estos permanecen evidentes.
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