Behemot contra Leviatán: la liturgia antiliberal de Aleksandr Duguin



Markku Siira

https://geopolarium.com/2025/10/14/behemot-vastaan-leviathan-aleksandr-duginin-antiliberaali-liturgia/

La filosofía política de Aleksandr Duguin intenta responder a la crisis del mundo moderno desde una perspectiva rusa, buscando una alternativa a la era dominada por la hegemonía occidental. Sin embargo, las raíces del pensamiento de Duguin se encuentran en pensadores europeos como Julius Evola y René Guénon, así como Carl Schmitt y Martin Heidegger. Esta combinación muestra que su ideología no se limita al pensamiento ruso, sino que es una mezcla compleja de esoterismo y de filosofía política y existencial, con la que desafía los valores predominantes.

En el vacío espiritual e ideológico tras la caída de la Unión Soviética, Duguin vio el liberalismo occidental penetrar en Rusia como una fuerza materialista y sin alma, que amenazaba los valores tradicionales y la identidad nacional. A partir de esta experiencia, se propuso restaurar la vocación histórica y civilizacional de Rusia. Duguin comenzó a formular la ‘cuarta teoría política’, que rechaza el liberalismo, el comunismo y el fascismo como modelos sociales fracasados.

La cuarta teoría política no solo critica el pasado, sino que ofrece una visión de un mundo multipolar, en el que las civilizaciones pueden conservar su singularidad. Según Duguin, la crisis de nuestro tiempo se debe a la incapacidad de respetar las diferencias culturales e históricas, que él ve como víctimas del efecto igualador del liberalismo global. El núcleo de su filosofía es la idea de Rusia como potencia geopolítica y espiritual, que lidera la resistencia contra el universalismo occidental.

Como doctrina geopolítica, Duguin desarrolló una versión moderna del eurasianismo de los emigrados rusos, que tiene como objetivo la creación de un ‘imperio euroasiático’. Este proyecto pretende desafiar el orden mundial occidental dominado por Estados Unidos, creando un sistema multipolar que enfatice los valores tradicionales y la diversidad cultural. En la ambiciosa visión de Duguin, el imperio uniría a los pueblos de Eurasia bajo el liderazgo ruso, formando una esfera de influencia significativa que rechace el liberalismo occidental y los efectos de la globalización.

En los últimos años, Duguin ha difundido esta visión a nivel global. Se ha convertido en un creador de contenidos activo en las redes sociales, alcanzando a una audiencia internacional con sus publicaciones. Duguin ha prestado especial atención a Donald Trump, a quien considera un retador de la hegemonía globalista occidental, esperando que la América de Trump se acerque a la Rusia de Putin. Sin embargo, este sueño es ingenuo, ya que la política de Trump estaba orientada a reforzar el poder unilateral de Estados Unidos, lo que es contrario al ideal de un mundo multipolar.

El bloguero estadounidense S.C. Hickman examina la filosofía de Duguin desde una perspectiva schmittiana, a través de las figuras metafísicas de Behemoth y Leviatán, no solo como fuerzas políticas, sino como potencias ontológicas profundas cuyo combate da forma al mundo contemporáneo. Este enfrentamiento refleja la transformación del orden global, donde la tradición y la tecnología compiten por la hegemonía.

Behemot representa el principio de la ‘tierra’, que une la sacralidad del territorio, el carácter litúrgico del tiempo y la vocación civilizadora de la política. Behemot habla “ruso, griego, persa y sánscrito”, lenguas que simbolizan profundas tradiciones históricas. La ciudadanía se define por la obediencia a la vocación civilizacional, y el Estado se transforma en un altar. La visión multipolar de Behemot es un “anillo de templos que los contables del Atlántico no pueden inspeccionar”, rebelión contra la cuantificación global.

Hickman enfatiza que la fuerza de Behemot reside en su capacidad de anclar la identidad en la tierra y la tradición. Este principio encarna la visión de Duguin sobre la autodeterminación de las civilizaciones, donde cada cultura conserva su esencia única en lugar de sucumbir a la homogeneización global. Behemot no solo defiende las raíces históricas, sino que las eleva a un estatus sagrado, haciendo de la nación portadora de un destino colectivo. En esta visión, la racionalidad tecnológica y económica moderna es reemplazada por un propósito mítico y espiritual, que rechaza la fe occidental en el progreso.

Por su parte, Leviatán representa, según Hickman, el principio del ‘mar’, que se ha transformado en una “fuerza global líquida”, muy alejada de la visión estatal original de Thomas Hobbes. Habla “inglés y C”, pasando de los idiomas nacionales al código universal de la economía y la tecnología global. Leviatán convierte el “océano mundial en una red y la red en un cerebro”, sustituyendo al Estado por algoritmos, la soberanía por acciones corporativas y la seguridad por planes de servicio.

La fuerza de Leviatán se manifiesta en su capacidad de fundir individuos y comunidades en un flujo digital homogéneo, donde las fronteras e identidades tradicionales se disuelven en la lógica del mercado y la tecnología. Este cambio convierte a Leviatán no solo en una fuerza económica, sino en una potencia ontológica dominante, que redefine la humanidad según los criterios de datos y eficiencia, dejando solo una “liturgia del código”.

Hickman percibe que, a pesar de sus diferencias, Behemot y Leviatán comparten su hostilidad hacia el Logos, el principio racional de la comprensión humana. Behemot lo entierra bajo la revelación y el misticismo; Leviatán lo fragmenta en paquetes de datos: uno exige respeto por el misterio, el otro obediencia a las métricas.

El resultado en ambos casos es el mismo: el papel del ciudadano queda reducido a la sumisión obediente o al consumo pasivo. Compiten por quién tomará el poder cuando el cuerpo del proyecto liberal aún no se ha enfriado. Hickman ve como alternativas sombrías la vida bajo la sombra de dos monstruos: la “autoridad sacerdotal-real” y el “poder de la máquina del capital”.

El análisis de Hickman revela la contradicción central de la filosofía de Duguin: aunque critica la crisis provocada por el liberalismo, tanto su eurasianismo como la cuarta teoría política conducen también a una forma propia de totalitarismo. El enfoque de Duguin es teológico: la vida moderna es herejía existencial, a la que opone liturgia, jerarquía y trascendencia.

Aunque el sistema de Duguin es incompleto, contradictorio y susceptible de interpretaciones autoritarias, ofrece una alternativa para quienes rechazan el liberalismo. Su filosofía no pretende tanto resolver los problemas políticos como cuestionar todo el fundamento del sistema actual. Este enfoque refleja la mutación del paradigma mundial de nuestro tiempo y el anhelo de orden que arde en su centro.




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