Rusia y Europa presos de una nueva Yalta.
Es significativo que los chinos y los estadounidenses se hayan reunido en Roma para buscar una salida a la agresión de Ucrania.
No sólo es que la acción de Putin haya conseguido sacar a la UE de la mesa, sino también que los propios rusos son considerados subordinados y por tanto no auténticos sujetos de la crisis y las negociaciones. Esto nunca había sucedido en los días de la URSS.
De hecho, se puede maniobrar con Putin tanto desde Washington como desde Pekín y desde allí se busca la solución.
Los estadounidenses, mucho más que los chinos, esperan que antes del acuerdo Rusia devore la mayor cantidad posible de Ucrania, de modo que esos remiendos imprescindibles para el continente boreal que menciona Jean-Marie Le Pen se tornen realmente difíciles.
China, por otro lado, tiene interés en lo contrario.
El Yalta estadounidense, sin embargo, persigue métodos del pasado. La ambición de crear un doble contraste (Rusia-UE y China-Quad) es excesiva y no tiene en cuenta las reticencias de todos los actores implicados (Francia y Alemania por aquí, Japón, India e incluso Australia por allá) a la lógica del bipolarismo tendido.
Es más, si Yalta menor puede contar con la lógica primitiva de Rusia, Yalta mayor tiene que ver con la inteligencia superior de los chinos y su capacidad para llevar a cabo lo que llaman “política a dos manos”: con una preparo el puño y con la otra estoy de acuerdo contigo. Esta es la única posibilidad de actuar en un mundo entrelazado en el que cada jugador se encuentra en contraste con otros jugadores en un escenario y de acuerdo con ellos, pero en contraste con aquellos con quienes hace negocios en otro lugar.
Todos los jugadores han adquirido esta habilidad, excepto los rusos. Pero nadie lo ha madurado tanto como los chinos.
El Yalta ruso es crudo, al alcance de los cerebros de la redes sociales.
Hablamos de un semicontinente rico en materias primas que basa su riqueza en la exportación de las mismas y relega la capacidad política a la fuerza muscular.
La segunda potencia militar del mundo ostenta el PIB de España y nunca ha sido capaz de explotar sus influencias políticas. Angola, por ejemplo, ha estado bajo la influencia de Moscú desde la década de 1970. Los rusos aún no han podido invertir en una nación tan rica en materias primas y oportunidades: en su lugar, los chinos y los europeos lo han hech
Con esta inteligencia brutal, el Kremlin voló la mesa en febrero, no solo traicionando a sus socios europeos sino abandonando cualquier sutileza por incapacidad real.
El intento de Putin es utilizar esta Yalta menor contra Europa para subir la escalera en la Yalta mayor. Para ello ha desempolvado el antifascismo y el internacionalismo tercermundista expresado en la oferta al mundo no occidental de crear un bloque único. Para apoyar propagandísticamente su papel, inventó a los voluntarios de Oriente Medio y África. Pero Pekín no morderá, y mucho menos Nueva Delhi.
China tiene el balón en la mano.
Xi anunció su doctrina de búsqueda de la primacía mundial, en una “nueva era” que, ojo, no quiere ser antiglobalista sino globalista de otra manera, con otros líderes y regulaciones. No se trata de detener la "globalización" (usamos el término aunque sea impropio), porque eso requeriría un colapso energético y tecnológico colosal, capaz de retrotraernos por lo menos mil seiscientos años. El mundo de las "soberanías" reside sólo en los cerebros primitivos de los adolescentes marchitos por la edad: el planeta hoy está interconectado y aún en la multipolaridad no estará separado por compartimentos estancos, lo importante es garantizar la multiculturalidad y por tanto, en la medida en que se refiere, el papel de Europa.
¿Será por tanto un alterglobalismo occidentalizado, de tercer mundo, chino o múltiple?
Putin, a pesar de las advertencias de los intelectuales del Kremlin se ha entregado en brazos chinos y al mismo tiempo ha elegido la vieja lógica de acuerdo con los estadounidenses, con lo cual ya se ha colocado como lugarteniente del presidente chino y a la larga, si no le paran, transformará Rusia en la provincia más amplia de Pekín.
Sin embargo, Pekín no tiene ningún interés en que la tensión en Europa se vuelva insostenible.
El verdadero nudo estratégico está en el Pacífico, no solo en Taiwán sino en el Estrecho de Malaca.
El juego está en el Quad (alianza cuatripartita del Pacífico en clave antichina). El Pentágono encuentra dificultades en su estrategia del Indo-Pacífico por la resistencia interna de varias multinacionales estadounidenses y allí también Trump se había visto acorralado por una acción diplomática conjunta entre Alemania y Japón que involucraba a la India. Esta último, que nos había advertido de la invasión de Ucrania al definirla como un acuerdo entre Biden y Putin, también había vaticinado que se le iría de las manos al segundo entregándolo irremediablemente a los chinos, presiona por la pacificación porque espera que los rusos no se aplasten en Pekín. Ídem Berlín.
China debe, por tanto, tener éxito en la empresa de someter definitivamente a Moscú, pero dando de nuevo espacio a la Unión Europea y creando aquellas condiciones para las que Japón e India no se alinean definitivamente con Washington.
Probablemente apoyará públicamente las razones de Moscú aun sabiendo que son discutibles y probablemente también le suministre armas, pero obligándola a sentarse a la mesa de negociaciones. Con poco botín preferiblemente.
Moraleja: el "jugador de ajedrez" ha logrado hasta ahora fortalecer la OTAN en Europa, consolidar el partido inglés que a su vez incendia los corazones en el Este, ha entregado su país a China, que se ha convertido en el principal líder mundial, permitió que Turquía adelantara a sus peones, se empantanó con los tanques en Ucrania y no está claro qué futuro se le podría perfilar a Rusia. Existe el riesgo de que, para salir del camino, la oligarquía local cambie su Jefe.
Nadie pierde más que él, excepto el pueblo ucranio, por supuesto, cínicamente sacrificado por todos pero que, con su heroica resistencia y su compacta lucha de los pueblos, está ganando su guerra más

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