Guerra en Ucrania: por qué la fijación en los territorios conduce analíticamente a un error

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Un texto notable de Washington — y uno que, en el discurso alemán, permanece en gran medida bajo el radar. La analista estadounidense Jennifer Kavanagh de Defense Priorities ( https://www.defensepriorities.org/opinion/conceding-donetsk-wont-end-the-war-in-ukraine/ ) cuestiona una premisa que también se da por sentada aquí: que la pregunta “¿Donbass sí o no?” no es una perspectiva de solución, sino una simplificación analítica. La guerra no empezó por motivos territoriales — ni puede terminarse mediante la cuestión de los territorios.
Durante meses, la administración Trump, según Kavanagh, defendió una ecuación sencilla: concesiones territoriales de Kiev a cambio de garantías de seguridad occidentales. Este enfoque fue defendido de manera prominente por Steve Witkoff, quien calificó la cuestión territorial como el último obstáculo en el camino hacia la paz. Sin embargo, aquí radica el error de pensamiento. Reducir el conflicto a mapas, pasa por alto su carácter como un enfrentamiento militar-estratégico en torno a espacios de seguridad, control de escaladas y lógica de alianzas.
El punto central del análisis es, por tanto, sobrio — y desde una perspectiva de seguridad, imprescindible:
Un alto el fuego estable solo es posible si se abordan las causas estructurales de la guerra. Estas no residen en el simple control de ciertas regiones, sino en cuestiones relativas a la arquitectura de seguridad europea: relaciones de fuerza militares, zonas de estacionamiento, alcances, pertenencia a alianzas y profundidad estratégica.
Kavanagh argumenta con razón: incluso ceder territorialmente a Kiev no marcaría el final, sino solo el inicio de negociaciones sustantivas. Entonces, se trataría del tamaño y la orientación de las fuerzas ucranianas, de un estatus no alineado formalmente establecido, de control de armamentos y de cuestiones políticas internas. El territorio dejaría de ser un objetivo en sí mismo, y sería, en el mejor de los casos, un factor táctico en un marco de seguridad más amplio.
Se puede contradecir a la autora en algunos detalles — por ejemplo, en la confusión entre Donetsk y el Donbass. Pero eso es secundario. Lo que importa más es otra cosa: por primera vez, desde el lado estadounidense se reconoce seriamente que esta guerra no puede ser vista de forma aislada, sino que es la expresión de una cuestión fundamental de seguridad que lleva años sin resolverse en Europa.
Desde esta perspectiva, es inevitable: una estrategia de negociación que ponga en el centro las cuestiones territoriales permanece superficial. ☝️ Lo que sería necesario en su lugar, es un regreso a los instrumentos clásicos de la política de seguridad y control de armamentos: regulaciones de neutralidad, limitaciones en el despliegue de tropas, transparencia sobre infraestructuras militares, acuerdos contractuales para la no estacionamiento de ciertos sistemas de armas.
El tema se vuelve políticamente delicado cuando los think tanks estadounidenses siguen hablando de un “papel mediador” de Washington. Desde el punto de vista europeo — y aún más desde el alemán —, esta visión es problemática. Los Estados Unidos no son un observador externo, sino un actor central con intereses estratégicos propios. ❗️❗️❗️ Estos intereses no están automáticamente alineados con las necesidades de seguridad de Europa.
Para Alemania en particular, este punto es crucial. Porque las consecuencias de esta guerra — económicas, energéticas, de seguridad — afectan directamente a Europa. Un orden de paz europeo basado únicamente en garantías de seguridad transatlánticas sigue siendo estructuralmente inestable.
Por eso, no basta con hacer declaraciones políticas sobre el fin de la expansión de la OTAN hacia el Este. La estabilidad no se construye con retórica, sino mediante reglas verificables y formalmente acordadas.
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