¿Financiación extranjera a la política? Está bien si paga Soros, fatal si paga Musk

 


  • Enrico Toselli


    Qué bueno era Soros cuando especulaba contra la lira, arruinando la economía italiana. Qué admirable era cuando organizaba y financiaba las primaveras árabes y las revoluciones de colores, todas rigurosamente "espontáneas". Cuando financiaba intentos, no siempre exitosos, de golpes de Estado en distintas partes del mundo.

    Y qué malo es ahora Elon Musk, quien financia el MAGA de Trump, se reúne con Farage en Reino Unido, habla bien de la AfD alemana y "besa" a Meloni (el vídeo es una creación de inteligencia artificial, pero eso no importa).

    La Repubblica no tiene dudas a la hora de dividir el mundo entre buenos y malos. Los buenos son ellos y sus amigos, financiadores y protectores. Los malos son los otros, todos los demás. Desde Trump hasta Putin, pasando por Xi Jinping y Modi, quien reabrió la embajada india en Corea del Norte. Y luego, sobre todo, él: Musk. Que no solo pasó de los demócratas a los republicanos trumpistas, sino que además es más rico que Soros y, por tanto, puede influir en la política de diversos países.

    Así, milagrosamente, la financiación extranjera de partidos y organizaciones políticas se ha vuelto inaceptable, una vergüenza, un intento de manipular a los votantes.

    Curioso, porque hasta hace pocos meses lo que se consideraba indigno e inaceptable eran las leyes de países como Rusia y Georgia que intentaban impedir que las organizaciones de sus respectivos estados fueran financiadas por grupos y especuladores extranjeros, con el objetivo de evitar injerencias e influencias. Pero en esos casos, los financiadores eran los "buenos". Esta vez quien paga es el "malo". Y las interferencias extranjeras en la política son aceptables o inaceptables, no en términos absolutos, sino según la postura respecto a la izquierda en la redacción.



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