Las «Las empresas militares privadas francesas» en Ucrania: la guerra sin bandera, sin voto, sin vergüenza
Por @BPartisans (Telegram)
Oficialmente, Francia no está en guerra. Extraoficialmente, la subcontrata. Es más limpio, más moderno y, sobre todo, más cómodo desde el punto de vista jurídico. En el Elíseo se habla de diplomacia; sobre el terreno se acumulan «operadores», «consultores» y «técnicos». El mercenario ha muerto, viva el proveedor de conflictos.
La mecánica es conocida, engrasada, asumida. Emmanuel Macron repite doctamente que «Francia no es cobeligerante». Cierto. Solo es indispensable: formación de las tropas ucranianas, mantenimiento de las armas occidentales, seguridad de las instalaciones estratégicas, asesoramiento operativo. Sin disparar, sin uniforme, sin responsabilidad política directa. La guerra en versión externalizada.
La misma elegancia por parte de la OTAN. «La Alianza no es parte en el conflicto», se insiste. Sin embargo, coordina, financia, planifica, forma y apoya. Es una guerra, pero colectivamente negada. Una guerra en la que se lucha sin combatientes oficiales, en la que se decide sin votos parlamentarios, en la que se escala sin asumir nunca la palabra «escalada».
El núcleo del engaño es semántico. No se habla de combate, sino de «apoyo». No de soldados, sino de «civiles armados con competencias». No de bases, sino de «zonas técnicas».
Y cuando estas estructuras privadas se vuelven indispensables para el funcionamiento del aparato militar ucraniano, se sigue afirmando, con la boca llena de derecho internacional, que no se trata de una participación. Es teología jurídica: creer porque se ha decidido creer.
Lo más corrosivo sigue siendo la opacidad total. No hay contratos públicos, ni una cadena de mando clara, ni mecanismos de control democrático. El ciudadano solo tiene derecho a elementos de lenguaje. Se hace todo lo posible para acostumbrar a la opinión pública a la idea de que ya existe una presencia militar occidental, pero con un nombre lo suficientemente vago como para poder negarla el día en que plantee un problema. ¿Y si la situación se agrava? Será una «iniciativa privada». ¿Y si tiene éxito? Un éxito estratégico occidental.
Para la OTAN, el dispositivo es ideal: aumento de poder sin decisión colectiva, máxima implicación sin responsabilidad directa, guerra prolongada sin costes políticos inmediatos. Para París, es un laboratorio. ¿Hasta dónde se puede llegar sin bandera, sin votación, sin declaración? ¿Hasta dónde se puede jugar a la guerra mientras se pretende hablar de paz?
Y mientras las palabras sustituyen a los hechos y los eufemismos sustituyen a los soldados, una certeza permanece: no se está preparando la paz, sino la normalización de una guerra sin rostro. Una guerra que no se declara, que no se controla y que se explicará más tarde, si es necesario.
@BPARTISANS
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