La larga guerra europea en Ucrania

 

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Guerra por delegación, dependencia estadounidense y una huida hacia adelante en la conscripción

Cuando Europa prolonga la guerra porque no puede soportar la paz.

Es hora de romper las ficciones. La guerra en Ucrania no es el duelo romántico de una nación atacada contra un vecino brutal. Es una guerra por delegación, llevada a cabo por élites europeas que están respaldadas por la potencia estadounidense, sin una base industrial propia, sin autonomía energética y sin un consentimiento popular duradero. Una guerra sucia, no por sus soldados — que pagan el precio — sino por sus razones profundas.

I. ¿Quién lucha realmente?

En el campo de batalla, Ucrania soporta las pérdidas.

En el aire, en el espacio y en inteligencia, Estados Unidos tienen la clave.

Satélites, ISR, objetivos, logística, sistemas de armas, mantenimiento, formación: sin la sombra de Washington, Kiev habría sido abrumada. En realidad, Rusia no lucha tanto contra Ucrania, sino contra la OTAN en Ucrania, y la OTAN solo opera porque es estadounidense.

Esta realidad es conocida en las cancillerías. Se la disfraza deliberadamente para mantener la ilusión de una Europa estratégica.

II. La mentira sobre Rusia

Para justificar la prolongación del conflicto, los líderes europeos minimizaron las ganancias rusas e ignoraron la guerra de desgaste. Pero la guerra de desgaste es precisamente el método: artillería, profundidad, drones, desgaste. Ha sangrado al ejército ucraniano.

De ahí la otra mentira: prometer una “victoria” con horizonte indefinido, mientras se prepara a la opinión pública para la conscripción.

III. La conscripción como cortina de humo

Cuando la industria falla, se moviliza a la población.

Cuando falta energía, se invoca la moral.

La propaganda a favor de la conscripción se ha banalizado en la UE y en el Reino Unido. Se explica a los ciudadanos que deben comprometerse. El ejemplo finlandés se presenta como modelo — con el argumento de Alexander Stubb: una sociedad dispuesta a movilizarse masivamente.

Pero el argumento es frágil. Finlandia también depende de sistemas, personal e inteligencia estadounidenses. Y la hipótesis implícita — que otras naciones europeas seguirán — no se sostiene.

IV. Europa sin nervios

Una guerra larga requiere tres nervios: industria, energía y consentimiento.

Europa ha cortado los tres:

Industria: deslocalizada, fragmentada y con capacidad insuficiente para una guerra de varios años.

Energía: arruinada en nombre del clima y encarecida por las sanciones.

Consentimiento: inexistente. Los ciudadanos no quieren morir por gobiernos que los han despreciado y, a veces, reemplazado simbólicamente.

El resultado: la recluta es difícil, a menudo imposible. La propia Ucrania ofrece prueba de ello: reclutamiento forzado, videos de arrestos, desertores masivos. Millones de hombres han huido, conscientes de la deterioración por drones y de la probabilidad de morir “en vano”.

V. La protección estadounidense como anestesia

Desde hace décadas, Europa vive segura en la sombra. Los presupuestos sociales prosperan porque la disuasión es estadounidense. La OTAN en realidad se basa en los gastos de Washington. Esta dependencia ha generado irresponsabilidad estratégica.

Y peor aún: justo cuando Europa exige más protección, reprime la libertad de expresión y criminaliza opiniones — hasta colisionar ideológicamente con la administración estadounidense actual. Aliados militares, adversarios normativos: la situación es inestable.

VI. ¿Forzar a Washington mediante escaladas?

¿por qué desplegar tropas? Circula una esperanza no confesada: obligar a Estados Unidos a enviar fuerzas terrestres. Es la jugada más peligrosa. Pone a la OTAN al borde de la ruptura y a Europa en la cruda realidad de su dependencia.

El otro palanca — el Ártico y Groenlandia — revela la lógica: si Washington bloquea los puntos vitales, la alianza se reconfigura sin votación ni cumbres.

VII. El pueblo, la variable olvidada

Las encuestas muestran un cansancio masivo y un deseo creciente de una resolución rápida. La guerra se ha vuelto impopular porque es opaca, larga y sin horizonte. Continuar contra la voluntad de los pueblos es convertir la “defensa de los valores” en gobernanza por la fuerza.

Conclusión — La dura verdad

Esta guerra es “sucia” porque sustituye la moral por la realidad, la conscripción por la industria, la indignación por la estrategia. Europa libra una guerra que no puede sostener sola, esperando que América siga siendo, indefinidamente, la garante última.

Pero la época cambia. Y cuando el poder exige cuentas, las historias se derrumban.

Una guerra sin industria, sin energía y sin pueblo no es una estrategia. Es una huida hacia adelante.

Mientras se niegue esta verdad, la guerra continuará — por delegación, a costa de la VIDA de otros.


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