El conflicto geopolítico trata de tres visiones del mundo, no de dos

Por Riccardo Paccosi
Todos los elementos que están configurando actualmente un escenario de guerra o, en todo caso, de tensión creciente entre Estados Unidos y el eje ruso-chino, están en marcha.
Llegamos a esto tras una fase en la que, después de la cumbre de Anchorage, el mundo entero había vislumbrado y esperado un posible proceso de pacificación (con la excepción de los líderes europeos, que en cambio temían la paz más que cualquier otra cosa).
Por lo tanto, se cometieron errores de evaluación que, en mi opinión, radican en la tendencia, arraigada en las últimas décadas, a interpretar el mundo en términos de polarización dualista.
Dicha tendencia ha llevado a muchos a convencerse de que, dado la guerra que Trump lanzó contra el globalismo (y que ayer fue confirmada con el anuncio de que Estados Unidos se retiraba de 66 organizaciones intergubernamentales destinadas a promover la agenda verde y/o LGBT), esta presidencia estadounidense encarnaba una visión del mundo de signo opuesto, es decir, una visión del mundo soberanista y multipolar.
Yo mismo, aunque con muchas precauciones y reservas, durante un tiempo di crédito parcial a esa teoría.
El desarrollo de los acontecimientos internacionales, lamentablemente, ha demostrado que se trataba precisamente de una simplificación dualista. Esto porque, muy sencillamente, rechazar el globalismo no conduce automáticamente a apoyar una causa multipolar: tal automatismo nunca ha existido ni en la práctica ni filosóficamente.
La visión trumpista sí que es una alternativa al globalismo, pero esa alternativa no consiste en soberanismo o multipolaridad, sino que expresa otro tipo de visión que podríamos definir como supremacismo nacionalista.
En primer lugar, en la narrativa trumpista y en los actos concretos que de ella se derivan, no se puede encontrar ningún principio soberanista universal que involucre a todas las naciones; al contrario, existe una declaración nacionalista sobre la excepcionalidad estadounidense (que corresponde a una narrativa equivalente de supremacismo nacional por parte de Israel).
En segundo lugar, así como Trump combate el globalismo porque lo considera un orden opresor y asfixiante de esa misma excepcionalidad estadounidense, también el proyecto multipolar ruso-chino es atacado militarmente en sus centros vitales y estratégicos (ver Venezuela e Irán): todo esto con el fin de reducir el papel que China y Rusia desempeñan hoy como actores globales y de materializar un mundo que, sí, a diferencia de lo que desean los globalistas, todavía está dividido en naciones, pero en el que todas ellas están sometidas a la dominación unipolar de Estados Unidos.
Todo esto para decir que, a nivel geopolítico, pero también en cualquier otro nivel de análisis, la costumbre de leer en términos polarizados/dualistas puede llevar a cometer errores graves, como en este caso, al ver en acción solo dos visiones del mundo en lugar de tres. Por ello, esa costumbre debe abandonarse lo antes posible.
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