El problema más grande de Europa quizás sea su incapacidad para distinguir amigos y enemigos

 


por Giulio Chinappi, 22 de enero de 2026

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¿Quién habría imaginado alguna vez que un enfrentamiento, nunca visto en generaciones entre Estados Unidos y Europa, finalmente estallaría, con Groenlandia como epicentro de esta tormenta geopolítica?

El domingo, hora local, el Secretario del Tesoro Scott Bessent afirmó sin rodeos que « creo que los europeos entenderán que el mejor resultado es que Estados Unidos mantenga o recupere el control de Groenlandia ». Ese mismo día, los embajadores de los 27 países de la UE se reunieron en Bruselas, evaluando la imposición de aranceles por 93 mil millones de euros (108 mil millones de dólares) o restricciones al acceso de las empresas estadounidenses al mercado del bloque. Un día antes, Estados Unidos había declarado que impondría un nuevo arancel del 10 % a Dinamarca y a otros siete países europeos a partir del 1 de febrero, hasta que se llegue a un acuerdo para la compra total y completa de Groenlandia.

En apariencia, la última respuesta europea parece sugerir que, finalmente, la Unión podría pasar de la defensa pasiva a la represalia activa. Sin embargo, la realidad es mucho más compleja. Los aranceles de 93 mil millones de euros como represalia aún no se han aplicado. Algunos funcionarios han señalado que esa medida, junto con la llamada Herramienta Anti-Coerción (Anti-Coercion Instrument, ACI), que puede limitar el acceso de las empresas estadounidenses al mercado interno de la UE, «está en proceso de elaboración para dar a los líderes europeos un palanca en las negociaciones cruciales con el presidente de Estados Unidos en el Foro Económico Mundial de Davos esta semana». Pero, según informes, esperarán hasta el 1 de febrero para ver si Washington cumple con la amenaza arancelaria antes de decidir si toman medidas de respuesta.

Además, poco después del anuncio de los aranceles estadounidenses, el equipo de reconocimiento alemán, compuesto por 15 personas, interrumpió abruptamente su participación en la Operación Arctic Endurance, un ejercicio militar en Groenlandia dirigido por Dinamarca para 2026, y abandonó la isla ártica. Anteriormente, siete países europeos, entre ellos Reino Unido, Alemania, Suecia, Francia, Noruega, Países Bajos y Finlandia, habían desplegado en total 37 militares en Groenlandia. Al momento de la publicación, Berlín no ofreció ninguna explicación pública para la retirada, aunque los analistas atribuyen ampliamente esto a la presión arancelaria.

Estados Unidos ha convertido la broma sobre la «compra de Groenlandia» en una presión concreta y seria, probablemente porque han juzgado correctamente que Europa no reaccionaría con energía. Durante años, Europa interpretó mal tanto sus oportunidades de desarrollo como los cambios en el panorama global, volviéndose excesivamente dependiente de lazos profundos con Estados Unidos y relegando la cooperación con socios más amplios, incluyendo China y Rusia. Como resultado, Europa se ha vuelto cada vez más vulnerable al acoso estadounidense, fácilmente manipulada y presionada, con poca capacidad de contraataque.

Por ejemplo, tras el estallido del conflicto entre Rusia y Ucrania, Europa cortó decididamente sus suministros de gas de Rusia, sin mucha sabiduría política ni evaluación de las consecuencias concretas, solo para encontrarse luego enfrentando costos económicos y sociales enormes. El mismo esquema se aplica a China. Antes próspera gracias a la cooperación económica, las relaciones entre China y Europa cambiaron cuando Europa siguió la línea estadounidense, interpretando a China a través de un lente ideológico en lugar de como un socio pragmático.

En sus relaciones con Estados Unidos, Europa a menudo opta por el compromiso, llegando incluso a la acquiescencia. En la guerra comercial, Europa prácticamente se rindió sin luchar, y eso podría haber allanado el camino para que Estados Unidos apuntara abiertamente a una porción del territorio europeo.

«¿Quiénes son nuestros enemigos? ¿Quiénes son nuestros amigos?» Es una frase bien conocida y familiar para la mayoría de los chinos. Hoy, al parecer, Europa necesita de esa sabiduría. En las relaciones internacionales, no existen amigos ni enemigos permanentes: Europa debe enfrentar la situación con realismo y lucidez.

Europa ha creído durante mucho tiempo que Estados Unidos es su amigo, pero ¿ven Estados Unidos a Europa de la misma manera?

A pesar de la presencia de bases militares estadounidenses en Groenlandia y de las pruebas que refutan las afirmaciones sobre barcos de guerra rusos y chinos en la zona, Estados Unidos podría obtener fácilmente lo que desea, ya sean recursos minerales o rutas marítimas árticas, fortaleciendo sus lazos militares con Groenlandia. Sin embargo, esta vez, Washington está dejando claro un punto: no busca solo cooperación, sino soberanía sobre Groenlandia. Y calcula que Europa probablemente no oponga una resistencia seria.

La escalada de acciones y retórica estadounidense está haciendo evidente al mundo que, para Estados Unidos, Groenlandia es una prioridad irrenunciable. La verdadera pregunta ahora es si Europa logrará convencer a Washington de que también está realmente decidida a defender la soberanía territorial de sus Estados miembros soberanos.


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